Dos brasileñas denunciaron ante la Policía Civil del Distrito Federal al cirujano colombiano Guillermo Andrés González Gómez, luego de afirmar que sufrieron graves complicaciones después de someterse a procedimientos estéticos en Bucaramanga, Colombia. Las pacientes, identificadas como Vitória Antunes Marqués, de 23 años, y Chayane Chilly de Oliveira, de 28, viajaron desde Brasil mediante un paquete de “turismo quirúrgico” que incluía cirugía, alojamiento posoperatorio, enfermería y drenajes linfáticos. Vitória afirmó que pagó alrededor de R$ 68.000 y que fue sometida el 24 de junio a varias intervenciones durante una operación de más de ocho horas. Posteriormente relató apertura de puntos, fiebre, dificultad para respirar e infección, hasta el punto de necesitar seis días de hospitalización después de regresar a Brasil. Chayane también denunció que los puntos de una cirugía mamaria se abrieron en tres oportunidades. La investigación policial permanece bajo sigilo y las acusaciones todavía deben ser comprobadas judicialmente. La clínica Remodelarte, vinculada al médico, negó las irregularidades denunciadas y sostuvo que dispone de un equipo multidisciplinario, seguimiento posoperatorio y documentación regular.
El caso vuelve a colocar bajo escrutinio un fenómeno que creció considerablemente en América Latina: el denominado turismo médico estético, mediante el cual pacientes viajan a otro país atraídos por precios, paquetes integrales, especialistas con experiencia y la posibilidad de combinar una intervención quirúrgica con alojamiento y recuperación.
En este modelo, la cirugía deja de ser un procedimiento exclusivamente médico y pasa a formar parte de una experiencia comercial organizada. La clínica o intermediario puede encargarse del traslado, hospedaje, enfermería, drenajes y seguimiento. Esto resulta atractivo para pacientes extranjeros, pero también introduce una dificultad adicional: cuando aparece una complicación, el paciente ya se encuentra lejos del equipo que realizó la operación y puede tener dificultades para continuar el tratamiento con los mismos profesionales.
Ese problema aparece precisamente en el caso denunciado por las dos brasileñas. Según el relato recogido por medios brasileños, ambas regresaron a Brasil después de sus procedimientos y comenzaron a enfrentar complicaciones que requirieron atención médica posterior.
La situación de Vitória resulta particularmente llamativa por la magnitud de la intervención. Según su denuncia, la operación realizada el 24 de junio duró más de ocho horas y posteriormente aparecieron fiebre, apertura de puntos, dificultad respiratoria e infección. Tras regresar a Brasil, necesitó permanecer internada durante seis días.
Chayane, por su parte, afirmó que sufrió la apertura de los puntos de una cirugía en los senos en tres ocasiones. Ambas también relataron problemas durante el período de recuperación y realizaron acusaciones adicionales que incluyen presunto acoso, amenazas y utilización no autorizada de imágenes.
Es importante separar las denuncias de los hechos ya demostrados. La existencia de una investigación policial significa que las autoridades están recopilando elementos para determinar si hubo responsabilidad penal o profesional. Las acusaciones formuladas por las pacientes no equivalen por sí mismas a una condena ni demuestran que el médico haya cometido una infracción.
La versión de la clínica
La empresa Remodelarte Plastic presenta públicamente una imagen muy diferente de la descrita por las denunciantes.
En su sitio institucional, la clínica afirma estar especializada en cirugía plástica y señala que fue fundada y dirigida por el doctor Guillermo Andrés González. También sostiene que el médico tiene formación internacional y que la institución ha realizado más de 3.000 procedimientos en pacientes provenientes de distintos países.
La propia clínica promociona un modelo de “Medical Travel”, que incluye alojamiento durante el período quirúrgico y de recuperación, asistencia de enfermería y drenajes linfáticos. Es decir, precisamente el tipo de paquete internacional contratado por pacientes extranjeras como las brasileñas que ahora presentaron la denuncia.
La empresa rechazó las acusaciones y afirmó que cuenta con equipo multidisciplinario, seguimiento posoperatorio estructurado y documentación regular. También indicó que responderá a cualquier cuestionamiento presentado formalmente ante las autoridades y que ejercerá su derecho de defensa.
Por el momento, no existe una conclusión pública de las autoridades colombianas que establezca que las complicaciones denunciadas fueron provocadas por una mala práctica médica, por condiciones sanitarias deficientes o por alguna otra causa específica.
El problema que aparece después de la cirugía
Las infecciones de sitio quirúrgico constituyen una de las complicaciones conocidas de cualquier procedimiento invasivo. La Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria de Brasil (Anvisa) mantiene protocolos específicos de prevención porque la contaminación microbiana puede evolucionar hacia una infección dependiendo de factores como la carga bacteriana, la virulencia del microorganismo y las condiciones del paciente.
