
Dejé el bolígrafo, respiré hondo y sentí un nudo en el estómago. Mi esposa y yo acabábamos de comprar una casa, sin duda una ocasión para alegrarse, pero no podía quitarme una pregunta de la cabeza: «¿Nos estamos vendiendo?». Al echar raíces en Estados Unidos, ¿habíamos transigido de alguna manera?
Solo unos años antes, vivíamos en el extranjero, compartíamos de Jesús y hacíamos discípulos en un contexto transcultural. Hacíamos un trabajo que consideraba valioso para el reino. Desde niño, había querido vivir en la primera línea de la misión de Dios entre los pueblos menos alcanzados del mundo. Ahora, después de dos años de haber regresado a los Estados Unidos, no podía quitarme de la cabeza la molesta sensación de que nos habíamos conformado con la comodidad.
Había equiparado la fidelidad al evangelio con hacer un trabajo extraordinario para Dios. Inicialmente, eso significaba echar raíces en el sur de Asia. Pero ahora que había llegado una nueva etapa en mi vida y en mi ministerio, la fidelidad empezaba a parecerme diferente de lo que había imaginado.
Llevamos quince años viviendo en Estados Unidos y mi lucha continúa. Sigo sintiendo la tentación de perseguir grandes y audaces objetivos y me cuesta creer que Dios no siempre me pide que haga más o que me lance a lo radical. Pero, por Su gracia, Dios ha hecho crecer en mí un nuevo deseo. Junto a mi ambición, ahora también anhelo ser fiel y estar contento con los ritmos más rutinarios de la vida. Anhelo experimentar a Dios y Su presencia constante, no en primer lugar en el ajetreo de la vida, sino en los momentos ocultos de quietud. He aprendido que Dios quiere que abrace una vida cristiana fiel y ordinaria, del tipo que se describe en 1 Tesalonicenses 4:11-12.
El camino de Pablo hacia la fidelidad ordinaria
Las palabras de Pablo nos recuerdan la belleza de lo ordinario. En este pasaje, nos da tres mandamientos claros.
1. Lleva una vida tranquila.
Pablo era un misionero transcultural. ¿Por qué llamaría a la iglesia a vivir tranquilamente? ¿No estamos llamados a hacer ruido por Jesús, a cambiar el mundo? Sí, pero Pablo sabía que la influencia más duradera suele venir de vidas invisibles, desconocidas y poco celebradas que se viven en las sombras.
Los cristianos no debemos caer en la tentación de pensar que la importancia se encuentra en causar un gran revuelo o estar al día con todo en las noticias
Piensa en tu vida. ¿Quiénes son las personas que han dejado una huella duradera en ti? Supongo que no eran superestrellas, pastores famosos ni personas con influencia mundial. En mi vida, las personas más influyentes fueron los maestros, entrenadores, pastores y familiares cuyas raíces eran profundas. Llevaban una vida de fidelidad tranquila, bajando el ritmo con regularidad, lo suficiente como para estar presentes con quienes les rodeaban.
La orden de Pablo de vivir tranquilamente no es una invitación a relajarse. No es un permiso para vegetar en la vida. Él nos está llamando a vivir intencionalmente, sean cuales sean nuestras circunstancias.
2. Ocúpate de tus propios asuntos.
Pablo anima a los miembros de la iglesia a no meterse en asuntos que no les conciernen. Qué palabra tan profética para nuestro momento cultural. En un mundo en el que las redes sociales nos conectan con todas las noticias de última hora, en una cultura que celebra y recompensa la retórica polarizada, necesitamos este recordatorio. Los cristianos no debemos caer en la tentación de pensar que la importancia se encuentra en causar un gran revuelo o estar al día con todo lo que aparece en las noticias. En cambio, debemos mantener el perfil bajo y ocuparnos de la obra de nuestro Padre.
3. Trabaja con tus manos.
Por último, Pablo aborda directamente el tema del trabajo. La iglesia de Tesalónica esperaba con impaciencia el regreso de Cristo, y con razón. Pero algunos miembros de la iglesia habían dejado de trabajar. Utilizaban el inminente regreso del Señor como excusa para ser perezosos. Se aprovechaban de la generosidad de otros cristianos.
Hay dignidad y belleza en lo que hacemos. Nuestras vidas rutinarias y nuestro trabajo diario son importantes para Dios
Pablo exhortó a estos creyentes a trabajar duro para que ellos también pudieran desempeñar un papel significativo en la vida de la iglesia. Les dice que «no tengan que depender de nadie» (1 Ts 4:12, NVI). No está diciendo que los cristianos nunca deban necesitar la ayuda o la generosidad de los demás. El tipo de autosuficiencia independiente que valoramos en la cultura occidental no debe interpretarse en este texto. El estímulo aquí es simplemente trabajar duro para poder participar activamente en la vida y la misión de la iglesia.
Difícil pero significativo
La fidelidad ordinaria puede ser difícil. Tish Harrison Warren escribió sobre su lucha por abrazar una vida ordinaria después de regresar de su trabajo misionero en África:
Lo que poco a poco me estoy dando cuenta es que, para mí, estar todo el día en casa con un bebé y un niño de dos años es mucho más aterrador y mucho más difícil que estar en un pueblo africano devastado por la guerra […]. Y esto es lo que necesito ahora: el valor para afrontar un día cualquiera, una tarde con un bebé con cólicos en la que probablemente voy a enfadarme con mi hijo de dos años y molestarme con mi ruidoso vecino […,] la valentía necesaria para creer que una vida pequeña sigue siendo una vida significativa, y la gracia de saber que, aunque no haya hecho nada poderoso, audaz o incluso interesante, el Señor me ve y me quiere, y eso es suficiente.
Si eres madre y tu día está lleno de pañales y niños gritando, si tu mejor ministerio es hablar al corazón de tu hijo adolescente, debes saber que tu fiel crianza agrada al Señor. Si tu trabajo es pesado y tus días consisten simplemente en despertarte, ducharte, trabajar, comer, dormir y repetir, debes saber que tu fiel labor agrada al Señor. Si estás en la recta final de tu vida y te preguntas qué influencia duradera has dejado, no mires los negocios que has cerrado o la riqueza que has acumulado. Mira en cambio las cosas pequeñas pero significativas: la familia que te rodea, la iglesia que te necesita, la vida espiritual construida a lo largo de años de cultivo ordinario. Ten por seguro que tu trabajo agrada al Señor. Tu vida tranquila y fiel es significativa.
Las palabras de Pablo a la iglesia de Tesalónica nos recuerdan que hay dignidad y belleza en lo que hacemos, ya sea que trabajemos en finanzas o en agricultura, en medicina o en el ministerio, cargando paquetes o criando hijos. Nuestras vidas rutinarias y nuestro trabajo diario son importantes para Dios. De hecho, cuando somos fieles en lo ordinario, Dios les da a nuestras vidas un significado extraordinario.
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.
Nathan Sloan
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/no-tratando-ser-extraordinario/
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