𝗤𝘂𝗶𝗯𝗱ó, 𝗹𝗮 𝗰𝗮𝗽𝗶𝘁𝗮𝗹 𝗱𝗲𝗹 𝗖𝗵𝗼𝗰ó, 𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘃𝗶𝗿𝘁𝗶ó 𝗲𝗻 𝘂𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗽𝘂𝗻𝘁𝗼𝘀 𝗺á𝘀 𝗮𝗳𝗲𝗰𝘁𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗽𝗼𝗿 𝗲𝗹 𝗳𝘂𝗲𝗿𝘁𝗲 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗲𝗺𝗼𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗺𝗮𝗴𝗻𝗶𝘁𝘂𝗱 𝟳,𝟰 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗮𝗰𝘂𝗱𝗶ó 𝗮 𝗖𝗼𝗹𝗼𝗺𝗯𝗶𝗮 𝗲𝘀𝘁𝗲 𝗹𝘂𝗻𝗲𝘀 𝟭𝟬 𝗱𝗲 𝗮𝗴𝗼𝘀𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝟮𝟬𝟮𝟲. 𝗘𝗹 𝗺𝗼𝘃𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗼𝗰𝘂𝗿𝗿𝗶ó 𝗮 𝗹𝗮𝘀 𝟳:𝟯𝟰 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗺𝗮ñ𝗮𝗻𝗮, 𝗰𝗼𝗻 𝗲𝗽𝗶𝗰𝗲𝗻𝘁𝗿𝗼 𝗰𝗲𝗿𝗰𝗮 𝗱𝗲 𝗦𝗮𝗻 𝗝𝗼𝘀é 𝗱𝗲𝗹 𝗣𝗮𝗹𝗺𝗮𝗿, 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗱𝗲𝗽𝗮𝗿𝘁𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗖𝗵𝗼𝗰ó, 𝗮 𝘂𝗻𝗮 𝗽𝗿𝗼𝗳𝘂𝗻𝗱𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗽𝗿ó𝘅𝗶𝗺𝗮 𝗮 𝗹𝗼𝘀 𝟭𝟬𝟬 𝗸𝗶𝗹ó𝗺𝗲𝘁𝗿𝗼𝘀. 𝗔𝘂𝗻𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗮 𝗽𝗿𝗼𝗳𝘂𝗻𝗱𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗿𝗲𝗱𝘂𝗷𝗼 𝗹𝗮 𝗱𝗲𝘀𝘁𝗿𝘂𝗰𝗰𝗶ó𝗻 𝗾𝘂𝗲 𝗽𝗼𝗱í𝗮 𝗵𝗮𝗯𝗲𝗿 𝗽𝗿𝗼𝘃𝗼𝗰𝗮𝗱𝗼 𝘂𝗻 𝘀𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗱𝗲 𝗲𝘀𝗮 𝗺𝗮𝗴𝗻𝗶𝘁𝘂𝗱 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝘀𝘂𝗽𝗲𝗿𝗳𝗶𝗰𝗶𝗲, 𝗹𝗮 𝗽𝗿𝗼𝘅𝗶𝗺𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲𝗹 𝗲𝗽𝗶𝗰𝗲𝗻𝘁𝗿𝗼 𝗵𝗶𝘇𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗤𝘂𝗶𝗯𝗱ó 𝗿𝗲𝗰𝗶𝗯𝗶𝗲𝗿𝗮 𝘂𝗻𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝘀𝗮𝗰𝘂𝗱𝗶𝗱𝗮𝘀 𝗺á𝘀 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗻𝘀𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝘀𝘂 𝗵𝗶𝘀𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮 𝗿𝗲𝗰𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲. 𝗟𝗼𝘀 𝗽𝗿𝗶𝗺𝗲𝗿𝗼𝘀 𝗿𝗲𝗽𝗼𝗿𝘁𝗲𝘀 𝗵𝗮𝗯𝗹𝗮𝗻 𝗱𝗲 𝗲𝗱𝗶𝗳𝗶𝗰𝗶𝗼𝘀 𝗮𝗳𝗲𝗰𝘁𝗮𝗱𝗼𝘀, 𝗳𝗮𝗰𝗵𝗮𝗱𝗮𝘀 𝗱𝗲𝘀𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗶𝗱𝗮𝘀, 𝗴𝗿𝗶𝗲𝘁𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝘃𝗶𝘃𝗶𝗲𝗻𝗱𝗮𝘀, 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝘀 𝗵𝗲𝗿𝗶𝗱𝗮𝘀 𝘆 𝗱𝗶𝗳𝗶𝗰𝘂𝗹𝘁𝗮𝗱𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗺𝘂𝗻𝗶𝗰𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗽𝗿𝗼𝘃𝗼𝗰𝗮𝗱𝗮𝘀 𝗽𝗼𝗿 𝗹𝗮 𝘀𝗮𝘁𝘂𝗿𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗿𝗲𝗱𝗲𝘀. 𝗔 𝗻𝗶𝘃𝗲𝗹 𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹, 𝗹𝗮 𝗲𝗺𝗲𝗿𝗴𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗵𝗮 𝗱𝗲𝗷𝗮𝗱𝗼 𝗺á𝘀 𝗱𝗲 𝟭𝟬𝟬 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝘀 𝗳𝗮𝗹𝗹𝗲𝗰𝗶𝗱𝗮𝘀 𝘆 𝗱𝗲𝗰𝗲𝗻𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗵𝗲𝗿𝗶𝗱𝗼𝘀 𝘀𝗲𝗴ú𝗻 𝗯𝗮𝗹𝗮𝗻𝗰𝗲𝘀 𝗽𝗿𝗲𝗹𝗶𝗺𝗶𝗻𝗮𝗿𝗲𝘀, 𝗮𝘂𝗻𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗰𝗶𝗳𝗿𝗮𝘀 𝘀𝗶𝗴𝘂𝗲𝗻 𝘀𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗮𝗰𝘁𝘂𝗮𝗹𝗶𝘇𝗮𝗱𝗮𝘀 𝗽𝗼𝗿 𝗹𝗮𝘀 𝗮𝘂𝘁𝗼𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀.
