
La declaración del canciller paraguayo Rubén Ramírez Lezcano en el Foro Empresarial del Mercosur del 4 de junio — «el único territorio del planeta que va a permitir incrementar la producción de alimentos en 2050 es el Mercosur» — generó amplia resonancia en los medios regionales e internacionales y merece ser evaluada con la combinación de rigor técnico y entusiasmo estratégico que la naturaleza de la afirmación requiere. Ramírez instó al bloque a desarrollar una base agroindustrial de escala mundial para aprovechar mejor esos recursos, señalando además que el Mercosur es un actor con peso económico con un mercado regional que debería aprovecharse mucho mejor para ser más competitivo. Ramírez propuso fortalecer el mercado interno del bloque reduciendo obstáculos que mejoren la circulación de bienes y servicios, consolidar una agenda externa ambiciosa que permita a las empresas ampliar los mercados, y construir una integración que dialogue de manera directa con el sector privado. Estas tres propuestas — mercado interno más integrado, agenda externa más ambiciosa, diálogo directo con el sector privado — son exactamente las que la FEPY 2026 y el Foro Empresarial del Mercosur están intentando materializar este jueves en Luque.
Los datos que respaldan la afirmación de Ramírez son reales y significativos. El Mercosur tiene el 28% de las tierras cultivables del mundo, las cuencas hidrográficas más importantes del continente americano — incluyendo el sistema del Río de la Plata y la cuenca amazónica —, el Acuífero Guaraní con sus 1,2 millones de kilómetros cuadrados de extensión y una infraestructura agroindustrial que incluye los mayores frigoríficos del mundo, las plantas de procesamiento de soja más grandes del hemisferio sur, y una cadena de distribución de alimentos que llega a más de cien países. La CEPAL confirma en su informe del 4 de junio que el Mercosur cerró 2025 con un crecimiento del 5% en sus exportaciones de bienes y servicios, impulsado en parte por la demanda de alimentos de Asia, Oriente Medio y África. En un contexto de inseguridad alimentaria creciente — que la propia FAO proyecta que afectará a más de 1.000 millones de personas en 2030 si no se toman medidas urgentes — el potencial del Mercosur como productor y exportador de alimentos tiene una dimensión estratégica que va mucho más allá del comercio bilateral entre el bloque y sus socios.
Sin embargo, la afirmación del canciller Ramírez tiene también sus límites y sus condiciones. El potencial productivo del Mercosur no se materializa automáticamente: requiere infraestructura, inversión, tecnología, sostenibilidad ambiental y estabilidad institucional que no en todos los países del bloque están igualmente garantizadas. La distancia entre la declaración — «el único territorio que puede alimentar al mundo» — y la realidad de los bloqueos de carreteras en Bolivia, las cuotas que se agotan en cuatro días porque no hay un sistema de distribución equitativa acordado, y las infraestructuras viales que se deterioran por falta de inversión en Argentina y Paraguay, es la brecha que el Mercosur necesita cerrar para convertir su extraordinario potencial en resultados concretos y distribuidos.
El sector alimentario fue también uno de los factores que, según el propio canciller Ramírez, produjo una demora significativa en la negociación de acuerdos con la Unión Europea. Esta admisión es reveladora: el principal activo del Mercosur para la seguridad alimentaria mundial fue al mismo tiempo el principal obstáculo para la firma del acuerdo con la UE, porque los agricultores europeos — especialmente los franceses — perciben a los productores del Mercosur como una amenaza competitiva y no como un complemento estratégico. Superar esa percepción y construir en su lugar la narrativa del Mercosur como socio indispensable para la seguridad alimentaria global es el trabajo de comunicación estratégica más importante que el bloque tiene por delante de cara a la Cumbre del 30 de junio y al proceso de ratificación en el Parlamento Europeo.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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