Esto significa que una infección después de una cirugía no demuestra automáticamente que haya existido negligencia. Puede existir una complicación incluso cuando se siguen protocolos adecuados.
La cuestión fundamental en un caso como este consiste en determinar qué ocurrió durante la cirugía, cómo se realizó la esterilización, qué materiales fueron utilizados, qué medicamentos recibieron las pacientes, cómo se efectuó el seguimiento y cuándo aparecieron exactamente los primeros síntomas.
También es necesario establecer si las pacientes recibieron instrucciones suficientes antes de viajar y si existió una comunicación médica adecuada cuando comenzaron las complicaciones.
Cuando el paciente vuelve a su país
Uno de los principales riesgos del turismo médico está precisamente en la continuidad asistencial.
El portal oficial de Saúde do Viajante, del Gobierno de Paraná, explica que las complicaciones relacionadas con turismo médico pueden estar vinculadas con el destino, la instalación donde se realiza el procedimiento y la calidad del seguimiento. También identifica como factores de riesgo la resistencia antimicrobiana, las dificultades de comunicación y los problemas de continuidad del cuidado.
La distancia geográfica puede complicar todavía más una situación posoperatoria. Un paciente que permanece en su país puede regresar fácilmente a la clínica donde fue operado. Un extranjero que viajó miles de kilómetros debe decidir si retorna, busca atención en su país o intenta establecer contacto remoto con el equipo médico original.
En una cirugía estética de gran magnitud, esa diferencia puede ser determinante.
Colombia y el crecimiento de la cirugía estética
El caso no significa que Colombia sea un destino inseguro para cirugía plástica. El país posee una importante industria médica y estética y durante años ha desarrollado una estrategia orientada a atraer pacientes extranjeros.
Precisamente por la magnitud de este mercado, las autoridades colombianas han advertido en diferentes ocasiones sobre la necesidad de diferenciar los centros médicos habilitados de los establecimientos que funcionan de manera clandestina.
En 2024, la Cámara de Representantes informó sobre un proyecto denominado “Cirugía Segura Ya”, cuyo objetivo era establecer mayores requisitos para los procedimientos estéticos, determinar qué profesionales pueden realizarlos, mejorar las condiciones de seguridad de los quirófanos y combatir la publicidad engañosa. La iniciativa surgió, entre otras razones, por la preocupación por clínicas clandestinas, personal no capacitado y procedimientos que han provocado graves daños a pacientes.
En abril de 2025, el Senado de Colombia informó que una iniciativa de regulación de procedimientos estéticos había avanzado hasta su tercer debate. El proyecto buscaba garantizar que las intervenciones fueran realizadas por personal calificado y en establecimientos con condiciones adecuadas de salubridad y habilitación.
El debate demuestra que las dificultades denunciadas por las brasileñas no aparecen en un vacío. Existe en Colombia una discusión institucional más amplia sobre cómo controlar una actividad médica que se ha convertido también en un importante mercado internacional.
Los controles también alcanzan a los pacientes extranjeros
En mayo de 2026, la Dirección Territorial de Salud de Caldas recordó públicamente que las personas deben verificar la legalidad y la idoneidad de las instituciones y profesionales antes de someterse a procedimientos estéticos.
La autoridad recomendó comprobar que los establecimientos estén habilitados y que los profesionales cuenten con formación especializada. También explicó que los procedimientos invasivos deben realizarse únicamente en instituciones autorizadas y por profesionales habilitados.
La advertencia tiene especial relevancia para los extranjeros porque la distancia puede dificultar la comprobación previa.
Un paciente que llega desde otro país puede ser atraído por fotografías de resultados, testimonios publicados en redes sociales, promociones o paquetes con alojamiento incluido. Pero esos elementos no sustituyen la comprobación de habilitación sanitaria, especialidad médica, hospital donde se realizará la operación, anestesiólogo, cobertura para emergencias y plan de seguimiento.
Colombia también enfrenta problemas con clínicas clandestinas
La preocupación no es solamente teórica.
En junio de 2026, la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá informó que había recibido 282 quejas relacionadas con servicios estéticos entre enero de 2025 y mayo de 2026. De ellas, 194 estaban vinculadas con establecimientos no habilitados o clandestinos.
Las autoridades señalaron que algunos centros funcionaban en casas o apartamentos sin cumplir condiciones mínimas de seguridad e higiene y que se habían detectado pacientes que llegaron a servicios de urgencias con infecciones severas, necrosis y lesiones permanentes después de procedimientos realizados en establecimientos ilegales.
