
Una reflexión de esperanza ante el comienzo de un nuevo capítulo para nuestra nación
Hay momentos en la historia de los pueblos que trascienden los nombres, los partidos políticos y las diferencias ideológicas. Momentos en los que una nación entera parece detenerse por un instante, mirar hacia atrás, reconocer sus heridas y preguntarse con esperanza: ¿y si esta vez logramos construir algo diferente?
Hoy Colombia comienza un nuevo capítulo.
La posesión de Abelardo de la Espriella como presidente de la República representa el comienzo de un nuevo Gobierno, pero también puede convertirse en una oportunidad para recordar algo mucho más profundo: Colombia es infinitamente más grande que cualquier presidente, cualquier partido y cualquier elección.
Esta tierra nos pertenece a todos. Al campesino que despierta antes que el sol para trabajar la tierra. Al comerciante que levanta cada mañana la puerta de su negocio sin saber cómo estarán las ventas. Al joven que sueña con estudiar y construir su futuro sin tener que abandonar su país. A la madre que trabaja incansablemente por sus hijos. Al empresario que genera empleo. Al maestro que educa. Al médico que salva vidas. Al policía y al soldado que regresan cada noche esperando volver a abrazar a sus familias.(incluso a quienes vinimos de otros paises a hacer de esta nuestra nueva patria).
Pero también pertenece a quien piensa diferente. Porque una democracia madura no se construye cuando todos pensamos igual, sino cuando aprendemos a reconocernos como compatriotas aun estando en orillas distintas. Colombia ha cargado durante demasiado tiempo con heridas profundas. Violencia, desigualdad, corrupción, narcotráfico, abandono territorial, polarización y una dolorosa costumbre de convertir al adversario político en enemigo.
Quizás uno de nuestros mayores desafíos sea comprender que ningún país puede sanar mientras sus ciudadanos aprendan a odiarse entre ellos.
Por eso, si verdaderamente queremos hablar de una “Patria Milagro”, el milagro no puede depender solamente de quien ocupe la Casa de Nariño.
El milagro tendrá que comenzar también en nosotros.
Será milagro cuando podamos discutir sin destruirnos.
Será milagro cuando la política vuelva a ser servicio y no venganza.
Será milagro cuando un niño nacido en la Colombia profunda tenga oportunidades semejantes a las de quien nace en una gran ciudad.
Será milagro cuando nuestros jóvenes puedan mirar hacia el futuro y decir con orgullo: “quiero construir mi vida aquí”.
Será milagro cuando el campesino pueda trabajar su tierra sin miedo.
Cuando emprender no sea una carrera de obstáculos.
Cuando nuestros ancianos puedan envejecer con dignidad.
Cuando la justicia pueda actuar sin importar el apellido, la riqueza o la ideología.
Y será un verdadero milagro cuando comprendamos que Colombia no necesita vencedores celebrando sobre colombianos derrotados; necesita colombianos capaces de levantarse juntos.
LA SABIDURÍA DE SALOMÓN
Existe una antigua historia bíblica que hoy adquiere un significado especial.
Cuando Salomón recibió la enorme responsabilidad de gobernar a su pueblo, Dios le permitió pedir aquello que quisiera. Podía haber pedido riquezas, poder, larga vida o la derrota de sus enemigos.
Pero Salomón pidió algo diferente.
Pidió sabiduría para gobernar.
Ese debería ser también nuestro deseo para quien desde hoy asume la responsabilidad de dirigir los destinos de millones de colombianos.
Que Dios le conceda al presidente Abelardo de la Espriella la sabiduría de Salomón.
Sabiduría para comprender que gobernar no significa solamente ejercer autoridad, sino escuchar.
Sabiduría para rodearse de personas capaces y honestas.
Sabiduría para reconocer un error antes de permitir que el orgullo lo convierta en una tragedia.
Sabiduría para distinguir entre justicia y venganza.
Firmeza para enfrentar la criminalidad, pero humanidad para comprender las profundas realidades sociales de nuestra nación.
Prudencia cuando las decisiones involucren la vida y el futuro de millones de personas.
Humildad para recordar que el poder es temporal, pero las consecuencias de las decisiones pueden permanecer durante generaciones.
Y, sobre todas las cosas, sabiduría para comprender que desde hoy no gobierna únicamente para quienes depositaron un voto a su favor.
Gobierna también para quienes votaron en su contra.
Gobierna para la derecha y para la izquierda.
Para creyentes y no creyentes.
Para empresarios y trabajadores.
Para quienes celebran este nuevo Gobierno y para quienes sienten incertidumbre frente a él.
