
En los últimos meses, guardaparques y autoridades ambientales argentinas comenzaron a notar un visitante poco habitual en áreas protegidas del país. No llegan en busca de selfies ni de excursiones rápidas. Arriban con cuadernos, sensores, drones y equipos de medición. Son investigadores extranjeros y locales que forman parte de un fenómeno emergente: el turismo científico.
Aunque aún minoritario, este tipo de visitas creció de forma sostenida y se volvió particularmente visible en reservas naturales, humedales y parques nacionales de la Patagonia, el Litoral y el Noroeste argentino. La curiosidad radica en que este flujo se intensificó incluso fuera de temporadas turísticas tradicionales.
Un visitante distinto al turista clásico
A diferencia del turismo convencional, el turismo científico no se organiza alrededor del ocio. Quienes participan viajan con objetivos concretos: relevar biodiversidad, medir impactos climáticos, estudiar suelos o monitorear especies. Su estadía suele ser más prolongada y su interacción con el territorio, más profunda.

Guardaparques consultados señalan que este perfil de visitante muestra un alto nivel de respeto por las normas ambientales y suele colaborar con tareas de monitoreo. “No vienen a consumir el paisaje, sino a entenderlo”, resume un responsable de un parque patagónico.
¿Por qué Argentina?
Argentina reúne una combinación poco frecuente: gran diversidad de ecosistemas, extensas áreas poco intervenidas y una red de parques nacionales con acceso relativamente ordenado. Desde glaciares y estepas hasta humedales subtropicales y bosques andinos, el país ofrece escenarios ideales para investigaciones comparativas.
A esto se suma la disponibilidad de datos ambientales previos y la colaboración de universidades y organismos científicos locales, lo que facilita proyectos de corto y mediano plazo para equipos internacionales.
Ciencia, economía local y bajo impacto
Aunque el número de visitantes es reducido, el impacto económico es significativo a escala local. Investigadores suelen contratar guías especializados, alojamiento, transporte y servicios técnicos en comunidades cercanas a las reservas.

A diferencia del turismo masivo, este modelo genera ingresos estables sin presionar la infraestructura ni los ecosistemas, lo que lo vuelve atractivo para zonas que buscan alternativas al turismo tradicional.
Algunos municipios comenzaron incluso a adaptar normativas para facilitar este tipo de visitas, sin perder el control ambiental.
Curiosidad global por ecosistemas del sur
El interés internacional se explica también por una razón científica: muchos ecosistemas del hemisferio sur están menos estudiados que sus equivalentes del norte. En un contexto de cambio climático global, contar con datos de regiones australes se volvió prioritario para validar modelos y proyecciones.
Por eso, humedales argentinos, campos de hielo patagónicos o áreas semiáridas aparecen cada vez más en agendas académicas internacionales.
Un equilibrio delicado
Especialistas advierten que el crecimiento del turismo científico debe gestionarse con cuidado. Un aumento descontrolado podría generar efectos contrarios a los buscados. Por ahora, el consenso es claro: pocos visitantes, alta calidad científica y fuerte regulación.
“La clave es que la ciencia no se convierta en excusa para la explotación”, señala una investigadora ambiental. “Pero bien manejado, es uno de los usos más virtuosos del territorio”.
Más que una curiosidad
El auge del turismo científico revela una tendencia más amplia: la transformación del viaje en experiencia de conocimiento. En un mundo saturado de destinos repetidos, América del Sur —y Argentina en particular— empieza a atraer a quienes buscan entender, no solo observar.
No genera titulares estridentes ni multitudes, pero silenciosamente está redefiniendo la relación entre ciencia, turismo y conservación.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es un periodista brasileño, originario de Goiás, reconocido por su trabajo en la cobertura de temas internacionales y por su liderazgo en la organización Prensa Mercosur.
Prensa Mercosur: Se desempeña como presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur, un medio centrado en noticias sobre integración regional, geopolítica y derechos humanos en América Latina.
Geopolítica: A menudo comenta y analiza las relaciones diplomáticas entre el Mercosur y grandes potencias como China.
Repatriación (2016): Alcanzó notoriedad en 2016 cuando fue repatriado de Ecuador a Brasil en una misión de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB), acompañado de su familia, tras situaciones de emergencia en el país andino.
Presencia Internacional: Mantiene una fuerte conexión con Paraguay y Ecuador, participando en eventos académicos y diplomáticos, como visitas a la UNILA (Universidad Federal de la Integración Latinoamericana) para fomentar programas de intercambio.
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