
El Centro de Fotografía de Montevideo fue creado en 2002 como parte de la División Información y Comunicación de la Intendencia y, desde 2015, funciona en el histórico Edificio Bazar, ubicado en Av. 18 de Julio 885. En diálogo con La Mañana, Daniel Sosa, director del CdF, repasó su historia y destacó la importancia de preservar y difundir el patrimonio fotográfico de la ciudad.
Tú estás como director fundador y cocreador desde su origen. ¿Cómo fue su génesis? ¿Cómo se dio tu nombramiento?
En 1990 ingresé con 18 años por concurso a la Intendencia de Montevideo en el Servicio de Imprenta. Cinco años después pasé formalmente como fotógrafo por concurso al Servicio de Prensa Comunicación y Relaciones Públicas donde nuestro trabajo diario de registro de las actividades de la Intendencia convivía con el acervo histórico, compartiendo el laboratorio y el archivo. De ese equipo surge el impulso de rescate y puesta en valor del archivo. Me formé como fotógrafo en la Escuela de Fotografía Dimensión Visual con Carlos Américo y Ana Casamayou, mucho de lo que me enseñaron y el impulso que nos daban a quienes pasamos por ahí tienen mucho que ver con la historia del Afmvd (Archivo Fotográfico de Montevideo) y del CdF.
¿Qué te fue dado en el 2002? ¿Qué había antes? ¿Qué fue lo primero que hiciste?
El CdF tiene una larga prehistoria en la Intendencia. En 1915 el gobierno municipal de Montevideo creó un laboratorio fotográfico en el marco de su Oficina de Propaganda e Informaciones. A partir de ese momento los fotógrafos municipales empezaron a registrar la ciudad de manera cotidiana, centrados principalmente en las zonas más “modernas” o turísticas, porque la función de esa oficina era en buena medida alimentar con imágenes a la propaganda turística de Montevideo. Pero además se dedicaron a conseguir y reproducir fotografías anteriores a 1915. De esa forma, crearon más de treinta mil fotografías. En 1997, la Intendencia tomó conciencia de que estaban en riesgo de desaparecer–porque no estaban guardadas en condiciones adecuadas– y creó el Archivo Fotográfico de Montevideo (Afmvd), dedicado a preservarlas y ponerlas en acceso de la ciudadanía. Ese archivo, al sumar nuevas actividades (exposiciones, investigación, actividades educativas) se transformó en Centro de Fotografía en 2002.
Ya a partir del Afmvd lo que hicimos fue ponernos en contacto y aprender de muchas instituciones y personas que en otros lugares ya habían recorrido el camino que queríamos recorrer, como el archivo fotográfico de la intendencia de Girona en España o los conservadores de fotografía Hugo Gez de Argentina y Solange Zúñiga de Brasil. El Centro de la Imagen de México, que había sido creado algunos años antes, y su experiencia derivó en un movimiento muy fuerte en la fotografía mexicana, que a fines de los años setenta había creado el Concejo Mexicano de Fotografía y los Coloquios Latinoamericanos de Fotografía. Seguir mirando experiencias de otros países y traer lo que nos parece necesario a nuestras prácticas forma parte de nuestro día a día.
¿Qué desafíos tuviste que enfrentar esos primeros 13 años? ¿Qué apoyos tuviste? ¿Qué logros dieron paso a las etapas siguientes?
Los desafíos son muchos, pero especialmente destacaría la búsqueda de formación y conocimiento específico en los distintos aspectos sobre los que trabajamos –la profesionalización, digamos, el saber que hay muchas cosas que no sabemos y buscar actualizarnos permanentemente– y el darle visibilidad a la fotografía uruguaya, dentro y fuera de fronteras. Para nosotros es importante que las imágenes creadas por nuestra comunidad (fotógrafos profesionales o no) circulen mejor, sean más conocidas por la propia sociedad uruguaya, porque esas imágenes dan cuenta de nuestras identidades, de nuestras formas de vivir.
