«Somos las y los jóvenes comunistas, que hemos estudiado los efectos del imperialismo y el colonialismo en el pasado, quienes podemos denunciar la nueva doctrina Monroe del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que quiere hacer de Latinoamérica, nuevamente, su patio trasero».
Pekín. 05/11/2026. En el marco del 16° Foro Mundial del Socialismo, Catalina Lufín Pacheco, presidenta de las Juventudes Comunistas de Chile, presentó una ponencia sobre la realidad de la juventud chilena, los efectos del neoliberalismo en las nuevas generaciones y los desafíos de las fuerzas revolucionarias para construir un proyecto de horizonte socialista. A continuación, compartimos el texto íntegro de su intervención.
Ponencia sobre juventud
16° Foro Mundial del Socialismo
Catalina Lufín Pacheco
Estimada audiencia del 16° Foro Mundial del Socialismo
En esta jornada voy a exponerles sobre la situación de la juventud chilena en la actualidad y el rol que le corresponde a las Juventudes Comunistas de Chile en marco de un clima regional de policrisis.
Hablar de la juventud desde una óptica socialista significa ver en ella una potencia estratégica y fundante de grandes procesos de cambio social. Así, mientras Mao Zedong describe a los jóvenes como el sol naciente de la madrugada, llenos de vitalidad y ansiosos por aprender de las enseñanzas del nuevo día; Salvador Allende sentenció que ser joven y no ser revolucionario era una contradicción hasta biológica. No importa en qué latitud o momento histórico nos situemos, cualquier proyecto que se define como revolucionario reconoce en la juventud una fuerza indispensable para su concreción y para la vigencia de la herramienta partidaria que ordena los anhelos del pueblo.
Sin embargo, existe un factor que podría extinguir la llama de esa alegre rebeldía en occidente y más específicamente, en la región de América Latina: el neoliberalismo.
Este primer cuarto del siglo XXI ha resultado ser especialmente confuso y desorientador para los jóvenes de Chile y Latinoamérica: mientras en la infancia mirábamos el futuro como una tierra prometida que guardaba innovación tecnológica y prosperidad económica; durante la adolescencia y adultez, el futuro se transformó en un lugar amenazante que contiene guerras, sequía y precariedad. Décadas de neoliberalismo han sometido a Chile, un país vasto, rico en minerales y con una tradición cultural inigualable, a la tiranía del mercado por sobre las necesidades populares. Por esta razón, las mismas tierras que a lo largo de nuestra historia han dado a luz a grandes intelectuales como Gabriela Mistral, José Venturelli, Pablo Neruda y Violeta Parra, hoy no son del todo fértiles para cultivar los sueños de los jóvenes.
Actualmente, las inquietudes sobre la educación, el trabajo y la vivienda, impiden el desarrollo pleno de las nuevas generaciones. En Chile, el 44% de la juventud cree que nunca podrá optar a una vivienda, mientras que el 23% de personas entre 24 y 35 años permanece desempleado no por elección voluntaria, sino por la condena del modelo económico. De esta forma, son cada vez más los niños, niñas y adolescentes que, atrapados en la precariedad y las bajas expectativas de movilidad social, son cooptados por el narcotráfico y el crimen organizado como una salida a la pobreza.
En estas condiciones, la ímpetu creadora de la juventud rápidamente se convierte en resignación y decanta en la exacerbación de la competencia con los otros para buscar refugio en la adversidad.
Con estas consideraciones a la vista, la tarea que le corresponde a las Juventudes Comunistas de Chile, con 94 años a sus espaldas, es tan desafiante como urgente. Con un proceso de crecimiento inédito en nuestra historia reciente, la Jota es la juventud política más grande del país y que logra una importante representación en el mundo social, liderando a los estudiantes universitarios en la conducción de la Confederación de Estudiantes de Chile. Desde esa posición, nos hemos hecho parte de expresiones de descontento popular en que la institucionalidad se ve irremediablemente sobrepasada. El estallido social de 2019, las movilizaciones por la educación del 2006 y 2011 fueron un emplazamiento directo a la capacidad del Estado para resolver las necesidades de las personas y pese a que se llevaron a cabo una oleada de emblemáticas reformas progresistas; la solución auténtica parece radicar más allá de las fronteras de la socialdemocracia.
Sin embargo, esa afirmación tan alentadora para una organización revolucionaria puede también ser sumamente peligrosa en tiempos donde vivimos un auge del populismo y el frenesí de las redes sociales tiene la capacidad de diseñar realidades alternativas a partir de las preferencias de las grandes corporaciones. El fracaso de la socialdemocracia puede ser una afirmación peligrosa porque quien busca cambios sin direccionalidad política puede terminar por caer en la trampa del capitalismo. En clave gramsciana, nos encontramos en un momento de transición, de crisis y vacíos de poder en el que emergen fuerzas monstruosas, como lo es, en este caso, el neoliberalismo que intenta salvarse de su caída introduciendo un componente autoritario con rasgos fascistoides que busca su reafirmación en la subordinación política, económica y militar de la región Latinoamericana. Entonces, las masas, cansadas del fracaso y la injusticia, podrían ser vilmente engañadas por el nuevo rostro de la barbarie y depositar allí sus esperanzas, en liderazgos que solo renuevan sus colores y mantienen las viejas estructuras de poder. La política es, en esencia, la disputa de la conducción de las esperanzas colectivas y como fruto de esta estrategia, la balanza occidental se inclina cada vez más hacia la ultraderecha en los procesos eleccionarios recientes.
