La más reciente encuesta de CELAG Data, correspondiente a abril de 2026, dibuja un escenario electoral cada vez más definido de cara a la primera vuelta presidencial. Iván Cepeda emerge como el claro favorito con un 41,9 % de intención de voto, ampliando su ventaja y consolidándose como el candidato a vencer en una contienda marcada por la fragmentación de sus adversarios.
El sondeo confirma no solo la solidez de su base electoral, sino también su capacidad para atraer nuevos apoyos en un momento decisivo de la campaña. En comparación con marzo, Cepeda crece un punto porcentual, un avance moderado pero significativo que refuerza la narrativa de una posible victoria sin necesidad de segunda vuelta. Con una ventaja superior a los veinte puntos frente a su competidor más cercano, el panorama parece inclinarse a su favor en medio de una oposición que no logra articular una alternativa unificada.
El foco, sin embargo, se desplaza hacia la disputa por el segundo lugar, donde se libra una batalla intensa dentro de la centroderecha. Abelardo De La Espriella protagoniza el movimiento más llamativo del mes al registrar un ascenso de 4,2 puntos, alcanzando el 19,8 % de intención de voto. Su crecimiento contrasta con el estancamiento de Paloma Valencia, quien cede terreno y se sitúa en el 20,3 %. La diferencia entre ambos es mínima, lo que configura un empate técnico que añade incertidumbre a la contienda.
Este reacomodo redefine las dinámicas de la campaña. Más que una competencia directa contra el líder, la derecha enfrenta ahora el desafío de resolver su propia fragmentación. La pregunta central ya no es solo quién ocupará el segundo lugar, sino quién será capaz de aglutinar suficientes apoyos para forzar una segunda vuelta.

En este contexto, la posibilidad de una victoria en primera vuelta deja de ser una hipótesis remota y comienza a adquirir peso real. Si la tendencia de crecimiento de Cepeda se mantiene y la división entre sus rivales persiste, Colombia podría encaminarse hacia una definición anticipada en las urnas, un desenlace que transformaría el equilibrio político del país.
Con el calendario avanzando y los márgenes estrechándose en la disputa por el segundo puesto, los próximos debates, las alianzas de última hora y la capacidad de movilización de cada campaña serán determinantes. La elección entra en su fase más crítica, con un líder consolidado y una oposición que aún busca su punto de convergencia.