𝗖𝗼𝘀𝘁𝗮 𝗥𝗶𝗰𝗮 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗲𝗻 𝘂𝗻𝗮 𝗻𝘂𝗲𝘃𝗮 𝗳𝗮𝘀𝗲 𝗱𝗲 𝘃𝗶𝗴𝗶𝗹𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗲𝗽𝗶𝗱𝗲𝗺𝗶𝗼𝗹ó𝗴𝗶𝗰𝗮 𝗽𝗼𝗿 𝗱𝗲𝗻𝗴𝘂𝗲 𝗱𝗲𝘀𝗽𝘂é𝘀 𝗱𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗰𝗮𝘀𝗼𝘀 𝗻𝗼𝘁𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗮𝗹𝗰𝗮𝗻𝘇𝗮𝗿𝗮𝗻 𝗹𝗼𝘀 𝟮.𝟰𝟮𝟱 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝘀𝗲𝗺𝗮𝗻𝗮 𝗲𝗽𝗶𝗱𝗲𝗺𝗶𝗼𝗹ó𝗴𝗶𝗰𝗮 𝟮𝟵 𝗱𝗲 𝟮𝟬𝟮𝟲, 𝘂𝗻 𝟭𝟴 % 𝗽𝗼𝗿 𝗲𝗻𝗰𝗶𝗺𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝟭.𝟵𝟴𝟬 𝗿𝗲𝗴𝗶𝘀𝘁𝗿𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗽𝗲𝗿í𝗼𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝟮𝟬𝟮𝟱. 𝗗𝗲 𝗲𝘀𝗲 𝘁𝗼𝘁𝗮𝗹, 𝟰𝟰 𝗰𝗮𝘀𝗼𝘀 𝗳𝘂𝗲𝗿𝗼𝗻 𝗰𝗹𝗮𝘀𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗱𝗲𝗻𝗴𝘂𝗲 𝗰𝗼𝗻 𝘀𝗶𝗴𝗻𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗮𝗹𝗮𝗿𝗺𝗮, 𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗱𝗼𝘀 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝘀 𝗽𝗲𝗿𝗺𝗮𝗻𝗲𝗰í𝗮𝗻 𝗵𝗼𝘀𝗽𝗶𝘁𝗮𝗹𝗶𝘇𝗮𝗱𝗮𝘀. 𝗟𝗮 𝗿𝗲𝗴𝗶ó𝗻 𝗖𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮𝗹 𝗡𝗼𝗿𝘁𝗲 𝗮𝗰𝘂𝗺𝘂𝗹𝗮 𝗹𝗮 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿 𝗰𝗮𝗻𝘁𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲 𝗻𝗼𝘁𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀, 𝗽𝗲𝗿𝗼 𝗲𝗹 𝗣𝗮𝗰í𝗳𝗶𝗰𝗼 𝗖𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮𝗹 𝗽𝗿𝗲𝘀𝗲𝗻𝘁𝗮 𝗹𝗮 𝘁𝗮𝘀𝗮 𝗺á𝘀 𝗮𝗹𝘁𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗽𝗮í𝘀, 𝗰𝗼𝗻 𝟭𝟳𝟲,𝟴 𝗰𝗮𝘀𝗼𝘀 𝗽𝗼𝗿 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝟭𝟬𝟬.𝟬𝟬𝟬 𝗵𝗮𝗯𝗶𝘁𝗮𝗻𝘁𝗲𝘀.
La cifra merece atención no solo por el aumento interanual, sino porque muestra una trayectoria ascendente durante el propio 2026. El Ministerio de Salud había contabilizado 549 casos en la semana epidemiológica 6, 899 en la semana 17, 1.015 en la semana 19 y 1.192 en la semana 22. El salto hasta 2.425 casos en la semana 29 significa que el número acumulado prácticamente se duplicó en apenas siete semanas.
Ese comportamiento explica por qué las autoridades han reforzado las acciones de vigilancia y control vectorial. En diferentes territorios se están realizando fumigaciones, visitas domiciliarias, eliminación de criaderos y campañas de educación sanitaria, con especial atención a los lugares donde la transmisión aumenta. En Orotina, por ejemplo, el Ministerio de Salud informó que las intervenciones incluyeron fumigación casa por casa, equipos pesados, inspección de viviendas y recolección de residuos capaces de acumular agua.
Alajuela concentra la mayor cantidad de casos
La distribución territorial revela que el dengue no está afectando de manera uniforme al país. Alajuela encabeza los registros provinciales con 929 casos y una tasa de 85,8 por cada 100.000 habitantes. Le siguen Guanacaste, con 353 casos y una tasa de 84,6, y Puntarenas, con 336 y una tasa de 66.
