
En ciertas democracias se ha regulado el “voto programático” como un vínculo político y jurídico, entre el partido, el candidato electo y la población. Bajo este concepto, se impone al ganador, el mandato obligatorio del cumplimiento de la oferta electoral. El incumplimiento puede provocar la destitución de esa autoridad. El partido además de la pérdida del poder, sufre un profundo desgaste ante la opinión pública.
En Bolivia, el “voto programático”, no se encuentra normado. Nuestra institucionalidad electoral es frágil. Las organizaciones políticas (partidos y agrupaciones) son una farsa, hace años que no tienen vida democrática interna, ni debaten sobre el país, menos elaboran un programa responsable. Los conductores de los taxis partidos, están solo interesados en alquilar sus siglas, subastar candidaturas, o apropiarse de algún espacio estatal para medrar del mismo. Por ello, no es de extrañar que no puedan llegar a acuerdos de gobernabilidad y se encuentren fragmentados en el parlamento, por cuestiones banales.
En un ambiente de prolongado vaciamiento programático de los partidos, sin narrativas renovadas, volatilidad y acomodamiento político, el candidato ganador (postulado a última hora por el PDC) nos llenó de frases, juegos de palabras, y rimas improvisadas, que fluyeron en las redes, luego se transformaron en posiciones diferenciadoras, de lo cual surgió un compromiso político y moral vinculante a la gestión.
El candidato del PDC ahora presidente, a viva voz, anunciaba entre otras cosas: Capitalismo para todos. Agenda del 50/ 50. Reforma, meritocracia y transparencia en la Policía y Justicia. Erradicar el Estado tranca. Legalización de los autos chutos. Cerrar la aduana. Combustible sin filas. Bolivia al mundo y el mundo a Bolivia. Salario Universal para la Mujer. Bolivia, Bolivia, Bolivia. Etc. etc.
Al cabo de un año, el presidente y gobierno, han hecho en algunos casos diametralmente lo opuesto a lo prometido. Repitiendo la frase buckeliana, de que “el dinero alcanza cuando nadie se lo roba”, prometieron no endeudar al país. En su momento como candidato Rodrigo Paz, se mostró crítico de tocar la puerta del Fondo Monetario Internacional (FMI).
En su primer año, el gobierno ha tocado no solo las puertas del FMI, sino de varios otros organismos, (CAF; BID, FONPLATA, Organismos Europeos, etc) y sigue tocando puertas. Cada vez que el presidente se ausenta, para despistar la atención, anuncia que llegará con más platita. Van como diez mil millones de dólares, de platita prestada.
Otra propuesta pomposa, pero con buena rima y cronómetro incorporado fue la del 50/50. “Me posesionan y al día siguiente estoy publicando el decreto del 50/50, de inmediato y sin esperar 100 días” (sic). Aseguró que duplicaría los presupuestos municipales, gobernaciones y universidades. Belleza pura, pero al cabo de un año el ofrecimiento se ha reducido al uno por ciento (1%) de la coparticipación tributaria, dividida entre las nueve gobernaciones.
Es probable que sí la transparencia hubiese sido la brújula del gobierno, la improvisación, falta de programa, incluso brechas entre las rimas, promesas, y su cumplimiento, hubiesen sido soslayadas mayoritariamente por la población. De hecho, el levantamiento de subsidios a los carburantes, fue acatada sin respingos.
Antes de los tres meses de gobierno, se fueron generando penosos enredos que hicieron perder el rumbo al gobierno. Dos de ellos han erosionado de manera seria la confianza en el gobierno. La llamada gasolina “basura” con afectación a miles de propietarios de motorizados. Hasta la fecha sin responsables. El otro, tiene que ver con la porfiada negación de la presencia e influencia del argentino, especializado en “campañas sucias” Fernando Cerimedo. Antes de los audios, ya trascendía, que era un operador tipo monje negro, con llegada directa al círculo familiar del presidente, algunos ministros y gente del PDC.
Con apoyo de factores externos, en las últimas semanas el gobierno ha desbaratado una estructura delictiva que manejaba el Ministerio Publico con conexiones en distintas entidades. fiel reflejo de la crisis maloliente de la administración de justicia. Es justo, como anillo al dedo, la oportunidad para que el presidente desde el ejecutivo, y el PDC desde el legislativo retomen el norte, y promuevan una reforma profunda al sistema judicial que devuelva la confianza a la población e inversores.
Hasta el momento el gobierno no demuestra interés en cumplir con su obligación histórica, y se ve más tentado en cooptar y usar estas instituciones como su brazo operativo. Esa opción es altamente riesgosa y podría terminar de socavar el escaso margen de recuperación de confianza que cuenta.
Queda reconocer que la crisis política, institucional, ética y de liderazgos políticos fiables, es profunda y de larga data. No lograremos resolver las otras crisis, económicas, energéticas, ambientales o productivas sin resolver las primeras. En ese orden una de las causas más severas es el desgobierno e improvisación en que se desenvuelven las organizaciones políticas.
Mientras los partidos no se institucionalicen, desarrollen un mínimo de vida orgánica, consistencia en sus programas, y liderazgos comprometidos con el bien común, seguiremos sin brújula y sin rumbo, por muchos años más.
https://asuntoscentrales.com/un-ano-sin-brujula-y-sin-partidos/
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