Entre los apoyos, fue muy importante al comienzo la embajada de Alemania, que donó 10.000 euros fundamentales para acondicionar el lugar donde iba a funcionar el CdF y para impulsar la idea de que una institución de este tipo podía ser importante, en tiempos de una de las mayores crisis económicas del país. También el respaldo de todos nuestros directores, como Marta Ponce de León en la etapa del Afmvd o Peter Coates en la concreción del CdF en 2002. Lo mismo los secretarios generales o los intendentes que han pasado: Mariano Arana fue muy “hincha” nuestro y de hecho hasta el final de su vida nos visitaba, nos pedía fotos y nos hacía alguna sugerencia.
Ya en la sede actual ¿Qué cambios fueron necesarios y oportunos y qué estrategias aplicaste a partir de instalarse en esa nueva sede? ¿Nuevos objetivos? ¿Nuevos desafíos?
Previo a la mudanza, generamos un plan director con la División Espacios Públicos y con la Unidad de Gestión de Calidad y Sostenibilidad de la Intendencia. Eso nos orientó en la generación de nuevos espacios y servicios para los públicos, muchos de los cuales se fueron concretando con los años a través de distintas inversiones: desde reparar el ascensor y ponerlo en funcionamiento cuando recibimos el edificio hasta inaugurar la azotea verde en 2019, pasando por acondicionar salas, armar el espacio de la tienda, crear la cámara oscura o construir la cámara de conservación preventiva de fotografías, que implicó reforzar la estructura del edificio para que soporte el peso del archivo. En 2018 construimos un aula y en ese espacio funciona la Mediateca Lilián Hernández –que fue nuestra compañera e impulsora de la concreción del lugar–, un espacio abierto al público para la consulta de más de 4000 publicaciones con foco en la fotografía tanto de autor/a o de investigación, que nos llegan casi día a día por personas que nos las donan.
¿Cómo surgen las propuestas (expositivas, educativas, artísticas)? ¿Por ejemplo la del cine en la azotea? ¿Cómo las evalúan? ¿Reciben la devolución del público?
Hay diversos caminos. Por un lado, hacemos llamados abiertos a propuestas expositivas y editoriales, dirigidas a autores/as e investigadores/as de Uruguay y de América Latina, que son evaluadas por una comisión de selección externa en cuya conformación participan las personas que se postulan. También recibimos propuestas de otras instituciones públicas y privadas o de organizaciones de la sociedad civil muy diferentes entre sí, que pueden ir desde el Instituto Moreira Salles de Brasil, las embajadas de diferentes países hasta colectivos organizados en los barrios de Montevideo.
La devolución del público es permanente y llega por diversas vías, desde la más informal que es lo que nos dice la gente que nos cruzamos en el edificio, en las fotogalerías o en otras actividades hasta lo que nos llega mediante las encuestas que hacemos en el edificio, que obviamente es más sistemático y es lo que nos permite tomar decisiones para mejorar los problemas que el público detecta o para desarrollar nuevas actividades a partir de lo que nos sugieren.
¿Tienen algún registro de quienes los visitan o de quienes utilizan el material de archivo? ¿Son jóvenes, profesionales, extranjeros?
Sí, la encuesta que te mencionaba recaba esa información, entre otras. La relación entre visitantes uruguayos y extranjeros es de dos tercios a uno. En términos de género, las mujeres son mayoría (un 60%). En términos de edad, las franjas están bastante repartidas desde niños a adultos mayores, aunque lo que podríamos calificar como “minoría mayor” son jóvenes de entre 21 y 35 años (34%). La diversidad en cuanto a su relación con la fotografía es muy amplia. Por ejemplo, nos visitan desde personas muy especializadas que vienen porque quieren conocer el CdF o porque justo estaban en Uruguay por otra cosa y quieren aprovechar la oportunidad hasta vecinos del barrio que vienen frecuentemente, niños de escuelas públicas y privadas que vienen con sus maestra/os o –y esta es una ventaja de tener ventana hacia 18 de Julio– gente que está haciendo un trámite o un mandado y en un hueco aprovecha para entrar y recorrer.
¿Cómo se nutre el acervo de imágenes? ¿En base a donaciones? ¿Qué condiciones debe tener un material para que sea incorporado?