También aparecen cifras relevantes en Limón, con 305 casos, y Heredia, con 162. En el extremo contrario, Cartago registra 49 casos y una tasa de 9,2 por cada 100.000 habitantes. La diferencia territorial es importante porque demuestra que las medidas de prevención no pueden aplicarse de manera idéntica en todo el país: las zonas con mayor incidencia requieren intervenciones mucho más intensivas.
En términos regionales, la Central Norte acumula 609 casos y constituye el mayor foco por número absoluto. Sin embargo, el indicador que permite comparar mejor territorios de diferente población es la tasa. Allí el Pacífico Central sobresale con 176,8 casos por cada 100.000 habitantes, seguido por Chorotega, con 76,9, y Huetar Caribe, con 66,6.
El dengue no es el único problema transmitido por el mismo mosquito
La situación adquiere una dimensión mayor porque Costa Rica también ha tenido que responder durante 2026 a la circulación de chikungunya, otra enfermedad transmitida principalmente por el mosquito Aedes aegypti.
En julio, el Ministerio de Salud declaró un brote activo de chikungunya en Playa Langosta, Guanacaste, y las autoridades estadounidenses emitieron una alerta sanitaria de nivel 2 para viajeros debido a la transmisión local. El brote fue especialmente relevante porque Costa Rica no registraba transmisión de esta enfermedad desde 2017.
Esto significa que las estrategias contra el mosquito tienen un efecto que va mucho más allá del dengue. Eliminar un criadero puede reducir simultáneamente el riesgo de dengue, chikungunya y zika, porque las tres enfermedades pueden compartir el mismo vector.
La coexistencia de estas amenazas obliga a las autoridades sanitarias a mantener una vigilancia integrada. No basta con contabilizar personas enfermas: también es necesario controlar las poblaciones de mosquitos, identificar zonas donde existen criaderos, analizar las condiciones ambientales y reaccionar rápidamente ante la aparición de nuevos focos.
El avance durante 2026 no comenzó de repente
La evolución de las cifras permite reconstruir cómo se desarrolló el problema.
Al comienzo del año, Costa Rica registraba 549 casos acumulados en la semana 6, de los cuales tres tenían signos de alarma. Para la semana 10 ya eran 686, y para la semana 18 habían llegado a 933. En la semana 19 se superó la barrera de los 1.000 casos y en la semana 22 se alcanzaron 1.192.
La aceleración posterior es el elemento que más preocupa. Entre las semanas 22 y 29, el país pasó de 1.192 a 2.425 casos, un incremento de 1.233 notificaciones en aproximadamente siete semanas.
No significa necesariamente que todos los contagios hayan ocurrido exactamente durante ese intervalo, porque las notificaciones epidemiológicas pueden sufrir retrasos y ajustes. Pero sí demuestra que la transmisión acumulada se encuentra claramente por encima del nivel observado en etapas anteriores del año.
El contexto regional es diferente
El caso costarricense ocurre, además, en un escenario regional peculiar. La Organización Panamericana de la Salud informó que hasta la semana epidemiológica 26 de 2026 las Américas acumulaban 1.373.756 casos sospechosos de dengue, cifra 61 % inferior a la registrada durante el mismo período de 2025 y 67 % menor que el promedio de los cinco años anteriores.
Es decir, mientras la tendencia regional general muestra una reducción considerable respecto del año anterior, Costa Rica está experimentando un comportamiento diferente, con un incremento del 18 % respecto del mismo período de 2025.
Esa divergencia es importante para la planificación sanitaria. Una disminución continental no garantiza que cada país, provincia o comunidad tenga la misma evolución. El dengue depende de factores locales como la presencia del mosquito, las lluvias, las temperaturas, la acumulación de agua, la movilidad de la población, la densidad urbana y las condiciones de vivienda.
Por eso la OPS insiste en mantener una vigilancia epidemiológica, clínica, ambiental y entomológica integrada, incluso cuando los indicadores regionales generales mejoran.
El antecedente de 2024 todavía pesa
El recuerdo de la enorme epidemia de dengue que golpeó a las Américas en 2024 también forma parte del contexto.
La OPS señaló que 2024 fue un año récord, con más de 13 millones de casos registrados en la región. En 2025 se produjo una reducción considerable: hasta la semana 53 se notificaron 4.459.521 casos sospechosos, 1.682.588 confirmados, 8.966 casos graves y 2.207 muertes.
Sin embargo, la organización internacional ha advertido que la reducción de un año no significa que el riesgo haya desaparecido. Los cuatro serotipos del virus circularon simultáneamente en las Américas durante 2025, una circunstancia que mantiene el potencial para nuevos brotes y casos graves.
La circulación de distintos serotipos es epidemiológicamente relevante porque una persona puede infectarse más de una vez durante su vida. Además, determinadas infecciones posteriores pueden asociarse con mayor riesgo de dengue grave, por lo que la vigilancia debe mantenerse incluso después de períodos de descenso.