He allí nuestra labor: somos las y los jóvenes comunistas quienes pueden dar instrucción y ordenar los esfuerzos dispersos de las masas que apuntan caóticamente contra el status quo para transformarlos en un proyecto de corte socialista.
Somos las y los jóvenes comunistas, que hemos estudiado los efectos del imperialismo y el colonialismo en el pasado, quienes podemos denunciar la nueva doctrina Monroe del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que quiere hacer de Latinoamérica, nuevamente, su patio trasero.
En ese marco, China es un referente de soberanía para nuestro país. El socialismo de China es soberano en tanto recoge, en un ejercicio profundamente dialéctico, las particularidades de su idiosincrasia y su historia milenaria para dar curso a un proceso revolucionario de marca mayor. Con sus propias reglas y a su propio ritmo, China ha logrado erradicar la pobreza, poner comida en el plato de millones de niños y niñas y posicionarse como una potencia que ha deslumbrado al mundo entero con sus avances tecnológicos, su planificación urbana, su política de desarrollo sustentable y su perspectiva de administración del Estado.
A mediados del siglo XX, Chile tuvo un breve sueño llamado Unidad Popular, en que el presidente Salvador Allende acuñó el término “socialismo a la chilena” con empanada y vino tinto, que pretendía consagrar el derecho del pueblo chileno a construir su propio camino a la emancipación. Ese sueño fue brutalmente interrumpido por la traición y la desidia del golpe de Estado en 1973 que instauraría una dictadura de 17 años. Pero la violencia no borra las ideas: la necesidad de un socialismo soberano que ponga en manos de la clase trabajadora el destino de la patria es ahora más que nunca una determinación de vida o muerte.
Así, nuestra respuesta socialista a la poli crisis debe incorporar en su centralidad los dolores de la juventud chilena, frente a lo cual la vanguardia China nos ofrece varias posibles formulaciones.
Debemos atender el drama de la vivienda y la especulación inmobiliaria, no solo con medidas de regulación al mercado que permitan sobrellevar las etapas tempranas de la vida, sino también con nuevas normas de uso de suelo que permitan vivir con tranquilidad hasta la vejez. La concepción de propiedad como algo heredable y exclusivo del individuo no es compatible con la magnitud de las sociedades modernas.
Somos los jóvenes comunistas junto a los estudiantes quienes podemos pensar en un modelo de educación que esté alineado con el modelo de desarrollo que queremos, a fin de terminar con la cesantía y producir los profesionales y técnicos que requiere la patria. El neoliberalismo ha hecho florecer masivamente instituciones de educación privada que nada tienen que ver con los valores, principios y metas de crecimiento del Estado. Varias de ellas incluso enfrentan causas judiciales por lucro y siguen recibiendo aportes desde las arcas fiscales. Esto resulta insostenible para corregir la tasa de desocupación juvenil y para que avancemos hacia un futuro de prosperidad compartida.
En esta misma línea, hemos de incorporar la Inteligencia Artificial no en tanto un fenómeno de segmentación y alienación, como lo utilizan las corporaciones de occidente, sino como una herramienta que permita aumentar la productividad y beneficiar a los pueblos.
Finalmente, debemos de ser nosotros, los comunistas, los más tajantes en la lucha contra el crimen organizado, ya que nada es peor que la corrupción del ser humano y la violencia como norma social. Un proyecto socialista ha de garantizar medios para el desarrollo pleno de las infancias vulnerables por la vía de políticas públicas que eliminen las brechas de desigualdad y, en consecuencia, perseguir duramente a quienes promuevan el mal al prójimo como una vía de escape.
En conclusión, si bien después de casi medio siglo de neoliberalismo, su fracaso es una síntesis ineludible; la superación del modelo es el verdadero desafío que concentra a la juventud chilena. Se trata de un campo en disputa, abierto a que el ideario capitalista pueda llevarnos al abismo o bien, a que los revolucionarios logremos seducir a las masas con una propuesta de horizonte socialista que ponga en relevo nuestra identidad y resuelva las injusticias heredadas de otros tiempos. El resultado será razón de si somos capaces de alimentar, con organización e ideas, esa llama de rebeldía que, pese a los embates del capital, aún late en el corazón de los jóvenes.
https://elsiglo.cl/catalina-lufin-en-xvi-foro-mundial-del-socialismo-superar-el-neoliberalismo-el-desafio-de-la-juventud-chilena/
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN CENTRAL
Prensa Mercosur es un diario online de iniciativa privada que fue fundado en 2001, donde nuestro principal objetivos es trabajar y apoyar a órganos públicos y privados.
- ★Lula: responsabilidade fiscal e economia arrumada
- ★Four Seasons São Paulo: Iguatemi e Catuaí investem R$ 1 bi
- ★Brasil — Imposto Seletivo sobre carros: entenda alíquotas e isenções
- ★Suzano lucro 3T24: alta de 6% e Ebitda em linha
- ★Inscrições para a Corrida dos 59 anos do GRESFI terminam nesta sexta-feira em Foz


