Noha Iván Rojas Colorado, un niño de apenas 20 meses, murió en Bogotá después de permanecer bajo atención médica por un grave cuadro de lesiones que habría sufrido en el municipio de Anolaima, Cundinamarca. El menor ingresó el 6 de agosto a un centro asistencial de Anolaima acompañado por su madre y su abuela, pero debido a la gravedad de su estado fue trasladado primero al Hospital San Rafael de Facatativá y posteriormente al Hospital Pediátrico La Misericordia, HOMI, en Bogotá. Los médicos reportaron un trauma craneoencefálico severo y múltiples traumatismos contundentes en diferentes partes del cuerpo, además de una alta probabilidad de violencia física y presunto abuso sexual. Tras confirmarse su muerte, la Policía de Cundinamarca y la Fiscalía capturaron a Juan Moreno Pinzón, señalado como padrastro del menor, quien quedó vinculado inicialmente a una investigación por homicidio agravado. Las autoridades todavía deben establecer mediante la investigación judicial y forense exactamente qué ocurrió, cuándo se produjeron las lesiones y quién es responsable de la muerte.
El caso comenzó el jueves 6 de agosto, cuando el niño fue llevado al centro de salud de Anolaima, municipio ubicado en Cundinamarca. De acuerdo con la información conocida hasta ahora, el menor ya presentaba un estado de salud extremadamente delicado y aparentes señales de violencia.
La gravedad de las lesiones llevó a los profesionales de salud a ordenar su traslado a Facatativá, donde el pequeño fue recibido por un equipo multidisciplinario. Allí se identificó un trauma craneoencefálico severo, acompañado de traumatismos contundentes en distintas zonas del cuerpo. Los hallazgos médicos generaron además la alerta por la posibilidad de que el menor hubiera sido víctima de violencia sexual.
El niño necesitaba una atención especializada que no podía proporcionarse en los primeros centros donde fue atendido. Por ello, terminó siendo trasladado a Bogotá e ingresado al Hospital Pediátrico La Misericordia, HOMI, institución especializada en atención infantil.
A pesar de los esfuerzos médicos, Noha Iván murió durante la madrugada del sábado, según confirmó el gobernador de Cundinamarca, Jorge Emilio Rey. La noticia activó una investigación destinada no solamente a determinar la causa médica exacta del fallecimiento, sino también a reconstruir las circunstancias en las que el niño sufrió las lesiones.
La captura del padrastro
Después de que los profesionales médicos identificaran lesiones que no podían ser consideradas normales o accidentales sin una explicación adicional, las autoridades comenzaron a establecer quiénes habían estado en contacto con el menor y qué había ocurrido antes de su llegada al centro asistencial.
La investigación condujo hasta Juan Moreno Pinzón, identificado por las autoridades como padrastro del niño. La Policía de Cundinamarca y la Fiscalía reportaron su captura el domingo 9 de agosto.
El hombre fue detenido inicialmente por el delito de homicidio agravado, mientras avanza el proceso judicial. Sin embargo, es importante diferenciar una captura de una condena: la responsabilidad penal deberá ser determinada por la justicia después de las audiencias correspondientes y de la valoración de las pruebas obtenidas durante la investigación.
Entre las evidencias que serán fundamentales estarán los informes médicos, los resultados de medicina legal, la reconstrucción de las últimas horas del menor, testimonios de familiares y personas cercanas, además de cualquier elemento material que permita establecer cómo se produjeron las lesiones.
El presunto abuso sexual todavía debe ser probado
Uno de los aspectos más delicados del caso es la referencia médica a una alta probabilidad de abuso sexual.
Hasta ahora, los informes periodísticos y médicos difundidos hablan de un presunto abuso. Esto significa que existen hallazgos que llevaron a los profesionales a activar las correspondientes alertas, pero la determinación definitiva sobre si existió un delito sexual corresponde a la investigación forense y judicial.
La precisión es fundamental porque el caso involucra a un menor que no puede proporcionar directamente su versión de los hechos. La investigación deberá establecer científicamente la naturaleza de las lesiones y determinar si existe evidencia compatible con una agresión sexual, además de establecer quién pudo haberla cometido.
La muerte del niño convierte el proceso en una investigación particularmente compleja, porque los investigadores deberán reconstruir las circunstancias anteriores a su hospitalización a partir de pruebas médicas, testimonios, registros y evidencias físicas.
Antes de llegar a Bogotá
La cronología conocida permite reconstruir parcialmente el recorrido del menor.
Primero estuvo en Anolaima, donde recibió atención de urgencia. Debido a la gravedad de las lesiones fue remitido a Facatativá, donde los médicos realizaron una valoración más amplia y detectaron el trauma craneoencefálico severo y los múltiples traumatismos.
Posteriormente, ante la necesidad de atención pediátrica especializada, fue trasladado a Bogotá, al HOMI. Allí permaneció bajo cuidado médico hasta su fallecimiento.
Esta cadena de traslados también será importante para la investigación porque permite establecer qué información fue registrada en cada institución, qué lesiones fueron identificadas inicialmente y cómo evolucionó el estado clínico del niño.
Un problema que va mucho más allá de este caso
La tragedia vuelve a colocar sobre la mesa una problemática que Colombia enfrenta desde hace años: la violencia contra niños y niñas, especialmente dentro de entornos familiares o de confianza.
