El nudismo atraviesa una transformación generacional en Argentina: mientras los adultos y las personas de mayor edad parecen sentirse cada vez más cómodos con la práctica, los jóvenes participan en menor proporción de los espacios naturistas organizados. El fenómeno, analizado recientemente por Clarín, no significa necesariamente que las nuevas generaciones rechacen la desnudez, sino que existen nuevas formas de relacionarse con el cuerpo, mayor exposición a las redes sociales, presión estética y una creciente preocupación por la privacidad. El cambio resulta paradójico: en una época en la que hablar sobre el cuerpo y la sexualidad es aparentemente más sencillo que décadas atrás, muchos jóvenes siguen mostrando mayores reservas frente a la posibilidad de estar desnudos en un espacio compartido. Al mismo tiempo, quienes practican naturismo sostienen que se trata de una actividad no sexual basada en la aceptación corporal, el respeto y el contacto con la naturaleza.
La historia argentina del nudismo es mucho más antigua de lo que podría suponerse. La práctica organizada comenzó a consolidarse durante la década de 1930, cuando un grupo de personas interesadas en una relación más natural con el cuerpo creó en 1934 la Primera Asociación Naturo Desnudista Argentina, conocida como PANDA. Desde entonces, el movimiento atravesó diferentes etapas, con períodos de mayor visibilidad y otros en los que permaneció prácticamente oculto de la vida pública.
Durante buena parte del siglo XX, mostrarse desnudo fuera de la intimidad estaba fuertemente asociado con el escándalo, la transgresión o la sexualidad. Los espacios naturistas tuvieron que establecer normas estrictas para diferenciarse de cualquier actividad de carácter sexual y construir una identidad basada en la convivencia, la naturaleza y la aceptación del cuerpo.

La Federación Naturista Internacional define el naturismo como una forma de vida en armonía con la naturaleza caracterizada por la práctica de la desnudez colectiva con el objetivo de fomentar el respeto hacia uno mismo, hacia los demás y hacia el medio ambiente. La organización remarca expresamente que el naturismo no tiene carácter sexual.
El cambio que comenzó en los años 2000
Los años 2000 marcaron un punto de inflexión para el nudismo argentino. La expansión de nuevos espacios, la aparición de una oferta turística relacionada con el naturismo y una mayor apertura social hacia diferentes formas de vivir el cuerpo permitieron que la práctica abandonara parcialmente su condición de fenómeno marginal.
Uno de los ejemplos más conocidos es Playa Escondida, ubicada en la costa bonaerense. El establecimiento se presenta como la primera playa naturista de Argentina y ofrece un entorno destinado a quienes desean practicar nudismo dentro de un ambiente familiar y organizado. Cuenta con servicios de seguridad, primeros auxilios, sanitarios y otras instalaciones para visitantes.
También existen otros espacios naturistas en Argentina, entre ellos Playa Querandí, en Villa Gesell, y Yatan Rumi, en las sierras de Córdoba. La existencia de estos lugares demuestra que el naturismo consiguió desarrollar una infraestructura propia y mantener una comunidad estable a lo largo de varias décadas.
Pero precisamente allí aparece la paradoja actual: los espacios existen, pero el relevo generacional no parece producirse al mismo ritmo.
¿Por qué los jóvenes se sienten menos atraídos?
Una de las explicaciones está relacionada con la transformación de la relación que las nuevas generaciones mantienen con su propio cuerpo.
Los jóvenes actuales crecieron en un entorno donde las imágenes corporales están presentes prácticamente de manera permanente. Instagram, TikTok y otras plataformas convierten el cuerpo en un elemento público, sometido constantemente a comparación, evaluación y comentarios.
Esto produce una contradicción. Por un lado, existe una enorme exposición corporal en las redes. Por otro, esa exposición suele estar cuidadosamente seleccionada: fotografías editadas, filtros, iluminación profesional, poses y cuerpos que responden a determinados estándares estéticos.
El resultado puede ser una mayor inseguridad corporal.
El psicólogo Roberto Sanz explicó al diario El País que la presión social y determinados modelos de belleza dificultan la aceptación del propio cuerpo, mientras que representantes del movimiento naturista español consideran que las redes sociales han generado una relación especialmente contradictoria con la desnudez.
La persona joven puede estar acostumbrada a ver miles de cuerpos diariamente en una pantalla y, sin embargo, sentirse incómoda ante la posibilidad de encontrarse físicamente con personas desnudas en un espacio naturista.
La paradoja de las redes sociales
El problema no es únicamente la vergüenza.
Existe otro factor que hace que algunos jóvenes sean más cautelosos: la posibilidad de ser fotografiados o grabados sin consentimiento.
En una playa convencional, una fotografía tomada a distancia puede contener accidentalmente a decenas de personas. En un espacio naturista, una imagen publicada sin autorización puede tener consecuencias mucho más graves para quien aparece en ella.
Esta preocupación está modificando incluso las normas de diferentes organizaciones naturistas.
La Federación Brasileña de Naturismo, por ejemplo, establece que cualquier registro fotográfico o audiovisual de personas naturistas desnudas requiere autorización previa cuando vaya a ser difundido, y considera especialmente grave utilizar imágenes de espacios naturistas con fines sexuales o ajenos a la práctica.
La preocupación también aparece en Europa. Un análisis publicado por El País sobre el naturismo alemán señaló que las redes sociales y el riesgo de fotografías sin consentimiento constituyen uno de los desafíos actuales para la continuidad generacional del movimiento.