¿Por qué aumenta el dengue cuando ya existen campañas de fumigación?
La fumigación es solo una parte de la respuesta y tiene limitaciones. Puede reducir temporalmente la población adulta de mosquitos, pero no elimina necesariamente todos los huevos y larvas que permanecen en recipientes con agua.
El Aedes aegypti puede reproducirse en cantidades muy pequeñas de agua acumulada en objetos cotidianos: recipientes, neumáticos, baldes, canaletas, botellas, macetas y basura abandonada.
Por eso el Ministerio de Salud insiste en que el control debe comenzar dentro y alrededor de las viviendas. En una intervención contra el dengue realizada en Orotina, por ejemplo, las autoridades combinaron fumigación con inspección de viviendas y eliminación de criaderos, una estrategia mucho más amplia que simplemente rociar insecticida.
Existe además un detalle que suele pasar inadvertido: los huevos del mosquito pueden permanecer adheridos a las paredes de recipientes y sobrevivir en condiciones secas. Por ello, vaciar un recipiente no siempre es suficiente; limpiarlo y eliminar físicamente los huevos también forma parte de la prevención.
Qué síntomas deberían generar mayor atención
La mayoría de las personas con dengue evoluciona favorablemente, pero algunos pacientes pueden desarrollar formas graves. La OPS recomienda que los sistemas de salud estén preparados para reconocer rápidamente señales como dolor abdominal intenso, vómitos persistentes, sangrado de mucosas y letargo, entre otros signos de alarma.
El objetivo es evitar que un paciente que inicialmente presenta un cuadro manejable llegue demasiado tarde a un centro médico cuando la enfermedad ya haya avanzado.
En Costa Rica, la existencia de 44 casos con signos de alarma dentro del acumulado de 2.425 notificaciones demuestra que el incremento de casos no es únicamente una cuestión estadística. También tiene implicaciones para hospitales y servicios de emergencia, especialmente si la transmisión continúa aumentando durante las próximas semanas.
El clima y el entorno también importan
El mosquito transmisor depende de condiciones ambientales favorables. Las temperaturas, las lluvias y la disponibilidad de recipientes con agua influyen directamente en su ciclo de reproducción.
Costa Rica enfrenta además períodos en los que las condiciones climáticas pueden favorecer la aparición de criaderos, mientras que los cambios en los patrones de lluvia pueden crear situaciones aparentemente contradictorias: períodos secos que llevan a almacenar agua y episodios de lluvia que generan nuevos depósitos al aire libre.
El propio Ministerio de Salud ha establecido durante 2026 acciones específicas relacionadas con El Niño, incluyendo vigilancia y respuesta frente a condiciones que pueden favorecer la propagación de enfermedades transmitidas por vectores.
Esto convierte al dengue en un problema que no puede ser abordado exclusivamente desde los hospitales. Agua, residuos, vivienda, urbanismo, educación y comportamiento comunitario forman parte de la misma ecuación sanitaria.
Antes, ahora y después
Antes, Costa Rica había conseguido mantener el dengue dentro de un escenario epidemiológico manejable pese a tratarse de un país tropical con condiciones favorables para el Aedes aegypti. Sin embargo, la historia regional de los últimos años demostró que el virus puede cambiar rápidamente de intensidad cuando confluyen condiciones ambientales, circulación viral y presencia suficiente del mosquito.
Ahora, el país enfrenta 2.425 casos acumulados en 2026, un aumento del 18 % respecto del mismo período de 2025 y una concentración particularmente importante en Alajuela, Guanacaste, Puntarenas y determinadas regiones de la costa y el norte del territorio. Al mismo tiempo, el país está lidiando con la presencia de chikungunya, lo que obliga a mantener una estrategia de control del vector mucho más amplia.
Lo que ocurra después dependerá en buena medida de la capacidad de las autoridades y de las comunidades para interrumpir la cadena de transmisión antes de que el crecimiento se acelere todavía más. La experiencia de otros países demuestra que esperar a que los hospitales comiencen a recibir grandes cantidades de pacientes suele significar que la respuesta llega demasiado tarde.
Costa Rica todavía tiene margen para contener la expansión. Pero la evolución de las cifras entre las semanas 22 y 29 funciona como una señal de advertencia: el país pasó de 1.192 a 2.425 casos acumulados en un período relativamente corto.
El desafío inmediato será impedir que esa curva continúe ascendiendo y, al mismo tiempo, evitar que el control del dengue se vea debilitado por otros virus transmitidos por el mismo mosquito. En ese escenario, la batalla no se libra únicamente en los hospitales ni durante las fumigaciones: se libra también en cada patio, cada recipiente con agua estancada, cada comunidad y cada vivienda donde pueda existir un criadero del Aedes aegypti.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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