El acervo tiene un origen doble, digamos. Por un lado están las imágenes que desde 1915 produjo la Oficina de Propaganda e Informaciones de la Intendencia y las que siguen produciendo los fotógrafos del CdF que documentan los cambios de la ciudad de cara a producir un archivo para el futuro; esas son las que tienen un origen institucional. Por otro lado, están las imágenes que recibimos por donación. Para nosotros es muy importante tener una política de donaciones porque es lo que permite que el archivo del CdF se enriquezca con nuevas miradas sobre la historia de Montevideo y Uruguay, que complementan la mirada institucional.
El total de ambos “orígenes” son unas seiscientas mil imágenes y para nosotros es una muy buena noticia que el año pasado la cantidad de fotografías recibidas por donación haya superado a las que tiene un origen institucional, porque eso implica que más miradas se preservarán a lo largo del tiempo y van a estar accesibles a la ciudadanía.
Una vez incorporado el material ¿cuál es el proceso?
El proceso implica, primero, la limpieza del material y su guarda en un recipiente adecuado. Al mismo tiempo se hace un inventario somero de la donación (se indica la cantidad de fotografías, los tipos de soporte, el formato, la numeración de origen si la tiene), se le asigna a cada una de las fotos un código, que es algo así como su cédula de identidad y se genera una ficha cuyos campos prevén la incorporación de toda la información relativa al objeto material como la información de la imagen. Las fotos se guardan en una cámara de conservación preventiva que funciona todos los días del año y a toda hora a una temperatura y humedad uniforme, lo cual ayuda a enlentecer el deterioro de las fotografías y darles más tiempo de vida. Como decías, las fotos no se mezclan, porque cada donación implica un origen común (personal o institucional) con información que se retroalimenta entre sí y que, si la desagregamos, se pierde.
Por otro lado, se hace una documentación de cada donación en términos generales, que es una descripción de cómo llegó esa donación a nosotros, de quién la produjo, de cuáles son los temas principales que abarcan esas fotografías y de cuál es su constitución material; esa documentación alimenta una Guía del archivo –que está disponible en línea– que es la primer entrada que los investigadores o el público general tienen al archivo, la forma de saber si lo que están buscando puede o no estar en el archivo. Finalmente, sobre una selección de imágenes (no sobre todas, porque es una tarea que lleva muchas horas/persona) de cada donación hacemos una descripción foto por foto y una digitalización en alta resolución. Todo eso (la foto y la descripción) se sube a nuestro sitio web, desde donde las personas pueden consultarlo y descargar las imágenes en alta resolución.
¿Cuáles son las “estrellas” para ti? ¿Cuáles son las que el público pide reiteradamente?
Tengo muchas fotos preferidas en el archivo, pero una que siempre tengo muy presente es la foto 0174FMHE (Vista aérea de las playas de Santa Ana y Patricio durante las obras de drenaje). La primera vez que vi la placa negativa, me permitió ver la dimensión de la obra de la construcción de la Rambla Sur. Si bien conocía el relato y la historia de cómo se realizó, no había visto una imagen área de esa calidad, que muestra el barrio donde vivía y transitaba día a día, pisando en mis recorridas diarias lo que antes fue una playa.
Y otra muy especial es la fotografía 155 FMHC, retrato de Carlos Ángel Carmona en la parte más alta del Cerro de Montevideo, fotografiando hacia la Bahía de Montevideo. Él fue uno de los primeros fotógrafos que comenzó todo esto cuando fue contratado por la Intendencia en 1916. Esa foto nos acompaña desde que la vimos por primera vez, fue nuestra imagen durante mucho tiempo, resume el espíritu y la visión de todo su trabajo y nos funciona como “norte” de cierta forma en nuestro día a día.
Para los niños debe resultar fascinante ver fotos en altura sin drones. También para los más grandes ver cómo era 18 de Julio o la construcción del Estadio Centenario ¿Qué te dicen los visitantes tanto uruguayos como extranjeros?
