
Ni siquiera en medio del dolor por la definitiva ausencia del que fuera su progenitor, la señora Clemencia Vargas, hija del extinguido prócer de Cambio Radical, pudo contener su discurso estigmatizador y de odio en contra de Cepeda y sus más de 15 millones de “secuaces”.
Esos mismos secuaces que nada bueno tenemos que decir del presunto “legado” de su padre, mismo que como asegura con mirada crítica don Ruperto Manzanares, un parroquiano, ya entrado en años, de la zona céntrica de la ciudad, “La señora Vargas relaciona con las vías que se construyeron con dineros públicos y, por supuesto, como es habitual con sobrecostos y problemas de calidad, durante su gestión como vicepresidente.”
Durante su gobierno, el ahora expresidente Juan Manuel Santos lo puso a liderar y controlar la ejecución de decenas de obras de infraestructura, en una clara maniobra que pretendía empoderarlo ante la opinión pública para que lo reconociera como el gran ejecutor y lo llevara a la presidencia como heredero de Santos.
Su mal carácter, empero, le truncó esa posibilidad: En las retinas de los colombianos quedó grabada la indignante escena cuando el señor Vargas Lleras agredió a “cocotazo” limpio a uno de sus escoltas quien prudentemente se abstuvo de responder al ultraje.
Germán Vargas Lleras tuvo una precoz aparición en la escena política colombiana cuando, siendo un niño, fue retratado encaramado sobre el augusto escritorio de su abuelo Carlos Lleras Restrepo como si fuera un tribuno con gestos grandilocuentes de uno que estaba destinado a ser algún día el usuario de ese mismo rancio mamotreto.
Fue Liberal, neoliberal y, en sus últimos años, defensor a ultranza del establecimiento, de la tradición, de la familia, de la propiedad, en especial de las gentes “bien” de las más encopetadas dinastías de este país pacato y godo. No obstante, sus diferencias con el señor Álvaro Uribe, Germán, próximo a su partida hacia el infinito olvido, aconsejó a sus, cada vez más escasos, seguidores votar por la candidata de la aristocracia terrateniente, hija putativa de Uribe, candidata de la ultraderecha, Paloma Violencia.
“Los políticos de los ricos casi siempre tienen esa metamorfosis: Desde posturas de centroderecha hasta llegar a respaldar y aplaudir a la ultraderecha”, manifestó doña Claudia Torres, turista cartagenera, visitante de ocasión del centro de Bogotá.
Los “secuaces” de Cepeda a los que alude con infinito desprecio la atribulada señora Vargas, también seremos los que, voto a voto y derrotando a la Registraduría y a los conspiradores de Thomas Greg, llevaremos a Iván Cepeda a ocupar el solio de Bolívar que fue tan esquivo para el señor Vargas.
En este país la muerte ya no sorprende a nadie, pero aún en este lodazal de sangre no todas las muertes son iguales.
La desaparición y asesinato del joven periodista Mateo Pérez es una tragedia en un país que vive de tragedia en tragedia, que ni siquiera se indignó lo suficiente cuando la JEP reveló que ya no eran 6402 los asesinatos de jóvenes desempleados perpetrados por “manzanas podridas” de las fuerzas armadas con la indiferencia del gobierno de Uribe.
Como si se tratara de una cifra sin importancia los muertos pasaron de 6402 a 7837, 1435 jóvenes más, 1435 vidas apagadas.
Yarumal, tierra que ha sido escenario de los crímenes de los paramilitares al mando de Santiago apóstol, también de las nefastas disidencias de las FARC al mando de Calarcá, es la zona donde se registró el ataque contra un joven, valiente e indignado periodista que indagaba acerca de las recientes acciones de los violentos.
Un joven más que esta guerra infame cobra, un joven prometedor, comprometido con su oficio.
Mientras era asesinada esa joven promesa del periodismo en una remota zona del país, aquí muy cerca, en su elegante y costosa residencia moría Germán Vargas Lleras, uno de los sujetos más ricos de este país, un animal político arrogante y clasista que muchas veces propuso no sólo acabar con el salario mínimo, sino también imponer la contratación flexible por horas y reducir al mínimo los beneficios y derechos laborales de los colombianos de a pie.
Vargas Lleras fue un tipo que lo tuvo todo, que pudo haber hecho mucho para proteger la vida de tantos jóvenes, un tipo que defendió sus intereses de clase a despecho del interés popular: Protagonista de primera línea de la política tradicional, señalado de participar en muchos de los más indignantes escándalos de corrupción en los últimos años en este país.
Se marcha sin responder ni dar explicación alguna por los desaguisados del partido que creó y lideró: El delincuencial Cambio Radical, uno de los colectivos más corruptos y clientelistas de este país.
No deja un país mejor, la verdad nunca hizo nada por eso, ¿por qué, acaso, podría haber reclamado la paternidad de alguna iniciativa para mejorar la vida, la seguridad, la salud, la educación y el futuro de los colombianos?
No todas las muertes son iguales, no todas las muertes son igualmente dolorosas, trascendentales ni lamentables.
Lamento mucho la precoz e injusta partida de Mateo.
Germán Vargas muere después de una larga vida, nada le debemos, nada se llevó, pero a su paso dejó mucha discordia, desigualdad, corrupción y muerte…
POR CARLOS FAJARDO
PARA PRENSA MERCOSUR
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CARLOS FAJARDO
Médico, felizmente casado y, como si fuera poca la dicha, pensionado, no dejamos títere con cabeza y a cada i le asignamos con holgura y generosidad su correspondiente punto.
