
La reciente firma del Compromiso de Asunción, tras la celebración conjunta de la 55.ª Reunión de Ministros del Interior y la 63.ª Reunión de Ministros de Justicia, ha marcado un hito en la política de seguridad regional del Mercosur. Este tratado no es solo una declaración de principios, sino una herramienta operativa que otorga poderes sin precedentes a las fuerzas de seguridad para colaborar en la persecución de organizaciones criminales transnacionales. El compromiso establece mecanismos de persecución en caliente que permiten, bajo estrictos protocolos de control, que las fuerzas policiales crucen las fronteras nacionales para detener a criminales que operan en zonas limítrofes, una medida que históricamente había sido un tabú político debido a preocupaciones sobre la soberanía nacional.
Este giro hacia una política de seguridad integrada es la respuesta directa a la creciente influencia de los cárteles y las bandas de narcotráfico que han encontrado en las fronteras porosas del bloque el escenario ideal para sus operaciones ilegales. Los ministros han hecho énfasis en que el crimen organizado es hoy la mayor amenaza para la estabilidad democrática de los países del Mercosur. La implementación de una base de datos regional de criminales de alta peligrosidad, compartida en tiempo real, es uno de los pilares tecnológicos de esta nueva alianza. Este esfuerzo de inteligencia colaborativa busca terminar con el refugio que encontraban los delincuentes al saltar de una jurisdicción a otra, aprovechando las deficiencias en la comunicación administrativa entre las policías nacionales.
La implementación del Compromiso de Asunción también contempla la creación de un centro de entrenamiento regional para fuerzas especiales, donde se compartirán tácticas de combate contra la ciberdelincuencia y el lavado de activos. Brasil, que recientemente promulgó las leyes internas para permitir esta cooperación transfronteriza, ha sido el principal impulsor de esta iniciativa, argumentando que la seguridad nacional es indisoluble de la seguridad regional. Otros Estados miembros han seguido este camino, reconociendo que la capacidad de los gobiernos para garantizar el orden público depende de una respuesta que sea tan transnacional como el crimen mismo, superando los límites físicos que han servido de protección a los grupos criminales durante décadas.
El debate político tras la firma ha sido intenso, con sectores de la oposición expresando cautela sobre la supervisión de estas medidas. Los ministerios de justicia han asegurado que el Compromiso de Asunción incluye una cláusula de control parlamentario que será auditada por un comité técnico del Mercosur. La transparencia en el uso de estas facultades excepcionales es considerada fundamental para mantener la legitimidad del proyecto frente a la ciudadanía. Las autoridades subrayan que, aunque las medidas son extraordinarias, se aplicarán bajo un marco de pleno respeto a los derechos humanos y las libertades individuales, evitando cualquier abuso por parte de las fuerzas de seguridad involucradas.
En el ámbito diplomático, el éxito de este enfoque está siendo observado con atención por otros bloques internacionales, que ven en el Mercosur un laboratorio de cooperación policial en contextos de alta inestabilidad. La capacidad del bloque para institucionalizar una respuesta frente a amenazas comunes a través de este compromiso es vista como una maduración política necesaria. Los gobiernos esperan que, en el transcurso de los próximos 18 meses, esta política se traduzca en una baja palpable en los índices de criminalidad en las ciudades fronterizas, mejorando las condiciones de vida de las poblaciones locales y restaurando la confianza en la capacidad de respuesta del Estado frente a la violencia.
Finalmente, el Compromiso de Asunción refuerza la idea de que la seguridad es un bien público regional que debe ser gestionado con visión de Estado. La cooperación permanente entre ministerios de interior y justicia ahora se ve como una estructura estable, diseñada para perdurar más allá de los ciclos electorales en los países miembros. El Mercosur no solo se proyecta hoy como una alianza comercial, sino como una comunidad de seguridad que entiende que la estabilidad democrática de cada uno de sus integrantes es, en última instancia, el factor más importante para la prosperidad y el bienestar de todos los ciudadanos que habitan en la región sur del continente.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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