Los comentarios sirven para saber cómo impacta en la gente lo que hacemos y a partir de ahí evaluar las actividades y definir qué y cómo cambiamos. También sirven para generar conversaciones sobre las expectativas que tiene uno cuando visita un archivo o un centro de exposiciones. A modo de ejemplo, nos ha pasado que alguna persona se decepciona al no encontrar en el archivo la casa donde se crio, determinada esquina, el barrio… Entonces eso es una oportunidad para explicar cómo se conformó el archivo, por qué algunas zonas de la ciudad están super representadas en las imágenes y otras ni siquiera aparecen. Y a partir de ahí llegás a la conversación de cómo se construye la idea de qué es el patrimonio, de quién y por qué pone en valor ciertas cosas y no otras. Y eso ayuda a que las personas valoren su propio patrimonio fotográfico, se organicen para mostrarlo y de pronto te propongan hacer una exposición en el barrio o un proyecto para preservar esas imágenes. Esto es lo más importante: expandir la valorización de ese patrimonio –en este caso fotográfico, pero podría ser de otro tipo– que hace que una sociedad se conozca más, conozca más al otro, cuestione las representaciones que han hecho de ella y proponga otras representaciones, más allá de que por supuesto siempre es una maravilla ver cómo la gente reacciona a partir de las fotos que nos toca custodiar a nosotros como institución pública, ya sea la construcción del Estadio Centenario, de la Rambla Sur o de 18 de Julio.
Tienes un equipo y un presupuesto ¿Hay otros apoyos estatales o privados? ¿Tienes relacionamiento, intercambios, etc. con otras instituciones u organizaciones públicas o privadas dentro del territorio y fuera de él?
Sí, tenemos vínculos con muchas instituciones públicas y privadas con las que generamos acciones conjuntas todo el tiempo. Tenemos un convenio con una empresa desde hace siete años que nos permite subvencionar muchas de nuestras actividades formativas, lo cual permite que los conocimientos de especialistas uruguayos o extranjeros en los diversos aspectos de la fotografía lleguen a más personas. Además, postulamos a fondos para proyectos tanto nacionales como internacionales. Al mismo tiempo tenemos vínculos con la red de institutos de cultura de los Estados de la Unión Europea, lo cual implica un apoyo muy importante para coorganizar actividades con organizaciones que tienen mucha experiencia en el ámbito cultural, como el Centro Cultural de España, la Alianza Francesa o el Instituto Italiano de Cultura. Y a su vez tenemos una red muy fuerte de vínculos con México y América del Sur, con universidades, editoriales, centros de exposición que trabajan con la fotografía en sentidos parecidos al nuestro.
Tus propuestas están actualizadas, fotogalerías al aire libre, inmersivas, realidad virtual ¿Has incorporado la IA? La imagen era testimonio de lo real y servía como prueba ¿Cómo se puede hoy día tener confianza de que lo que “se ve” es real?
Que la fotografía reflejaba la realidad siempre fue más una creencia de las personas que un atributo de la propia fotografía. Por un lado, porque siempre hubo retoques o fotomontajes. O escenificaciones, incluso en el fotoperiodismo: personas actuando algo para la cámara cuya imagen se presentaba como captura directa de lo real. Por otra parte, sabemos que lo que muestra una foto –incluso aunque no haya retoques, montajes o escenificaciones– no es un reflejo objetivo de la realidad; es, forzosamente, un recorte, determinado por la intención de quién sacó la foto o de quién la mandó sacar, por el encuadre, por el foco, por el tipo de material que usó y por muchos más factores técnicos y sociales. Por otra parte, es verdad que el uso de la llamada inteligencia artificial para la generación de imágenes hiperrealistas es todo un desafío, porque a diferencia de la fotografía ni siquiera necesita de un referente, de un “algo fotografiado”. A su vez, también es una oportunidad para acelerar procesos a la hora de crear imágenes ficticias o para la creatividad en general. Nosotros –y creo que le pasa al mundo en general– recién estamos empezando a aprender qué es esa cosa y por eso lo primero que hicimos fue juntar personas que están más adentradas en este mundo y escuchar qué tienen que para decir, que es lo que hicimos el año pasado en un ciclo de charlas que se llamó “fotografía en la era de los algoritmos” https://cdf.montevideo.gub.uy/noticia/fotografia-en-la-era-de-los-algoritmos-ciclo-de-charlas-sobre-ia
“Preserva, produce, investiga, pone en circulación y activa fotografías, experiencias y saberes sobre nuestras identidades y memorias para compartir, contrastar y expandir formas de ver e imaginar el mundo”. Esta misión institucional, a tu entender ¿se está llevando a cabo? ¿Qué te falta hacer aún? ¿Qué planes tienes a corto, mediano y largo plazo?
