
Cuando solía viajar mucho, siempre llevaba conmigo mi plan de lectura de la Biblia. De esa forma, aunque estuviera a miles de millas de casa, mi esposo Ken y yo seguíamos al día y sincronizados con nuestras lecturas diarias. Más de veinte años después, ya no puedo viajar, pero Ken y yo seguimos haciendo nuestro recorrido anual desde Génesis hasta Apocalipsis.
Leer la Biblia varias veces amplía y exalta nuestra visión de Dios. Siempre lo hemos visto como soberano y majestuoso, pero hoy en día levantamos la mirada de nuestras Biblias, para maravillarnos ante la deslumbrante gloria del Dios Todopoderoso.
Él hace lo que decreta: forma pensamientos en la mente de los monarcas, abre la tierra para tragarse a los rebeldes, dirige flechas perdidas para cumplir Su plan de batalla y se impone a una bruja que invoca a un profeta fallecido para confrontar a un rey. Lo mismo sucede en el Nuevo Testamento: Dios frustra los planes diabólicos para convertir el peor asesinato del mundo en la única salvación del mundo. Cuando meditas en estas cosas —como solemos hacer Ken y yo—, sales con una visión elevadísima de la soberanía de Dios.
Eso, para mí, es reconfortante. Sin embargo, aquí estoy, afligida por llagas y cicatrices, con un dolor cada vez mayor, una tetraplejia y la amenaza constante de una neumonía mortal. ¿Cómo es posible, entonces, que me consuele la doctrina del dominio absoluto de Dios sobre cada momento de mi dolor y mi parálisis? ¿Por qué incluso animaría a los cristianos a considerar la providencia de Dios como la máxima fuente de gran consuelo?
Las respuestas se encuentran en las doctrinas de la gracia, aquellos preciados cánones de nuestra fe que exaltan la soberanía de Dios en nuestra salvación pasada, presente y futura.
1. Depravación total
Me aferro a Romanos 5:6: «Porque mientras aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos». Sin embargo, cuando era adolescente y nueva creyente, me consideraba ligeramente débil y solo un poco impía. Pensaba que le había hecho un gran favor a Jesús al aceptarlo como mi Salvador.
Entonces me fracturé el cuello. De golpe, me di cuenta de lo débil que era espiritualmente. Dios ya no cabía en el bolsillo trasero de mis pantalones. Así que, durante dos años, yacía desamparada en el fondo de un mortero hasta que Dios, en Su misericordia, aplastó mi orgullo con Su mazo.
Dios no se replantea Su decisión de salvarme. Nada de lo que haga puede anular Su decisión de incluirme en Su rebaño
Casi seis décadas después, el sufrimiento sigue poniendo al descubierto mi pecado y rebajando la estima que tengo de mí misma. Las aflicciones me hacen humillarme bajo la mano firme pero amorosa de Dios, quien revela cuán absolutamente débil es mi debilidad. Al igual que físicamente no puedo hacer nada por mí misma, nunca podría aportar ni siquiera un micrómetro de dignidad moral a mi salvación.
¿Esa adolescente? Estaba ciega ante su orgullo y su depravación. Sin embargo, Dios le concedió una fe salvadora y un espíritu de arrepentimiento. Ella todavía no entiende por qué un Dios santo derramaría Su bondad sobre ella, pero esa es la belleza de encontrar a Cristo en tu depravación total: hace que la gloria de Dios sea aún más gloriosa.
2. Elección incondicional
Efesios 1:4-5 es un consuelo tan suave como una pluma: «Porque Dios nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. En amor nos predestinó para adopción como hijos para Sí mediante Jesucristo, conforme a la buena intención de Su voluntad». Dios ya tenía Sus ojos puestos en mí mucho antes de que se creara el universo; en amor, me llamó antes incluso de que comenzaran mis sufrimientos. Aun si mis aflicciones empeoran, nada puede quitarme mi redención eterna.
