
Un duende nocturno que deja embarazadas a mujeres que silban de noche y que puede ser aplacado con tabaco. Una comunidad andina que rinde culto a la Pachamama con rituales que la arqueología no ha podido datar con precisión. Dos realidades culturales de los países del Mercosur que coexisten con el siglo XXI sin que nadie haya logrado explicarlas del todo.
En el interior rural de Paraguay, cuando cae la noche sobre los campos y los bosques se vuelven impenetrables, existe una regla no escrita que los padres enseñan a sus hijos desde pequeños: no hay que silbar de noche. El que lo hace, arriesga llamar la atención del Pombero —también conocido como Karaí Pyhare, «Señor de la Noche»—, un ser de la mitología guaraní descrito como un pequeño hombre peludo, de pies grandes y voz silbante inquietante, que protege los bosques y los animales pero que puede transformarse en vengativo y peligroso cuando se lo molesta. La advertencia no es solo folclore: en comunidades rurales del departamento de Paraguarí y en regiones de todo el país, el Pombero sigue siendo considerado tan real como cualquier amenaza tangible del campo. Según el sitio Los Mitos y Leyendas, que publicó en marzo de 2026 un análisis exhaustivo sobre las leyendas guaraníes de Paraguarí, «en muchos lugares, las personas piensan que algunos de estos seres extraños son reales», y los relatos de encuentros con el Pombero continúan llegando a periodistas locales con una regularidad que desafía cualquier lectura puramente metafórica.
Lo que hace al Pombero particularmente interesante desde el punto de vista cultural y turístico es su función social documentada: más que assustar por asustar, cumple roles específicos dentro de la comunidad guaraní. En primer lugar, educación moral hacia la naturaleza: sus «travesuras» —robar comida, espantar animales domésticos, desorientar a las personas— son vistas como castigos para quienes dañan los bosques o maltratan animales. En segundo lugar, mantenimiento del orden social: la amenaza del Pombero se usa para mantener a los niños dentro de casa después del anochecer y para disuadir comportamientos antisociales. Pero hay un tercer aspecto que la ciencia conductual contemporánea encuentra más difícil de procesar: los relatos de mujeres que aseguran haber quedado embarazadas por el Pombero, y de personas que afirman haber recibido favores del ser después de ofrecerle tabaco o caña blanca. Estos testimonios no son marginales ni aislados: el portal Vivirenparaguay.com documenta que la ofrenda de tabaco al Pombero es una práctica vigente en varias regiones del país. El Pombero no es una superstición en extinción. Es una presencia activa en la vida cotidiana rural paraguaya del siglo XXI.
«Las leyendas de Paraguarí son un testimonio vivo del sincretismo cultural, la sabiduría ancestral y la rica imaginación que conforman el alma del folclore paraguayo. En ellas se reflejan los temores, esperanzas y valores de su gente.»
— Los Mitos y Leyendas, análisis sobre las leyendas de Paraguarí, marzo de 2026
Jujuy y la Quebrada de Humahuaca: cuando el turismo se convierte en ritual
A miles de kilómetros al noroeste, en la provincia argentina de Jujuy, existe otro universo cultural que tampoco se deja clasificar con facilidad. La Quebrada de Humahuaca, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es uno de los destinos turísticos culturales más visitados de Argentina. Pero para los pueblos Collas que habitan sus comunidades —herederos de atacamas, omaguacas, calchaquíes y chichas, con fuerte influjo quechua—, el valle no es primariamente un destino: es su territorio ancestral, su espacio sagrado, el hogar de la Pachamama. Y la Pachamama, en la cosmovisión andina, no es una metáfora: es un ser real, con sentimientos y voluntades. Los suelos y sus minerales, el aire, la lluvia, el agua de los arroyos, la vida de las plantas, de los animales y de las personas son parte de la Pachamama, que cuida y equilibra el mundo mientras las comunidades «caminan» por él, según describe el portal educativo del Ministerio de Educación argentino al referirse a la cosmovisión andina. Esta relación no es ceremonial: es práctica, diaria, estructural.