La llevamos a cabo todos los días a través de muchas cosas, algunas más chicas y otras más grandes. Por ejemplo, durante muchos años junto a la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Udelar hicimos una investigación sobre la historia de la fotografía en Uruguay desde 1840 hasta finales del siglo XX que culminó en dos libros que son una referencia para saber cómo y para qué se ha usado la fotografía en nuestra sociedad y cómo la misma sociedad fue cambiando a influjo de las imágenes que circulaban. Y seguimos haciendo investigación, profundizando y actualizando los conocimientos de esos libros. Fotografiamos la ciudad para mostrar cómo vivimos, preservamos las fotografías históricas institucionales y las que recibimos en donación. Ponemos en circulación imágenes a través de libros, exposiciones y otros formatos que dan cuenta, pero también que ayudan a problematizar nuestras identidades. Y más que ponerlas en circulación, las activamos, estimulamos a que la gente las use, las cuestione, las critique y haga otras.
En algún sentido, la misión es infinita, porque a medida que resolvés un problema aparecen otros, porque el mundo se actualiza, porque surgen nuevos desafíos. Siempre ha sido un sueño generar algún tipo de dispositivo para descentralizar más y mejor todo lo que hacemos y que de esa manera llegue a más personas, por ejemplo, un ómnibus que recorra el país y lleve las exposiciones, pero también los conocimientos y las herramientas para hacer fotografías, preservarlas, cuestionarlas. Todos nacemos en un mundo de imágenes que ya está configurado, o sea, que excede a nuestra voluntad. Y esas imágenes forjan nuestras identidades, construyen nuestros deseos, nos dicen, de alguna manera, qué es lindo, qué es feo, qué es legítimo, qué no. Pero no todas las personas están representadas en ese mundo. A largo plazo, el sueño es transformar eso para que todas las personas puedan estar representadas y tengan las herramientas para hacerlo. Y si bien el sueño siempre parece imposible, en el camino tenemos la suerte de ir viendo que las cosas van cambiando.
Compartiendo las miradas aprendemos a mirar
¿Compartiendo las miradas aprendemos a mirar? De esta manera, el Centro de Fotografía de Montevideo (CdF) convoca a visitar las nuevas exposiciones en el primer piso, el subsuelo y el aula, con entrada libre y gratuita, y podrán disfrutarse durante el horario de funcionamiento de la sede: de lunes a viernes de 10:00 a 19:30 (salvo los martes, que funciona de 10:00 a 21:00 horas) y los sábados de 9:30 a 14:30.
Como acceder a las imágenes del archivo fotográfico histórico del CdF
El acceso a las imágenes del archivo fotográfico histórico del CdF depende del tipo de licencia bajo la cual se encuentren. Existen dos categorías principales. Por un lado, las fotografías históricas producidas por la Intendencia fueron declaradas de dominio público en 2020. Esto significa que sus digitalizaciones pueden copiarse, modificarse, distribuirse e incluso utilizarse con fines comerciales sin necesidad de solicitar permiso previo. Para acceder a ellas, basta con descargarlas directamente desde el catálogo en línea disponible en la web (https://cdf.montevideo.gub.uy/catalogo).
Por otro lado, las fotografías que ingresaron al archivo mediante donación fueron publicadas en 2022 bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC-ND 4.0. En este caso, los usuarios pueden compartir, copiar y redistribuir las imágenes en cualquier medio o formato, pero deben cumplir tres condiciones: citar la autoría, respetar la integridad de la imagen (sin modificar su contenido, salvo ajustes técnicos básicos) y no utilizarlas con fines comerciales.
Los pasos para acceder a las imágenes varían según su disponibilidad. Si la imagen está digitalizada en alta resolución y forma parte del catálogo en línea, el procedimiento es sencillo: se debe buscar y descargar directamente desde la plataforma web. En cambio, si la imagen es conocida pero no se encuentra disponible en el catálogo, es necesario realizar una solicitud mediante un formulario específico, a través del cual el equipo del archivo se encarga de gestionar la búsqueda correspondiente (https://tramites.montevideo.gub.uy/formulario/solicitud-archivo-cdf).
Mary Ríos
Fuente de esta noticia: https://www.xn--lamaana-7za.uy/cultura/las-imagenes-que-circulan-moldean-nuestras-identidades/
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