Cuando pierdo los estribos debido a mis limitaciones, Dios no se replantea Su decisión de salvarme. Nada de lo que haga puede anular Su decisión de incluirme en Su rebaño. Aunque hay momentos en los que soy todo menos una buena embajadora de Cristo en mi silla de ruedas, mi Dios amoroso envía a Su Espíritu para corregirme y fortalecerme.
Puedo regocijarme en mi sufrimiento porque mi salvación descansa en el amor eterno de Dios, no en mi capacidad para mantener un historial impecable. Parafraseando Romanos 8:38-39: «Estoy convencida de que ni la muerte ni la vida» —ni la neumonía, ni el dolor insoportable, ni la parálisis total, ni el cáncer— «ni ninguna otra cosa en toda la creación podrá separarme del amor de Dios en Cristo Jesús, nuestro Señor».
Puede que viva en una silla de ruedas, ¡pero vivo para alabar Su gloriosa gracia!
3. La expiación definitiva
Cuando Ken y yo abrimos nuestras Biblias en la lectura diaria del 20 de julio, un versículo en especial me hace temblar. Oseas 1:9 dice: «Y el SEÑOR dijo: “Ponle por nombre Lo Ammí, porque ustedes no son Mi pueblo y Yo no soy su Dios”». La idea de que Dios diga: «Tú no eres mía, Joni» me llena el corazón de terror.
Si sufres, aprende a amar la palabra redención. La expiación segura de Cristo redimirá nuestros cuerpos quebrantados, plagados de pecado y dolor
Gracias a Dios, Jesús no murió para ofrecerme la posibilidad de la salvación. Murió para salvarme específicamente a mí, pagando en la cruz por todos mis pecados, por muy repugnantes que sean. Es reconfortante saber que Jesús estaba pensando en mí aquel día en el Gólgota.
Incluso al principio, cuando la tetraplejia me hizo replantearme la fe cristiana, Cristo ya había asegurado mi salvación. Por eso, pase lo que pase, tengo el consuelo de saber que Jesús compró mi salvación por completo.
Puede que me retuerza bajo el peso de diversas aflicciones, pero no tengo por qué preocuparme de si llegaré al cielo. La expiación de Cristo fue definitiva, no incierta. Mi paso al cielo está completamente pagado, tal y como promete Hebreos 9:12: «entró al Lugar Santísimo una vez para siempre, […] por medio de Su propia sangre, obteniendo redención eterna».
Si sufres, aprende a amar la palabra redención. La expiación segura de Cristo redimirá nuestros cuerpos quebrantados, plagados de pecado y dolor. Entonces le daremos gloria por los siglos de los siglos.
4. La gracia irresistible
Ken Tada es un cuidador extraordinario, pero mi discapacidad puede abrumarle. Puede sentirse atrapado por mis interminables necesidades físicas: limpiarme la nariz, nebulizar mis pulmones, mantener mi silla de ruedas, ocuparse de las rutinas de higiene, hacer inventario de los medicamentos, y así sucesivamente. No es de extrañar que, de vez en cuando, se sienta atrapado, deprimido y simplemente cansado.
Cuando eso sucede, Ken a veces me hace la ley del hielo. Pero su actitud distante es mi señal para orar por él. Le pido a Dios que lleve sus cargas (Sal 68:19), abra su corazón (Ef 1:18), lo atraiga hacia Jesús (Jn 6:44) y le conceda la gracia que necesita para perseverar, tal y como dice en Santiago 1:12: «Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que lo aman».
Cuando oro de esta manera, utilizando las Escrituras, mi esposo siempre responde a la gracia que Dios le concede. Antes de que termine el día, Ken dejará a un lado el peso de mis necesidades, respirará hondo y seguirá «[corriendo] con paciencia la carrera que [tiene] por delante» (Hebreos 12:1).
Por Su gracia, Dios no solo salvó a Su pueblo en el pasado, sino que sigue salvándolo día tras día. La gracia irresistible es un verdadero consuelo para cualquier cuidador agotado.