La dimensión territorial del fenómeno fue excepcional. El movimiento fue percibido en prácticamente todo Colombia y también en sectores de países vecinos, entre ellos Venezuela, Ecuador y Panamá. Bogotá, Medellín, Cali, Pereira, Manizales, Armenia, Popayán y otras ciudades reportaron evacuaciones preventivas, daños materiales y escenas de pánico. La amplitud de la percepción no fue casual: el Servicio Geológico Colombiano y los especialistas consultados explicaron que se trató de un terremoto profundo, cuyo origen se produjo dentro de la placa de Nazca que se introduce por debajo de la placa Suramericana.
En Quibdó, la cercanía geográfica con el área epicentral convirtió el movimiento en una emergencia particularmente delicada. Videos difundidos durante las primeras horas mostraron a ciudadanos abandonando viviendas y establecimientos, mientras se inspeccionaban estructuras para determinar cuáles podían seguir siendo habitadas. Las autoridades tuvieron que concentrarse inicialmente en verificar daños, localizar personas heridas y determinar si existían víctimas atrapadas antes de avanzar hacia una evaluación completa de la infraestructura.
La situación se complicó además por las características geográficas y sociales de la capital chocoana. Quibdó está atravesada por una combinación de alta pluviosidad, terrenos susceptibles a movimientos en masa, infraestructura vulnerable y dificultades históricas de conectividad terrestre. El propio Sistema Nacional de Información para la Gestión del Riesgo mantiene antecedentes de alertas por amenaza de deslizamientos en Quibdó y otros municipios del Chocó, una condición que adquiere especial importancia después de un terremoto de gran magnitud.
Por qué el terremoto se sintió durante tanto tiempo
Una de las preguntas que más se repitieron entre los habitantes fue por qué el movimiento pareció durar una eternidad.
El Servicio Geológico Colombiano explicó que el fenómeno tuvo características diferentes a las de un terremoto superficial convencional. El evento fue clasificado como un sismo intraplaca profundo, producido en el interior de la placa de Nazca mientras esta se encuentra descendiendo bajo el continente sudamericano. La profundidad estimada estuvo entre aproximadamente 96 y 120,5 kilómetros, dependiendo de la actualización utilizada por las diferentes agencias.
La diferencia es fundamental. En un terremoto superficial, la energía se libera relativamente cerca de la superficie y puede concentrar una destrucción extraordinariamente intensa alrededor del epicentro. En un sismo profundo, las ondas pueden viajar a grandes distancias antes de alcanzar la superficie, permitiendo que el movimiento sea percibido en una zona geográfica mucho más amplia.
Eso explica que ciudadanos ubicados a cientos de kilómetros del epicentro hayan descrito el terremoto como prolongado. El análisis técnico citado por Infobae estimó una ruptura media de aproximadamente 12,5 segundos, mientras que el modelo ShakeMap del Servicio Geológico de Estados Unidos calculó una intensidad máxima cercana a VII, considerada “muy fuerte”, en determinados sectores.
