
Paraguay tiene dos cuerpos de agua que generan preguntas sin respuesta: el Ypacaraí, famoso por su canción, pero que muere y revive con una lógica que la ciencia no termina de explicar; y el Ypoá, donde una isla flotante cambia de lugar entre una visita y la siguiente, y donde en 1982 los lugareños vieron una criatura de siete metros con cabeza de caballo que nadie ha podido identificar.
En el centro-este de Paraguay se extiende el Lago Ypacaraí, conocido internacionalmente por el valor paisajístico que le dio su nombre en la famosa canción de Demetrio Ortiz, y también por ser uno de los mayores enigmas ambientales del Cono Sur. Cambios abruptos en la coloración del agua, mortandad repentina de peces, proliferación cíclica de algas tóxicas y variaciones inexplicables en su equilibrio ecológico generaron en las últimas décadas interrogantes que van mucho más allá de la contaminación clásica. Los informes oficiales atribuyeron el deterioro al vertido de residuos urbanos e industriales. Pero investigadores locales señalaron algo perturbador en los datos: la magnitud y rapidez de algunos episodios de degradación no coincidía plenamente con los niveles de carga contaminante registrados. En determinadas ocasiones, el lago mostró procesos de degradación acelerada seguidos por períodos de recuperación parcial sin intervención directa, un comportamiento que los modelos hidrológicos convencionales no logran explicar de manera consistente. Prensa Mercosur publicó en marzo de 2026 una investigación específica sobre el Ypacaraí en la que concluye que «el caso está abierto tanto para la ciencia como para la opinión pública».
Uno de los aspectos más intrigantes para los especialistas es la variabilidad espacial del deterioro: en determinados sectores del lago, las condiciones son críticas, mientras que en otros —incluso en lapsos de tiempo muy cortos— se mantienen parámetros relativamente estables. Modelos hidrológicos convencionales no logran explicar estas diferencias, lo que llevó a plantear hipótesis relacionadas con corrientes subterráneas, aportes invisibles desde cuencas secundarias o procesos biológicos aún poco estudiados. A pesar de múltiples campañas de muestreo, no existe consenso técnico absoluto que permita predecir con certeza el comportamiento futuro del lago. Esta incertidumbre científica se superimpone a una profunda capa cultural: desde tiempos precolombinos, el lago ocupa un lugar central en la cosmovisión guaraní. Relatos ancestrales describen al Ypacaraí como un «agua viva», habitada por espíritus protectores y entidades que regulan su equilibrio. La leyenda de Ysyry, la doncella que se arrojó al río por amor y cuyas lágrimas formaron el lago, explica el nombre mismo: Y-Pacaraí, «lugar donde se producen visiones». Hoy, según los relatos locales recogidos por el sitio Los Mitos y Leyendas, aún se pueden escuchar los sollozos de la doncella cuando llega la noche sobre las aguas.
«Incluso los especialistas más críticos reconocen que el Ypacaraí presenta comportamientos atípicos en comparación con otros lagos de características similares en la región.»
— Prensa Mercosur, «El lago Ypacaraí: entre ciencia inconclusa, mitos guaraníes y un misterio ambiental», marzo de 2026
El Ypoá: la isla que cambia de lugar y el presidente que creyó en el monstruo
A unos 50 kilómetros al suroeste del Ypacaraí, en los límites de los departamentos Central y Paraguarí, se extiende el Lago Ypoá. Si el Ypacaraí desconcierta a los científicos por su comportamiento ecológico, el Ypoá lo hace por razones más difíciles de catalogar. El periodista Andrés Colmán Gutiérrez, uno de los cronistas más respetados del Paraguay contemporáneo, publicó un relato sobre el lago en el diario Última Hora que, según él mismo contó al diario El Independiente, «es uno de los más leídos de mi trayectoria: cada tanto lo visitan, para mi sorpresa». En ese relato, Colmán describe una isla flotante que cambia su ubicación geográfica entre una visita y la siguiente: «Un día se ve la isla en un lugar y otro día en otro.» La isla se alcanza a través de barcazas hechas de troncos de árboles livianos, conducidas de pie con una pértiga larga. El lugar está rodeado de propiedades privadas que rodean el acceso. La zona es «bastante aislada, no hay grandes poblaciones alrededor, hay mucha tradición cultural campesina e indígena», agrega Colmán. Y en épocas de tormentas, los lugareños aseguran escuchar el sonido de una campaña —una campana— que no tiene fuente física identificable.