Porque esa es quizás una de las mayores grandezas de la democracia: terminada la elección, permanecemos bajo una misma bandera.
COLOMBIA NO ESTÁ CONDENADA
A veces hemos escuchado tantas noticias dolorosas sobre nuestro país que podemos caer en el error de creer que Colombia está destinada al fracaso.
No es cierto. Colombia es una nación extraordinaria.
Tenemos una biodiversidad que maravilla al planeta, tierras fértiles, dos océanos, enormes recursos naturales, culturas profundamente diversas y, principalmente, millones de personas trabajadoras que todos los días hacen funcionar este país sin aparecer jamás en los titulares.
Nuestra mayor riqueza nunca ha estado únicamente debajo de nuestra tierra.
Nuestra mayor riqueza está en nuestra gente.
Por eso todavía podemos creer.
Creer en una Colombia donde la seguridad y los derechos humanos puedan caminar juntos.
Donde crecimiento económico y justicia social no tengan que ser enemigos.
Donde defender nuestras instituciones sea más importante que defender cualquier caudillo.
Donde podamos recuperar la confianza.
Donde la palabra patria no pertenezca a una ideología, sino a cincuenta y tantos millones de corazones que llaman hogar a esta misma tierra.
QUE EL MILAGRO NOS ENCUENTRE TRABAJANDO
Presidente, comienza ahora una responsabilidad inmensa.
Habrá decisiones difíciles. Habrá críticas. Habrá aciertos y seguramente también errores.
Pero detrás de cada estadística que llegue a su escritorio habrá seres humanos.
Detrás de una cifra de desempleo habrá una familia.
Detrás de una cifra de inseguridad habrá una víctima.
Detrás de una cifra de pobreza habrá un niño.
Detrás de cada decisión económica habrá hogares haciendo cuentas para llegar al final del mes.
Nunca permita que el poder convierta a las personas en números.
Gobierne escuchando.
Gobierne pensando en quienes todavía no tienen voz.
Gobierne con firmeza cuando sea necesario, pero también con humanidad.
Y cuando llegue una de esas noches inevitables en las que el peso de gobernar un país parezca demasiado grande, recuerde la petición de aquel antiguo rey:
“Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo.”
1 Reyes 3:9
Hoy no todos los colombianos piensan igual.
Y probablemente nunca lo harán.
Pero pueden compartir un mismo deseo:
que a Colombia le vaya bien.
Que disminuya la violencia.
Que haya oportunidades.
Que nuestros niños puedan crecer seguros.
Que nuestros jóvenes encuentren razones para quedarse.
Que nuestros campos vuelvan a florecer.
Que nuestras ciudades prosperen.
Que las familias puedan volver a caminar tranquilas por las calles.
Que la política deje de dividir hogares y que aprendan nuevamente a mirarse como colombianos propios antes que como adversarios.
Tal vez entonces comprendamos que una Patria Milagro nunca será obra de un solo hombre.
Será el resultado de millones de colombianos decidiendo creer nuevamente en Colombia y trabajando para hacerla mejor.
Hoy comienza una nueva página.
Que no sea escrita con odio.
Que no sea escrita con revancha.
Que sea escrita con justicia, carácter, reconciliación, oportunidades y esperanza.
Y que dentro de cuatro años puedan mirar hacia atrás, independientemente de sus posiciones políticas, y reconocer que Colombia avanzó.
Presidente Abelardo de la Espriella:
Que Dios ilumine cada decisión difícil.
Que le conceda humildad cuando tenga razón y grandeza para reconocer cuando se equivoque.
Que proteja a su familia.
Que ponga personas honestas y sabias a su alrededor.
Que jamás permita que olvide al colombiano que siente que nadie lo escucha.
Y que aquella sabiduría que Salomón pidió para gobernar también acompañe cada día de su mandato.
Porque cuando a un gobernante le va bien haciendo el bien, cuando las instituciones se fortalecen y cuando las decisiones están verdaderamente encaminadas hacia el bienestar colectivo, no triunfa un partido político: triunfa Colombia.
Que comience entonces este nuevo capítulo.
Que Dios proteja nuestra tierra.
Que Dios acompañe a cada colombiano.
Que Dios bendiga a Colombia.
Y que la historia que hoy comienza sea escrita con sabiduría, justicia y humanidad.
Dios lo bendiga grandemente, Presidente.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
ELIZABETH RONDóN
Venezolana y actualmente residente en Cali, Colombia, cuenta con una amplia trayectoria en temas relacionados con el desarrollo personal y organizacional.