Los adultos llegan con otra relación con el cuerpo
El comportamiento de los adultos puede explicarse, en parte, por una cuestión de experiencia.
A medida que las personas envejecen, algunas preocupaciones relacionadas con la apariencia física pueden perder importancia. El cuerpo deja de ser necesariamente un elemento destinado a competir con modelos estéticos y pasa a ser percibido como una parte natural de la identidad.
Para muchos practicantes, esa transformación genera una sensación de libertad que resulta difícil de experimentar durante la juventud.
La Federación Naturista Internacional sostiene que muchas personas que prueban por primera vez el nudismo descubren que la incomodidad inicial disminuye rápidamente cuando comprueban que los demás no están observándolos permanentemente y que los cuerpos reales presentan una enorme diversidad.
Ese aprendizaje puede ser precisamente una de las razones por las que los espacios naturistas concentran una población adulta: la confianza necesaria para desprenderse de la ropa puede llegar después de años de construir una relación menos conflictiva con el propio cuerpo.
No es solamente una cuestión de edad
Reducir el fenómeno a «jóvenes contra adultos» sería demasiado sencillo.
También existe una transformación en las formas de organización social. Las generaciones más jóvenes tienen una relación diferente con las asociaciones, clubes y estructuras tradicionales.
El movimiento naturista históricamente se organizó alrededor de clubes, asociaciones, playas y comunidades estables. Para una persona joven acostumbrada a organizar su vida social mediante redes digitales, ingresar a una organización con normas, membresías y estructuras tradicionales puede resultar menos atractivo.
El País identificó precisamente este problema en España: existe interés entre determinados jóvenes por experimentar con el nudismo, pero ese interés no siempre se transforma en participación permanente en organizaciones naturistas.
Esto significa que puede existir una diferencia entre practicar nudismo ocasionalmente y convertirse en miembro activo del movimiento naturista.
Una práctica que busca separarse de la sexualidad
Uno de los aspectos fundamentales para comprender el fenómeno es la diferencia entre desnudez y sexualidad.
Los organismos naturistas insisten en que la desnudez social no tiene necesariamente una finalidad sexual. El objetivo declarado es convivir con otras personas sin ropa en un contexto de respeto y normalidad.
La Federación Brasileña de Naturismo, por ejemplo, establece expresamente que el naturismo se practica sin intención o carácter sexual y que sus espacios deben mantener normas destinadas a proteger esa característica.
Esta separación es fundamental porque una de las principales barreras para el crecimiento del movimiento entre jóvenes puede ser precisamente el temor a ser asociados con una actividad sexual cuando la intención de los practicantes es completamente diferente.
Argentina ya tiene una infraestructura naturista
El país cuenta con una tradición y una infraestructura que permiten que la práctica continúe.
Playa Escondida, en la provincia de Buenos Aires, mantiene actualmente servicios de playa, guardavidas, primeros auxilios, sanitarios, estacionamiento y espacios gastronómicos, además de normas destinadas a preservar el carácter naturista y familiar del lugar.
La existencia de estos servicios también muestra cómo el naturismo pasó de ser una práctica marginal a convertirse, en determinados lugares, en una actividad vinculada con el turismo y el ocio.
El desafío está ahora en conseguir que ese modelo resulte atractivo para nuevas generaciones sin perder los principios que lo caracterizan.
El dilema del futuro
El nudismo argentino enfrenta una situación aparentemente contradictoria.
Por un lado, nunca hubo tanta conversación pública sobre el cuerpo, la identidad, la diversidad corporal y la libertad individual. Por otro, muchos jóvenes parecen mostrar mayores reservas frente a la desnudez colectiva organizada.
Las redes sociales pueden ser parte del problema, pero también podrían convertirse en parte de la solución. Una comunicación moderna que explique qué es realmente el naturismo, cuáles son sus normas y cómo se protege la privacidad podría reducir algunos de los prejuicios que todavía existen.
La clave estará en demostrar que una playa naturista no es simplemente un lugar donde las personas se quitan la ropa, sino un espacio con reglas de convivencia, respeto, privacidad y aceptación corporal.
Antes, ahora y después
Antes, el nudismo era una práctica mucho más clandestina y asociada con la transgresión social. Quienes lo practicaban debían organizarse en comunidades pequeñas y enfrentaban un fuerte rechazo cultural.
Ahora existe una infraestructura más consolidada, una definición internacional del naturismo y espacios reconocidos donde la práctica se desarrolla de manera organizada. Sin embargo, aparece un nuevo problema: la falta de participación de las generaciones más jóvenes.
Después, el futuro del movimiento dependerá de su capacidad para adaptarse a una sociedad dominada por las redes sociales, la exposición digital y una preocupación creciente por la privacidad.
El verdadero desafío no será convencer a todos los jóvenes de practicar nudismo. Será conseguir que quienes tengan interés puedan acercarse a esta actividad sin miedo al juicio, sin temor a ser fotografiados y comprendiendo que la desnudez naturista no constituye una invitación sexual, sino una determinada forma de relación con el cuerpo, con otras personas y con la naturaleza.
La paradoja es que el movimiento que durante décadas luchó contra el tabú de mostrar el cuerpo ahora enfrenta un problema diferente: en la era de la hiperexposición digital, conseguir que una persona se sienta suficientemente libre como para estar desnuda en un espacio real puede ser más difícil que nunca.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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