El problema de construir al mundo como un mercado en donde hay oportunidades de ser ricos o de tener poder o de tener una vida holgadas que se tiene que adoptar esa frase tan famosa de Maquiavelo sobre que el fin justifica los medios. Frase que nos debería poner a todos o al menos, a la mayor parte de la humanidad, con pelos de punta.
Desde esta frase terriblemente humana, se diseñan y ejecutan guerras, masacres y genocidios en toda su crudeza ante la indiferencia de todos o de casi todos. Por esta frase se dilapidan recursos energéticos o materias primas indispensables para la supervivencia de grupos humanos que por no poner nombre les llamamos indígenas. Desde el inicio de la humanidad como tal siempre ha sido así. Todo valía si servía para la supervivencia. Antes íbamos solos y luego en tribus.
Curiosa lección la que nos da la historia ante la que seguimos estando ciegos, sordos y lo que es peor; mudos, por tanto, esa frase es la que ha construido imperios y también los ha derribado. Ese “todo Vale” suele dar lugar a otra aún más terrible “sálvese quien pueda”. Cuando se normaliza esta premisa las consecuencias son nefastas para la sociedad víctima de la misma, lo que indicaría la extinción de la misma y la negación del grupo como referente. Es la aniquilación de valores que ya no se ven de utilidad haciendo posible la entrada de otros valores que marcarán el inicio de otro sistema social, político y económico. Si miramos con paciencia a nuestro alrededor apreciaremos que eso nunca ha dejado de pasar, incluso en los tiempos actuales. Da la mismo el uso del desarrollo de las nuevas tecnologías porque las mismas se utilizan precisamente para eso, para extinguir la antigua sociedad y hacer posible la creación de otra más acorde con el poder establecido.
Aunque con el paso del tiempo entra en crisis y vuelta a empezar. Así es la consecución de los objetivos de la humanidad, supervivencia pura y dura. No hemos sido capaces aún de crear sistemas sociales y civilizaciones tales como: “la integridad vale más que el resultado” o bien “no todo vale para alcanzar un objetivo” o esta otra, “los caminos importan tanto como el destino”. Todo ello nos lleva a la conclusión de que las cosas que consigamos sean por la razón adecuada. La sociedad que base su sentido en esta frase será un sistema en donde la justicia social se halla normalizado. Un sistema en donde el todo sea mucho más que la suma de sus partes y en donde el individuo vea lo colectivo y lo público como algo suyo, como su misma casa u hogar que de hecho lo es también.
Lamentablemente creo que aún nos queda unas centurias para poder tener la oportunidad de llegar a ese modelo. Aunque decía el gran Salvador Allende que la utopía al menos sirve para no estar parado en el mismo sitio y que gracias a ella podemos caminar hacia un horizonte mejor.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
FRANCISCO JAVIER MARíN MAURI
Me lincencié en psicología por la Universidad de Sevilla. estudios de virología por la Universidad jhons Hopkins y estudios de virus respiratorios emergentes por la O.M.S. Doctorado en neuropsicología por la Universidad de Sevilla. Especialista en Violencia sobre la mujer y en mediación de conflictos sociales.
Llevo desde 1987 ejerciendo la psicología y cada vez pienso más que muchas personas se van de este mundo sin quitarla el sello de fábrica de sus cerebros. Anduve durante casi dos años por varios países africanos para poder realizar mi tesis doctoral sobre el VIH. Ahí aprendes que el poder de la ciencia consiste en tener la suficiente humildad para ejercitar el sentido común que es, por cierto, el menos común de los sentidos.