La misma autoridad informó que durante 2025 realizó 563 operativos y 814 visitas de inspección, mientras que en los primeros meses de 2026 ya había realizado 129 operativos y 173 visitas de control.
Estos datos no permiten establecer una relación directa entre esos establecimientos clandestinos de Bogotá y el caso de las brasileñas en Bucaramanga. Son contextos diferentes. Sin embargo, sí demuestran que la vigilancia de la cirugía estética constituye un problema vigente dentro del sistema sanitario colombiano.
El otro lado de la historia: por qué las pacientes viajan
Para comprender el fenómeno también hay que observar las razones que llevan a una persona a cruzar una frontera para operarse.
El precio puede ser un factor importante, pero no es el único. Las clínicas internacionales ofrecen paquetes que reducen la complejidad logística: cirugía, alojamiento, enfermería, transporte, drenajes y seguimiento aparecen integrados en una sola propuesta.
Para una paciente extranjera, esa facilidad puede resultar mucho más atractiva que organizar cada etapa por separado.
Colombia, además, posee una industria de cirugía estética consolidada y una importante experiencia con pacientes internacionales. Estudios académicos han analizado precisamente el desarrollo del país como destino de turismo médico estético y la búsqueda de pacientes extranjeros de procedimientos seguros y competitivos en precio.
El problema surge cuando la decisión se toma principalmente a partir de publicidad y precio, sin comprobar suficientemente quién realizará la operación, dónde se efectuará, qué respaldo hospitalario existe y quién asumirá la responsabilidad si algo sale mal.
El punto crítico: la continuidad del tratamiento
En una cirugía estética, el resultado no depende únicamente de la intervención quirúrgica.
El período posterior puede requerir controles, medicamentos, curaciones, drenajes, evaluación de heridas y vigilancia de signos de infección. Una complicación detectada rápidamente puede tener un tratamiento muy diferente de una infección que avanza durante varios días.
Por eso, los protocolos de seguridad quirúrgica conceden tanta importancia al seguimiento posoperatorio.
En el caso denunciado, la investigación deberá determinar si las pacientes recibieron el seguimiento prometido y si las complicaciones fueron detectadas y tratadas oportunamente antes de su regreso a Brasil.
También deberá determinarse si existieron diferencias entre lo contratado y lo efectivamente recibido.
Antes, ahora y después
Antes de viajar, las dos brasileñas buscaban un resultado estético y aceptaron un paquete de turismo quirúrgico en Bucaramanga. La operación se presentó como parte de un servicio integral que incluía recuperación y asistencia.
Ahora, ambas han regresado a Brasil con complicaciones que, según sus denuncias, incluyeron infecciones, apertura de heridas y hospitalización. La Policía Civil del Distrito Federal abrió una investigación y deberá establecer qué ocurrió realmente.
Después vendrá una etapa decisiva. Los investigadores tendrán que reunir historias clínicas, contratos, comprobantes de pago, fotografías, mensajes, informes médicos y eventuales peritajes para determinar si hubo responsabilidad profesional, incumplimiento contractual u otra irregularidad.
La clínica y el médico, por su parte, tendrán la oportunidad de presentar sus documentos y explicar las circunstancias de cada procedimiento.
El caso también podría tener consecuencias más amplias para el turismo médico entre Brasil y Colombia. Si las investigaciones encuentran irregularidades, podría aumentar la presión para establecer controles más rigurosos sobre las agencias y clínicas que ofrecen paquetes internacionales. Si las denuncias no son confirmadas, el proceso servirá igualmente para esclarecer cómo se produjeron las complicaciones y qué factores deben prevenirse.
La principal lección para los pacientes no es que deban descartar automáticamente las cirugías en otro país, sino que el precio y un paquete turístico no pueden ser los principales criterios para elegir una intervención quirúrgica.
Antes de cruzar una frontera para operarse, resulta esencial verificar la habilitación de la institución, la especialidad y registro del profesional, el hospital donde se realizará la intervención, quién estará a cargo de la anestesia, qué protocolo existe para emergencias, qué cobertura tiene el paciente y cómo se garantizará el seguimiento cuando regrese a su país. Las autoridades sanitarias brasileñas y colombianas insisten precisamente en la importancia de planificar los cuidados antes del viaje y de garantizar continuidad médica.
El caso de Vitória y Chayane permanece abierto y las acusaciones deberán ser investigadas. Pero vuelve a poner sobre la mesa una realidad que acompaña al crecimiento mundial del turismo médico: una cirugía puede terminar en pocas horas, mientras que sus consecuencias —positivas o negativas— pueden acompañar al paciente durante meses o incluso años.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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