El fenómeno también demuestra que la magnitud de un terremoto no determina por sí sola el número de víctimas. La profundidad, distancia al epicentro, calidad de las construcciones, densidad poblacional y hora del día pueden cambiar radicalmente el resultado.
La explicación está debajo del territorio colombiano
Colombia se encuentra en una de las regiones tectónicamente más complejas del planeta.
En el occidente del país, la placa de Nazca avanza hacia el continente a una velocidad aproximada de entre 55 y 60 milímetros por año. Esa placa oceánica se introduce por debajo de la placa Suramericana mediante un proceso conocido como subducción.
El movimiento no ocurre de manera uniforme. Las placas acumulan esfuerzos durante largos períodos y, cuando determinadas zonas alcanzan condiciones críticas, la energía puede liberarse repentinamente en forma de terremoto.
El evento del 10 de agosto pertenece a esa dinámica. No fue necesario que una gran falla superficial atravesara directamente Quibdó para producir un terremoto de enorme alcance. La ruptura ocurrió a gran profundidad dentro de la propia placa que se encuentra descendiendo bajo Colombia.
Los científicos también estudian procesos relacionados con la transformación de minerales y la presencia de agua dentro de la placa subducida. En determinadas condiciones, estos mecanismos pueden favorecer la ruptura frágil a profundidades donde las rocas normalmente tenderían a comportarse de manera diferente.
Quibdó ya había sido advertida sobre otros riesgos geológicos
El terremoto no creó todos los riesgos que ahora enfrenta el Chocó. Algunos ya estaban identificados.
Los registros oficiales de gestión del riesgo muestran que Quibdó aparece de manera recurrente en alertas por movimientos en masa y deslizamientos, particularmente durante temporadas de lluvias intensas. La combinación de lluvias, pendientes, suelos saturados y alteraciones producidas por un terremoto puede aumentar la posibilidad de desprendimientos y bloqueos de vías.
Por esa razón, después de un sismo de esta magnitud, la emergencia no termina cuando deja de temblar. Las autoridades deben vigilar posibles réplicas, deslizamientos, daños ocultos en edificios, redes de agua, electricidad, telecomunicaciones y carreteras.
Las estructuras que aparentemente permanecen en pie también pueden presentar daños internos. Una columna debilitada, una unión estructural desplazada o una pared portante fracturada pueden convertirse en un peligro durante una réplica.
El antecedente de los grandes terremotos del occidente colombiano
La historia geológica del Pacífico colombiano demuestra que la región ha experimentado terremotos todavía mayores.
Uno de los antecedentes más importantes es el terremoto de Tumaco de 1906, cuya magnitud se estima en alrededor de 8,8. Aquel evento generó un tsunami que afectó sectores de Colombia y Ecuador.
Otro gran terremoto ocurrió en 1979, también en la región del Pacífico, con magnitud estimada superior a 8. Posteriormente se registraron eventos importantes en el Chocó, entre ellos el terremoto de Murindó de 1992, de magnitud aproximada 7,2, y el sismo de 1995, cercano a 6,6.
Estos antecedentes muestran que la región no es ajena a terremotos de gran magnitud. La diferencia está en el lugar exacto donde se produce la ruptura y en la profundidad.
El terremoto de 1999 en el Eje Cafetero constituye un ejemplo particularmente claro. Aunque su magnitud fue inferior, aproximadamente 6,2, causó alrededor de 1.200 víctimas debido a su localización, profundidad y cercanía con zonas densamente pobladas.
El contraste ayuda a entender el episodio actual: un terremoto de 7,4 es muchísimo más energético, pero la profundidad puede reducir significativamente la destrucción superficial respecto de un evento de magnitud similar ocurrido a pocos kilómetros de profundidad.
La emergencia no termina con el primer terremoto
Durante las horas posteriores al movimiento principal se registraron réplicas, entre ellas eventos de magnitud 2,8 y 4,8. La existencia de réplicas es esperable después de un terremoto de esta magnitud, aunque su intensidad y distribución deben ser monitoreadas permanentemente.
El peligro inmediato es que una réplica afecte edificios que ya quedaron debilitados por el terremoto principal. Por eso los organismos de gestión del riesgo recomiendan no regresar a construcciones que presenten grietas estructurales, desprendimientos o daños evidentes hasta que sean inspeccionadas por personal competente.
