
Todas hemos tenido días en los que pareciera que nuestra mente simplemente no se detiene. Estamos llenas de pensamientos que van de un lado a otro, imaginamos escenarios, nos sentimos llenas de culpa, ansiedad o temor. Tenemos recuerdos dolorosos, y repetimos conversaciones una y otra vez. Nos acostamos pensando que lograremos descansar, pero nuestra mente sigue despierta y no sabemos cómo silenciar ese ruido interno que no nos deja dormir.
Esta es la lucha de muchas: pensamientos intrusivos, introspección obsesiva, ansiedad constante o una sensación de condena que no desaparece. Y aunque solemos pensar que el problema está solo en las circunstancias que disparan nuestras emociones, la Biblia nos muestra que más que una batalla con lo de afuera, el problema está dentro de nosotras.
Tu razonamiento no es confiable
La Escritura dice mucho sobre nuestra mente. Nos dice que el pecado afectó nuestra manera de pensar (Ro 1:21). Describe al ser humano, bajo los efectos de la caída, como alguien con el entendimiento entenebrecido (Ef 4:18). Y nos recuerda que existen razonamientos y pensamientos que se levantan contra el conocimiento de Dios (2 Co 10:5).
Todo lo anterior nos apunta a una realidad importante: Si nuestra mente está afectada por el pecado (y lo está), eso significa que no todo lo que pensamos es verdad.
Dios te llama a venir a Su verdad, a descansar en Su carácter y a permitir que Su Palabra transforme tu mente
Vivimos en una cultura que nos enseña a confiar ciegamente en nuestros pensamientos y emociones. «Sigue tu corazón», «Haz lo que sientas», «Sigue tu verdad», escuchamos. Pero la Biblia confronta esa idea. Nuestra mente, afectada por el pecado, no es completamente confiable. Aun como creyentes, seguimos luchando con formas distorsionadas de interpretar la realidad.
Por eso muchas veces magnificamos problemas, asumimos escenarios que no han ocurrido o interpretamos nuestras emociones como si fueran la autoridad absoluta. Pensamos: «Nunca voy a cambiar», «Todo depende de mí», «No puedo estar en paz hasta que esta situación cambie», «Estoy definida por lo que me pasó», «Dios debe estar decepcionado de mí».
Todo esto nos lleva a vivir agotadas, porque nos dejamos llevar por nuestros pensamientos en vez de detenernos a examinar lo que está pasando en nuestra mente. Simplemente, decidimos creerle en automático. Pero gracias a Dios que no nos deja desprovistas en esta lucha.
4 preguntas para examinar nuestros pensamientos
La Palabra nos instruye: «Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto» (Ro 12:2).
Eso implica que nuestros pensamientos necesitan ser examinados, confrontados y redireccionados continuamente. Para poder lograrlo, puede ayudarnos hacernos estas cuatro preguntas:
1. ¿Lo que estoy pensando es verdad?
Muchas veces vivimos angustiadas y atrapadas en pensamientos sobre cosas y situaciones que ni siquiera son reales. Sufrimos por circunstancias que no han ocurrido, pero que tememos que ocurran. La Biblia nos llama a pensar en lo verdadero y a vivir en el presente, no en la ansiedad por el futuro (Fil 4:8).
2. ¿Este pensamiento refleja el carácter de Dios?
Hay momentos en los que los pensamientos que tenemos no son acorde al carácter de Dios, según Él mismo lo reveló en Su Palabra. Quizás son pensamientos que entretienen algún pecado u otros que olvidan que Dios es fiel y poderoso para obrar en nuestra situación. ¿Cómo cambiaría tu razonamiento si consideras quién es Dios?
3. ¿Este pensamiento está completo o le falta el evangelio?
Puede que lo que estemos pensando sea verdad, en parte, pero que a ese pensamiento le falte la realidad del evangelio. Esos pensamientos pueden verse como «¡Qué pecadora soy!». Este sería un pensamiento real, pero si solo nos quedamos con eso, estamos dejando fuera el evangelio de nuestro Señor. El pensamiento debería ser «¡Qué pecadora soy! Gracias a Jesús por Su perdón» (cp. Ro 7:24-25). Considera entonces, cómo el evangelio puede cambiar tu modo de razonar.
4. ¿Qué dice la Palabra sobre esto?
Examinar nuestros pensamientos requiere que el filtro para analizarlos sea la Palabra de Dios. Esto requiere intencionalidad de nuestra parte, porque muchas veces no llevamos nuestros pensamientos a la Palabra de manera automática. Así que lee la Palabra, identifica la verdad y examina tus pensamientos.
Aférrate del evangelio
Examinar nuestros pensamientos de esta manera requiere humildad. Significa reconocer que nuestra perspectiva puede estar equivocada. Que nuestra ansiedad no interpreta correctamente la realidad. Que nuestra culpa puede olvidar el evangelio. Que nuestro deseo de control revela falta de confianza en la soberanía de Dios.
Cuando el temor domina nuestra mente, necesitamos recordar el carácter fiel y soberano de Dios
Pablo nos recuerda que es posible luchar por medio del poder de Dios, «destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo» (2 Co 10:5). No debemos permitir que nuestros pensamientos corran libremente sin ser evaluados a la luz de la verdad. La Biblia no nos llama a ignorar lo que sentimos ni a pretender que nuestras luchas no existen. Se trata de someter nuestra mente al señorío de Jesús.
Y eso cambia profundamente la manera en que respondemos a nuestra vida diaria.
Cuando el temor domina nuestra mente, necesitamos recordar el carácter fiel y soberano de Dios. Cuando la culpa nos consume, necesitamos recordar nuestra justificación en Cristo. Cuando creemos que todo depende de nosotras, necesitamos recordar que solo Dios transforma corazones. Cuando sentimos desesperanza, necesitamos levantar la mirada hacia Sus promesas eternas.
Descansa en la victoria de Cristo
En medio de la realidad de la lucha en nuestra mente, hay esperanza para nosotras: en Cristo no somos esclavas de nuestros pensamientos.
Jesús no solo vino a perdonar nuestro pecado, también vino a transformarnos conforme a Su imagen. Pablo dice: «Porque ¿quién ha conocido la mente del Señor, para que lo instruya? Pero nosotros tenemos la mente de Cristo» (1 Co 2:16). Que los creyentes tengamos la mente de Cristo no significa que nunca lucharemos mentalmente, pero sí significa que el Espíritu Santo está obrando en nosotras para renovar nuestra manera de pensar, que Él hace posible que podamos entender Su Palabra y verle a Él revelado en ella.
Tal vez hoy tu mente se siente como un campo de batalla. Pero aun allí, Dios está presente. Él conoce tu debilidad, tu cansancio y tus luchas internas. Y Él no te llama simplemente a «pensar positivo». Él te llama a venir a Su verdad, a descansar en Su carácter y a permitir que Su Palabra transforme tu mente. Sí, la batalla en nuestra mente es real, pero es una que descansa en la victoria de Cristo.
Patricia Namnún
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/examina-razonamiento-corazon/
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