5. La perseverancia de los santos
Mi amiga Kara vive con un dolor terrible. Juntas hemos clamado: «¡Oh, Dios, nuestras aflicciones son duras! Estamos resbalando. ¡Por favor, ayúdanos, danos gracia y haz que las oraciones que hacemos la una por la otra sean efectivas!».
Sabemos que Jesús también ora por nosotros. Como le dijo a Su discípulo débil y vacilante: «Yo he rogado por ti para que tu fe no falle» (Lc 22:32). Al igual que Pedro, nuestra fe puede verse sacudida hasta lo más profundo por una gran aflicción, pero no se extinguirá. Los que son verdaderamente salvos serán preservados.
Cuando la vida nos despoja de la confianza humana, las doctrinas de la gracia nos aseguran que la salvación descansa por completo en nuestro Dios
Para ayudarnos a Kara y a mí a perseverar, nos hemos aprendido de memoria Judas 24-25: «Y a Aquel que es poderoso para guardarlos a ustedes sin caída y para presentarlos sin mancha en presencia de Su gloria con gran alegría, al único Dios nuestro Salvador, por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea gloria, majestad, dominio y autoridad, antes de todo tiempo, y ahora y por todos los siglos. Amén».
La doxología de Judas es la promesa de Dios de guardarnos hasta el final. Él preservará nuestras almas y nos capacitará para correr la carrera que tenemos por delante. Perseveraremos a lo largo de todo nuestro proceso de santificación hasta que Dios nos llame a casa para nuestra glorificación. Diremos con el anciano apóstol Pablo: «He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe» (2 Ti 4:7).
La mano de la providencia
Cuando Ken y yo leemos la Biblia de principio a fin cada año, podemos seguir fácilmente la huella de la providencia de Dios en casi todos los capítulos. Dios sigue abriendo nuestros ojos a las hermosas doctrinas de la gracia en medio de nuestras dificultades. Él utiliza nuestro sufrimiento para refinar nuestra fe (He 2:10), fortalecer nuestra esperanza (Job 13:14-15), purificar nuestros corazones del pecado (Sal 107:17), forjar nuestro carácter (Ro 5:2-5) y aumentar nuestra recompensa eterna (2 Ti 2:12).
Las doctrinas de la gracia se muestran más preciosas en épocas de sufrimiento, debilidad o fracaso. Cuando la vida nos despoja de la confianza humana, estas doctrinas nos aseguran que la salvación pasada, presente y futura descansa por completo en nuestro Dios sabio y amoroso.
Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por María del Carmen Atiaga.
Publicado por: Joni Eareckson Tada
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/cinco-puntos-dolor/
También estamos en Telegram como @prensamercosur, únete aquí: Telegram Prensa Mercosur
Recibe información al instante en tu celular. Únete al Canal del Diario Prensa Mercosur en WhatsApp a través del siguiente link: https://whatsapp.com/channel/0029VaNRx00ATRSnVrqEHu1
También estamos en Telegram como @prensamercosur, únete aquí: https://t.me/prensamercosur
Recibe información al instante en tu celular. Únete al Canal del Diario Prensa Mercosur en WhatsApp a través del siguiente link: https://www.whatsapp.com/channel/0029VaNRx00ATRSnVrqEHu1W
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN CENTRAL
Prensa Mercosur es un diario online de iniciativa privada que fue fundado en 2001, donde nuestro principal objetivos es trabajar y apoyar a órganos públicos y privados.
- ★Programa Chevening inicia seleção para bolsas integrais de mestrado no Reino Unido
- ★¿Por qué los casi 808.000 afiliados del PP no cuadran con sus cuotas?
- ★Bastidores do EAD: Como o sonho do polo próprio se transforma em pesadelo para pequenos investidores
- ★El fuego arrasó el lugar dos veces, pero el crucifijo permaneció en pie: la historia detrás de la foto de la que todos hablan
- ★Suba de combustibles: la advertencia de “Bachi” Núñez a los emblemas privados