Lo que ningún guía de viaje suele contar sobre la Quebrada de Humahuaca es que los rituales a la Pachamama que se realizan allí —la ch’alla, la ofrenda de coca, la plegaria antes de cada cosecha— no son recreaciones turísticas para visitantes curiosos: son parte del funcionamiento real de la comunidad. Y muchos viajeros que llegan a Tilcara, Purmamarca o Humahuaca buscando «experiencias auténticas» se encuentran, inevitablemente, en el borde de algo que no saben cómo procesar: una cosmovisión completa, coherente y funcional que no necesita la validación de la ciencia moderna para seguir existiendo. El Censo Nacional de Población 2010 identificó a los kollas como la comunidad originaria más numerosa del noroeste argentino, con presencia en Jujuy, Salta y Tucumán. Su lengua, sus rituales y su relación con el territorio han sobrevivido siglos de colonización, evangelización y modernización. Esa resistencia cultural es, en sí misma, uno de los hechos más fascinantes y menos comprendidos de la historia del Mercosur.
La Ruta Natural, el programa integral de desarrollo y promoción del turismo de naturaleza de Argentina, incluyó específicamente el patrimonio arqueológico de los pueblos originarios como parte de su oferta cultural, según informó el portal Argentina.gob.ar. Esto representa un paso significativo en la integración del turismo ancestral en la agenda pública, aunque los propios representantes de las comunidades advierten que la mercantilización de su patrimonio tiene límites que deben ser respetados. «Ningún indígena salió de su territorio porque quiso buscar algo mejor dejando el territorio atrás», afirmó la cacique Clara Romero, del pueblo Qom de San Pedro, en declaraciones publicadas por el portal de Cultura del Gobierno argentino. «Para nosotros tierra y territorio no son lo mismo. La tierra es la madre tierra, no se nos ocurriría venderla nunca, como uno no piensa en vender a su madre.» Esta declaración, breve y contundente, resume uno de los grandes malentendidos entre el turismo cultural de masas y la realidad de los pueblos originarios del Mercosur: el turista busca la experiencia; la comunidad protege la existencia.
Entre el Pombero paraguayo y la Pachamama jujeña hay una distancia de miles de kilómetros y siglos de historia cultural diferenciada. Pero también hay un punto en común que sorprende cuando se lo articula: en ambos casos, la modernidad llegó, observó, intentó clasificar y no terminó de entender. El Pombero sigue silbando en los montes de Paraguarí. La Pachamama sigue recibiendo sus ofrendas en los cerros de Jujuy. Y los turistas que llegan a estos lugares buscando «lo ancestral» encuentran, si tienen la honestidad de reconocerlo, algo más complejo y más grande que cualquier atractivo turístico convencional: encuentran el rastro de un conocimiento del mundo que tomó siglos construirse, que resistió todo intento de borrarlo, y que sigue vivo —no en museos ni en libros— sino en la práctica cotidiana de comunidades que decidieron no abandonar su manera de comprender el tiempo, el territorio y lo que habita en la oscuridad.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es un periodista brasileño, originario de Goiás, reconocido por su trabajo en la cobertura de temas internacionales y por su liderazgo en la organización Prensa Mercosur.
Prensa Mercosur: Se desempeña como presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur, un medio centrado en noticias sobre integración regional, geopolítica y derechos humanos en América Latina.
Geopolítica: A menudo comenta y analiza las relaciones diplomáticas entre el Mercosur y grandes potencias como China.
Repatriación (2016): Alcanzó notoriedad en 2016 cuando fue repatriado de Ecuador a Brasil en una misión de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB), acompañado de su familia, tras situaciones de emergencia en el país andino.
Presencia Internacional: Mantiene una fuerte conexión con Paraguay y Ecuador, participando en eventos académicos y diplomáticos, como visitas a la UNILA (Universidad Federal de la Integración Latinoamericana) para fomentar programas de intercambio.
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