Pero el misterio más documentado del Lago Ypoá involucra a uno de los presidentes del Paraguay. En 1982, pobladores de la zona aseguraron haber visto un monstruo de siete metros con cabeza de caballo moverse por las aguas del lago. No se trataba de los primeros reportes: los relatos sobre este animal extraño databan de los años 1890. Lo que convierte este episodio en algo realmente bizarro es lo que hizo el entonces presidente Juan Bautista Egusquiza al enterarse del avistamiento: fascinado por la criatura, ordenó construir un corral en forma de semicírculo en la orilla del lago, encerrando en él a un grupo de yeguas seleccionadas con el objetivo de que el monstruo pudiera aparearse con ellas y reproducirse. El experimento —que no tiene parangón en la historia presidencial del Cono Sur— no produjo resultados documentados. La investigadora Margarita Miró, sin embargo, no descartó la existencia de la criatura: sostuvo que podría tratarse de un animal prehistórico que sobrevivió en ese entorno aislado y se adaptó. Hasta hoy, el Lago Ypoá sigue sin revelar su secreto.
El turismo en Paraguay alrededor de estos dos lagos es incipiente pero con enorme potencial. El Ypacaraí, pese a su crisis ambiental, sigue atrayendo visitantes locales e internacionales que combinan el valor paisajístico con la historia cultural guaraní. Guías locales han comenzado a incorporar en sus recorridos los relatos ancestrales y los misterios ambientales, generando una experiencia híbrida entre divulgación científica y narrativa simbólica. Este enfoque convirtió al lago en un espacio de observación, reflexión y debate incluso en momentos de restricción recreativa por la crisis ecológica, según documentó Prensa Mercosur. El Ypoá, por su parte, se mantiene alejado de los circuitos turísticos convencionales: la dificultad de acceso, la gestión privada de las tierras circundantes y la ausencia de infraestructura lo convierten en un destino de exploración para viajeros que buscan lo auténtico, lo inexplorado y lo que no aparece en ningún catálogo. La isla que cambia de lugar sigue esperando a quien tenga la determinación de buscarse en el lugar donde estuvo ayer.
El folclore paraguayo en torno a los fenómenos lacustres se enmarca en una tradición oral guaraní de extraordinaria riqueza. Además del Ypacaraí y el Ypoá, la mitología guaraní incluye al Luisón —séptimo hijo varón, condenado a transformarse en animal fantasmal los viernes por la noche—, al Pombero o Karaí Pyhare («Señor de la Noche»), descrito como un pequeño hombre peludo con pies grandes que protege los bosques y genera eventos inexplicables, y al Karai Octubre, un espíritu asociado a las lluvias y tormentas que puede causar inundaciones si no se le respeta. Estos seres no son simples metáforas: en comunidades rurales del interior paraguayo son considerados reales, y los agricultores dejan ofrendas de tabaco y caña blanca para mantener la paz con el Pombero. El sitio Vivirenparaguay.com advierte con seriedad: «En muchos lugares, las personas piensan que algunos de estos seres extraños son reales.» Y hay quienes, después de pasar una noche al borde del Lago Ypoá, no están tan seguros de que se equivoquen.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es un periodista brasileño, originario de Goiás, reconocido por su trabajo en la cobertura de temas internacionales y por su liderazgo en la organización Prensa Mercosur.
Prensa Mercosur: Se desempeña como presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur, un medio centrado en noticias sobre integración regional, geopolítica y derechos humanos en América Latina.
Geopolítica: A menudo comenta y analiza las relaciones diplomáticas entre el Mercosur y grandes potencias como China.
Repatriación (2016): Alcanzó notoriedad en 2016 cuando fue repatriado de Ecuador a Brasil en una misión de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB), acompañado de su familia, tras situaciones de emergencia en el país andino.
Presencia Internacional: Mantiene una fuerte conexión con Paraguay y Ecuador, participando en eventos académicos y diplomáticos, como visitas a la UNILA (Universidad Federal de la Integración Latinoamericana) para fomentar programas de intercambio.
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