

La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) dejó pasar casi un año para capturar al cocodrilo de pantano en la Laguna de San Baltazar, cuerpo de agua acotado dentro de un parque, por carecer de un presupuesto específico para atender emergencias con fauna silvestre y depender de apenas un solo biólogo inspector para cubrir todo el estado.
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Lo que debía ser una contención silvestre focalizada en un cuerpo de agua acotado dentro de un espacio cerrado y vigilado se transformó en una crisis de seguridad pública, prolongada casi once meses después del primer aviso de la presencia del reptil, donde la autoridad dependió de la buena voluntad de ciudadanos, universitarios y otras instituciones para suplir sus carencias.
Tras una decena de operativos fallidos, el domingo 25 de octubre fue capturada la cocodrila de pantano (Crocodylus moreletii), una hembra de unos cuatro años y 95 centímetros, de una especie bajo protección especial que, según la denuncia presentada ante Profepa, fue liberada de forma ilegal en la laguna. Los informes de muestran que hicieron falta nueve instituciones y organizaciones de Chiapas, Tlaxcala, Puebla y la Federación.
En los operativos participaron clínicas veterinarias privadas, biólogos y alumnos de la BUAP y personal del Instituto de Fauna Silvestre del gobierno de Tlaxcala. Las cámaras-trampa, lámparas, barra de captura, redes y cañas de pescar fueron de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio); otros equipos fueron de veterinarios voluntarios y ciudadanos solidarios, a quienes el boletín oficial invisibilizó.
Capturan al reptil, pero ignoran el delito
La Oficina de Representación de la Profepa cuya plantilla lo conforma un solo inspector y un empleado administrativo para todo el territorio estatal, no informó ni difundió expedientes o actuaciones administrativas de alguna indagatoria o línea de investigación penal ni administrativa para rastrear la procedencia del reptil, identificar a quienes lo introdujeron de forma clandestina en la Laguna de San Baltazar o deslindar responsabilidades por delitos contra la biodiversidad, limitando la respuesta institucional al manejo del espécimen y dejando en total impunidad el origen del tráfico o posesión ilegal que generó el riesgo, aunque este hecho constituye una violación ambiental sobre una especie catalogada bajo protección especial en la norma NOM-059-SEMARNAT-2010.
El expediente administrativo radicado bajo el número PFPA/27.2.1/3S.6/00215–26 confirma que el espécimen es catalogado bajo la categoría de Protección Especial (PR). La denuncia ciudadana señaló la presencia del animal en noviembre de 2025 y señalaba que fue liberado ilegalmente por terceros.
El documento de admisión de denuncia formalizado el 17 de agosto de 2026 por la Encargada de Despacho de la Profepa, María Elizabeth Pérez Castillo, reconoce los factores de riesgo como la vulnerabilidad en Instalaciones Públicas, pues la Laguna de San Baltazar es un parque abierto donde familias y visitantes realizan paseos en lanchas de remo recreativo. Aunque la natación está prohibida, el crecimiento continuo del cocodrilo eleva el riesgo de ataques directos a los navegantes.
Ambientalistas que entablaron la denuncia señalaron la superpoblación de mojarras en la laguna, lo que permitió que el ejemplar mantuviera un estado de salud óptimo y un ritmo de crecimiento acelerado, volviéndolo territorial.
Aún con estos reconocimientos hubo omisión administrativa, pues la denuncia popular registró que en la primera visita de la Profepa del 8 de julio de 2026, los inspectores se retiraron sin actuar argumentando falta de equipo, omitiendo levantar un acta oficial o proporcionar un folio de atención al denunciante, lo que provocó que el trámite se detuviera por más de un mes hasta la queja formal.
Sin dinero, sin personal, sin lancha
El caso del cocodrilo de la Laguna de San Baltazar trasciende la anécdota del avistamiento de fauna exótica en la mancha urbana y descubre que la pobre respuesta institucional se redujo de forma exclusiva a las maniobras físicas de captura y contención, aunque no tenía nada para trabajar.
Respuesta oficial con folio 340024400147426, la Profepa reconoció en el Oficio PFPA/1.3/12C.6/2946/2026 ” “La Oficina de Representación no cuenta con un presupuesto específico para la atención de fauna silvestre; al contrario, se solicita del apoyo de las instituciones, asociaciones civiles y personal técnico especializado que nos ha prestado apoyo logístico y material para la captura del ejemplar”.
Así, sin partida específica y con 0.00 pesos para rescates o contingencias, la Profepa dependía totalmente de donaciones de insumos, cebo y transporte de terceros. Con un inspector biólogo y un médico veterinario que hace tareas administrativas, adscritos a Recursos Naturales, hay incapacidad para cubrir emergencias simultáneas en el estado de Puebla.
Sin embarcaciones propias de motor ni equipo especializado de contención, el impacto en la operación de campo fue el uso de lanchas de remos prestadas por la administración del parque recreativo y los operativos fueron supeditados a la disponibilidad de agenda de personal externo
Una cronología de operaciones fallidas
Los operativos comenzaron el 8 de julio de 2026 con una visita de verificación. El 16 de julio, el personal de Profepa intentó lazar al ejemplar desde una lancha de remos al menos cinco veces, sin éxito. El 18 de agosto volvió con redes y lazos, pero el animal se sumergió en cuanto notó la embarcación; a unos cuatro metros, “no permite el acercamiento”. El 21 de agosto, una atarraya de cinco metros cayó sobre él, “pero no cerraron a tiempo los plomos”.
En septiembre se sumaron biólogos de la BUAP, veterinarios y personal del Instituto de Fauna Silvestre de Tlaxcala, con hasta tres lanchas, y el día 21 se colocó una trampa cebada con vísceras de pollo. Del 22 al 24 hubo jornadas de lampareo nocturno.
El 24 de septiembre, a las 8 horas, el personal revisó la trampa: estaba vacía. Volvió a localizar al ejemplar y lo siguió en lancha, sin capturarlo. A las 12 horas suspendió la búsqueda, y no por el animal ni por el clima: “debido a que al siguiente día se llevaría una visita de inspección fue necesario detener las actividades y regresar a las instalaciones de la ORPAyGT Puebla”, consigna el informe de comisión firmado por el biólogo Arturo San Román Mejía. La oficina cuenta con un solo inspector para atender la fauna silvestre de todo el estado.
Las lluvias del 28 de septiembre y del 1 y 2 de octubre impidieron localizarlo. El 13 de octubre, con apoyo de una UMA especializada en reptiles, Profepa optó por alimentar al ejemplar durante unos dos meses para atraerlo. Ese día, el informe concluía: “Hasta el momento, la trampa sigue vacía”.
12 días después, el 25 de octubre a las 20:47 horas, la cocodrila fue capturada. Profepa no ha informado si cayó en la trampa o con qué método se logró.
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