En una ciudad como Quibdó, esta recomendación adquiere una dimensión especial debido a la existencia de viviendas y edificaciones que pueden haber sido construidas bajo diferentes estándares y en distintas épocas.
La emergencia también puede producir problemas secundarios: interrupciones de agua y electricidad, caída de redes de comunicación, dificultad para trasladar heridos, escasez temporal de determinados productos y problemas para acceder a comunidades rurales.
El terremoto vuelve a poner a prueba al Chocó
El impacto del terremoto debe analizarse también desde la situación histórica del departamento.
El Chocó enfrenta desde hace décadas importantes dificultades de infraestructura y conectividad. La geografía selvática, los grandes ríos y las intensas lluvias hacen que muchas comunidades sean difíciles de alcanzar incluso en condiciones normales.
Cuando ocurre una emergencia de grandes proporciones, esas dificultades pueden multiplicarse.
Una carretera bloqueada por un derrumbe no solo afecta el transporte comercial: puede retrasar la llegada de ambulancias, maquinaria pesada, alimentos, agua y equipos de rescate.
Por eso, una de las prioridades de las autoridades durante las próximas horas será determinar cuáles vías permanecen transitables y cuáles requieren intervención urgente.
Un país entero obligado a responder
El terremoto también provocó una movilización nacional. La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, organismos de socorro, autoridades departamentales y municipales, Fuerzas Militares, Policía, Cruz Roja y cuerpos de bomberos comenzaron a participar en la respuesta.
La prioridad inicial es salvar vidas, pero inmediatamente después aparece una segunda tarea: determinar el número real de personas afectadas y el nivel de destrucción.
Las cifras iniciales pueden cambiar rápidamente. En las primeras horas de una catástrofe, algunos municipios todavía no consiguen establecer comunicación con zonas rurales y la información sobre viviendas dañadas puede tardar varias horas o incluso días en consolidarse.
Por eso, los balances difundidos durante el mismo día deben considerarse preliminares. La cifra de más de un centenar de fallecidos difundida por medios durante la jornada nacional requiere seguimiento de las autoridades para establecer el balance definitivo.
Antes, ahora y después
Antes del terremoto, Colombia conocía su vulnerabilidad sísmica, pero la magnitud del evento recordó que el riesgo no está limitado a las regiones tradicionalmente asociadas con grandes terremotos.
Ahora, Quibdó y otras ciudades del occidente colombiano enfrentan una etapa crítica de evaluación, con edificios que deben ser revisados, posibles réplicas que pueden producir nuevos daños y comunidades que necesitan atención.
Después comenzará una fase todavía más compleja: la reconstrucción.
No se tratará solamente de reparar paredes o reemplazar techos. Será necesario determinar si determinadas edificaciones pueden ser recuperadas, cuáles deben ser demolidas y qué construcciones requieren reforzamiento estructural.
También será necesario revisar hospitales, escuelas, puentes, carreteras, redes de agua, sistemas eléctricos y edificios públicos.
El terremoto puede convertirse, por tanto, en un punto de inflexión para la política de prevención sísmica de Colombia.
La pregunta que queda para el futuro
El terremoto de 7,4 no puede predecirse como se pronostica una tormenta. La ciencia sí puede identificar regiones de mayor amenaza, estudiar fallas y placas tectónicas, elaborar mapas de riesgo y establecer normas de construcción capaces de reducir las consecuencias.
Ese será uno de los principales desafíos después de la emergencia.
Colombia tendrá que preguntarse si sus ciudades, particularmente aquellas ubicadas en regiones de alta amenaza sísmica, están suficientemente preparadas para enfrentar un terremoto todavía más cercano a la superficie.
La experiencia histórica demuestra que la magnitud no es el único factor que determina una tragedia. El terremoto de 1999, con una magnitud considerablemente menor, dejó una cifra de víctimas devastadora. El evento de este 10 de agosto, en cambio, liberó una cantidad de energía extraordinariamente superior, pero su gran profundidad modificó la forma en que esa energía llegó a las ciudades.
Quibdó queda ahora ante una doble tarea: superar la emergencia inmediata y reconstruir con criterios que reduzcan el riesgo futuro.
Porque el terremoto terminó, pero sus consecuencias apenas comienzan a medirse. Las próximas horas determinarán el verdadero número de víctimas, los próximos días permitirán conocer el alcance real de los daños y los próximos meses definirán si Colombia convierte esta tragedia en una oportunidad para fortalecer su infraestructura y su sistema de prevención sísmica.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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