Los menores de corta edad se encuentran entre las víctimas más vulnerables porque dependen prácticamente por completo de los adultos para su alimentación, higiene, atención médica y protección. Cuando la violencia ocurre dentro del círculo familiar o de personas encargadas de su cuidado, detectar las señales puede resultar especialmente difícil.
Un estudio del Instituto Nacional de Salud sobre violencia intrafamiliar, negligencia, maltrato y abuso sexual en Bogotá ya advertía que los niños constituyen uno de los grupos especialmente vulnerables y señalaba la importancia de fortalecer los sistemas de vigilancia y respuesta.
La dificultad no se limita a identificar los casos después de una agresión. Uno de los principales desafíos consiste en detectar señales de alerta antes de que la violencia llegue a producir lesiones graves o la muerte.
La importancia de la primera atención médica
En casos como este, los profesionales sanitarios cumplen un papel fundamental que va mucho más allá de tratar las heridas.
Cuando un niño llega con lesiones que no coinciden con una explicación aparentemente accidental, el personal médico debe activar protocolos de protección y documentar cuidadosamente los hallazgos. Esa documentación puede posteriormente convertirse en una pieza esencial de la investigación judicial.
En el caso de Noha Iván, la valoración realizada en Facatativá permitió identificar la gravedad de las lesiones y elevar la alerta ante la posibilidad de violencia física y sexual. Esa actuación permitió que las autoridades comenzaran a investigar antes de que se conociera el desenlace fatal.
La coordinación entre hospitales, Policía, Fiscalía y autoridades de protección infantil será determinante para evitar que las evidencias se pierdan y para establecer con precisión qué ocurrió.
El desafío de investigar cuando la víctima no puede hablar
La investigación de delitos cometidos contra bebés y niños muy pequeños presenta una dificultad adicional: la víctima no tiene capacidad para explicar verbalmente qué ocurrió.
Por eso, las autoridades deben reconstruir los acontecimientos mediante evidencia científica y circunstancial.
Los informes médicos pueden establecer la naturaleza y antigüedad aproximada de determinadas lesiones. Los estudios forenses pueden ayudar a determinar la causa de muerte y la existencia o no de signos compatibles con violencia sexual. Los testimonios permiten establecer quién estuvo con el menor y durante cuánto tiempo. Y otros elementos, como comunicaciones, registros de desplazamiento o cámaras, pueden ayudar a reconstruir la secuencia de acontecimientos.
En un caso de esta naturaleza, ninguna de esas piezas debería analizarse de manera aislada. La Fiscalía deberá construir una secuencia coherente que permita determinar qué ocurrió, dónde ocurrió, cuándo ocurrió y quién tuvo responsabilidad.
La captura abre una nueva etapa
La detención del padrastro constituye un avance importante para la investigación, pero también marca el comienzo de una nueva fase judicial.
El capturado deberá comparecer ante las autoridades competentes y conocer formalmente los cargos que la Fiscalía decida imputar con base en los elementos reunidos. Posteriormente, la justicia deberá determinar las medidas correspondientes y, eventualmente, si existen suficientes pruebas para llevar el caso a juicio.
Mientras tanto, la investigación continúa abierta y pueden aparecer nuevos elementos que modifiquen o amplíen la hipótesis inicial.
Por ello, aunque las autoridades señalan al padrastro como presunto responsable, no corresponde presentar su culpabilidad como un hecho judicialmente probado mientras no exista una decisión de la justicia.
Después: la investigación tendrá que responder las preguntas centrales
El siguiente período será decisivo. Los investigadores deberán determinar las circunstancias exactas que rodearon las últimas horas de vida de Noha Iván y establecer cómo llegó a presentar lesiones de semejante gravedad.
Entre las preguntas centrales están cuándo se produjeron los traumatismos, quién estaba a cargo del niño en esos momentos, qué ocurrió antes de que fuera llevado al hospital y si existieron episodios anteriores de violencia que no hubieran sido detectados.
También será necesario determinar con precisión el origen de las lesiones que generaron la sospecha de abuso sexual y establecer si existe evidencia científica que confirme o descarte esa hipótesis.
El caso no termina con la captura. La captura apenas abre el camino hacia una investigación que tendrá que sostenerse sobre pruebas.
Una tragedia que obliga a mirar antes de que ocurra lo irreversible
El caso de Noha Iván deja una pregunta que va más allá del proceso penal: ¿qué mecanismos pueden detectar a tiempo la violencia contra un niño que todavía no puede pedir ayuda?
La respuesta requiere una combinación de vigilancia familiar, protección institucional, atención sanitaria, educación y capacidad de reacción de las autoridades. Cuando un menor presenta lesiones reiteradas, cambios de comportamiento, miedo ante determinados adultos o señales físicas inexplicables, esos indicios pueden convertirse en oportunidades para intervenir antes de que ocurra una tragedia.
En este caso, la alerta médica permitió identificar rápidamente que las lesiones no eran un cuadro ordinario y desencadenó la intervención de las autoridades. Pero el desenlace demuestra la gravedad que puede alcanzar una situación de violencia cuando un niño extremadamente pequeño queda expuesto a ella.
Ahora, la justicia deberá establecer la verdad sobre la muerte de Noha Iván Rojas Colorado y determinar las responsabilidades correspondientes. Para la familia y para la sociedad, el desafío será que la investigación no se limite a encontrar a un responsable, sino que también permita comprender qué falló en la cadena de protección y qué medidas pueden evitar que otro niño vuelva a llegar a un hospital en condiciones semejantes.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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