Qué pasaría si desaparecieran las abejas: la humanidad no se extinguiría, comeríamos peor y, con menos producto en el mercado, lo normal es que pagáramos más. Según la FAO, tres de cada cuatro de los cultivos más productivos del mundo dependen, al menos en parte, de los polinizadores.
Además, el 35 % del volumen de la producción agrícola mundial se ve afectado por abejas, aves, murciélagos y otros polinizadores. Los cereales seguirían ahí. Lo que menguaría es la parte del plato que da color, vitaminas y sabor: frutas, hortalizas, frutos secos, el chocolate.
Ese matiz importa porque la cifra se repite mal casi siempre.
¿Qué pasaría si desaparecieran las abejas?
El 75 % no se refiere a «los alimentos», sino a los tipos de cultivo, y la dependencia es «al menos en parte». Un manzano sin abejas da menos manzanas o manzanas peores, no ninguna. El trigo, el maíz o el arroz no necesitan insectos.
Lo que se quedaría y lo que se iría
La pieza clave para entenderlo es un estudio dirigido por Alexandra–Maria Klein y publicado en 2007 en Proceedings of the Royal Society B.
Sus autores revisaron 115 cultivos alimentarios del planeta y concluyeron que la producción de fruta, hortaliza o semilla de 87 de ellos depende de la polinización animal. Es el trabajo del que beben la FAO y casi todas las cifras que circulan.
El mismo estudio deja claro el otro lado. Los cereales y la caña de azúcar son gramíneas que se polinizan con el viento o a sí mismas, de modo que para ellas los insectos son irrelevantes. Los cereales son la base calórica de la humanidad, y por eso no habría una extinción. En el extremo contrario está el cacao, cuya polinización animal es esencial: sin ella, no hay cosecha.
Una dieta sin polinizadores sería más monótona y más pobre en micronutrientes
Entre esos dos polos queda un abanico amplio, con cultivos muy presentes en el campo español como el almendro, la fresa o el girasol, que el estudio incluye entre los que se benefician de los polinizadores. Una dieta sin polinizadores sería más monótona y más pobre en micronutrientes, y los productos que siguieran llegando al mercado lo harían en menor cantidad.
Para ver qué hay en el mercado en cada época del año, sirve de punto de partida la guía de frutas y verduras de temporada.
El peso de los polinizadores en la agricultura además ha crecido. La plataforma científica de Naciones Unidas sobre biodiversidad, el IPBES, calculó en su evaluación de 2016 que la producción agrícola que depende de la polinización animal había aumentado un 300 % en los cincuenta años anteriores.
Cada vez cultivamos más de lo que necesita polinizadores.
La frase de Einstein no es de Einstein
«Si las abejas desaparecieran, al hombre solo le quedarían cuatro años de vida». La frase aparece en camisetas, carteles de apicultores y presentaciones escolares, siempre firmada por Albert Einstein. No hay ninguna prueba de que la dijera.
Muchas plantas desaparecerían sin las abejas
La web Quote Investigator, especializada en rastrear citas, reconstruyó su recorrido. En 1901 el escritor Maurice Maeterlinck ya escribía que muchas plantas desaparecerían sin las abejas. En enero de 1941 una revista apícola canadiense atribuyó a Einstein una idea parecida, sin fuente.
La versión de los «cuatro años» aparece al menos desde mayo de 1965, en una publicación francesa, y circuló en 1994 en un folleto de apicultores franceses repartido en una manifestación en Bruselas. Alice Calaprice, editora de las recopilaciones de citas de Einstein, la incluye entre las que «probablemente no son de Einstein».
No se conoce ningún cálculo detrás del número cuatro. Quién poliniza de verdad
Cuando se habla de abejas casi todo el mundo piensa en la abeja de la miel, la de las colmenas. Es un animal gestionado: los apicultores la crían, la trasladan y la multiplican.
IPBES contabiliza más de 20.000 especies de abejas silvestres en el mundo
Pero es solo una especie entre muchas. El IPBES contabiliza más de 20.000 especies de abejas silvestres en el mundo, desde abejorros hasta abejas solitarias que anidan en el suelo o en tallos huecos. A ellas se suman mariposas, sírfidos (unas moscas que imitan a las avispas), escarabajos y hasta algunos vertebrados.
Esa diversidad sostiene buena parte de las relaciones de mutualismo entre plantas y animales: la flor da alimento y el insecto lleva el polen de una a otra. Las silvestres, además, no cuentan con ningún apicultor que las cuide.
Cómo están en Europa
La referencia más reciente es la Lista Roja europea de abejas que la UICN publicó el 11 de octubre de 2025. De las 1.928 especies evaluadas, al menos 172 están en riesgo de extinción, en torno al 10 %. En la evaluación anterior eran 77.
Parte del salto se explica porque ahora se sabe mucho más: las especies con datos insuficientes han bajado del 57 % al 14 %. Los grupos más castigados son los abejorros y las abejas celofán, con más del 20 % de sus especies en riesgo.
Una de cada tres especies de abejas, mariposas y sírfidos está en declive
La Comisión Europea añade otro dato en su página sobre polinizadores: una de cada tres especies de abejas, mariposas y sírfidos está en declive comprobado. Y recuerda la otra cara de la dependencia: alrededor de cuatro de cada cinco especies de cultivos y plantas silvestres con flor necesitan polinización animal. Sin insectos cambia la despensa y también la naturaleza que sostienen los insectos.
Por qué desaparecen
La UICN señala como amenaza principal la pérdida de hábitat: menos prados, menos lindes con flores, menos lugares donde anidar. Detrás vienen la intensificación agrícola, el abandono de tierras, el exceso de nitrógeno de los fertilizantes, los pesticidas y el cambio climático, que perjudica sobre todo a los abejorros y a otras especies adaptadas al frío. Casi nunca es una sola causa. Un abejorro que pierde su prado, que encuentra menos flores en verano y que recibe residuos de plaguicidas suma tres problemas a la vez.
Nuevo pacto para los polinizadores
Lo que se está haciendo la Unión Europea lanzó en 2018 una iniciativa sobre polinizadores y la revisó en 2023 con el llamado «Nuevo pacto para los polinizadores». El paso más serio es el Reglamento de Restauración de la Naturaleza, en vigor desde el 19 de agosto de 2024, cuyo artículo 10 obliga a los Estados miembros a revertir el declive de los polinizadores antes de 2030. Para medirlo, un reglamento delegado del 19 de septiembre de 2025 fija el método de seguimiento, el EU-PoMS, que los países deben tener en marcha como tarde el 16 de diciembre de 2026.
A escala doméstica hay margen. Elegir productos de un modo de cultivar más amable con los polinizadores, con menos plaguicidas de síntesis, ayuda. También dejar una parte del jardín o la terraza con flores autóctonas que se escalonen a lo largo del año, no segar todo el césped y renunciar a los insecticidas en casa. Un hotel de insectos sirve de poco si alrededor no hay nada que libar.


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