Lo que comenzó como algo «gracioso», se convirtió en un amargo final para varios trabajadores.
Los retos virales se han convertido en una fuente inacabable de marketing empresarial, sin embargo, en los últimos días también son la vitrina para exponer a los trabajadores a un probable despido.
El ‘trend’ ha sido bautizado como «Escucho, pero no despido«, en una clara emulación otra tendencia viral que se llamó «escuchamos, pero no juzgamos». La dinámica consiste en un jefe que promete no echar del trabajo a sus empleados, pese a que estos ‘confiesen’ en video sus faltas.
De este modo, es posible ver en redes sociales a plantillas enteras de empresas alrededor del jefe que, micrófono en mano, promete no despedirlos por los fallos que admitan públicamente en el desempeño de sus funciones.
A las confesiones de los empleados le siguen las caras de sorpresa o disgusto del jefe, así como las risas nerviosas del resto de los empleados que escuchan las ‘fechorías’ de sus compañeros. Sin embargo, no todo es grato.
Hay casos en los que han despedido a los empleados por faltas graves, como alterar facturas o robar mercancías. «Ya no trabaja con nosotros, la misma policía vino y se la llevó, ya que vio todos sus comentarios», comentó una de las jefas que se hizo viral con el ‘trend’.
Acoso laboral
Del otro lado también ha habido una respuesta a la tendencia. En la misma red social se popularizaron los videos bajo la etiqueta de «escucho, pero no renuncio», en la que plantillas enteras oían las faltas de sus jefes.
En las confesiones hay de todo. Desde permisos negados sin justificación y crueldades gratuitos hasta posible acoso laboral. Uno de los videos más populares y ampliamente criticados es el de una empleadora que admite haber intentado forzar a la trabajadora a renunciar.
«Me arrepentí demasiado [de] que te trasladaran a esta sede y quería aburrirte a tal punto que fueras tú la que renunciaras«, dijo la jefa. La empleada solo respondió: «Yo lo sabía».
El fragmento desató un fuerte debate en redes sociales sobre las condiciones laborales en un país como Colombia, donde la jornada de trabajo llega a 46 horas. «¿En serio estamos normalizando que una persona se quede en un trabajo donde lo maltratan, le gritan, lo explotan? (…) Eso no es resiliencia, eso es solamente esclavitud moderna», comentó una usuaria.
actualidad.rt.com
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