

El próximo martes 3 de noviembre, Estados Unidos celebrará sus elecciones de medio término, conocidas como midterms, en las que se renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 del Senado, además de elegirse gobernadores y otras autoridades estatales y locales. Detrás de esta competencia se desarrolla una transformación que merece atención: la tecnología está cambiando radicalmente la manera de organizar y ejecutar las campañas políticas.
Atrás va quedando la imagen del voluntario sentado en un local partidario, marcando números de una lista impresa. Hoy puede encontrarse en Nueva York, Texas, República Dominicana o cualquier otro lugar del mundo y participar, desde su computadora, en una campaña a miles de kilómetros de distancia.
No necesita utilizar su número telefónico personal ni pagar llamadas internacionales. Una plataforma realiza las conexiones, presenta información del elector, ofrece un guion y permite registrar sus respuestas. También puede enviar mensajes de texto, contestar preguntas sobre centros y horarios de votación y consultar a sus supervisores.
Un ejemplo concreto lo encontramos en la campaña de James Talarico, candidato demócrata al Senado por Texas, donde se utilizan Slack, Scale to Win Dialer, Scale to Win Text y MiniVAN.
Slack funciona como una oficina virtual donde los voluntarios reciben instrucciones y se comunican con sus coordinadores. Scale to Win Dialer permite realizar llamadas desde un navegador sin utilizar el número personal del operador; Scale to Win Text administra conversaciones mediante mensajes de texto, mientras MiniVAN organiza recorridos puerta a puerta, identifica domicilios y registra los resultados de las visitas.
La campaña dispone incluso de un programa de capacitación para quienes desean participar enviando mensajes. Los voluntarios ingresan a Slack, reciben entrenamiento, completan una prueba de once preguntas y posteriormente obtienen acceso a la plataforma correspondiente.
La transformación va más allá de sustituir el teléfono convencional por una computadora. Cada contacto puede convertirse en información útil para la organización: llamadas, solicitudes, conversaciones y visitas quedan registradas para su posterior seguimiento.
Brasil acaba de ofrecer otro ejemplo de esta transformación.
En las elecciones presidenciales del pasado 25 de octubre, Luiz Inácio Lula da Silva consiguió su reelección con 64.3 millones de votos, equivalentes al 51.79 %, frente a los 59.8 millones, o 48.21 %, obtenidos por Flávio Bolsonaro.
Uno de los acontecimientos más llamativos fue la operación digital encabezada por el diputado André Janones, quien desarrolló una red denominada Ejército de Lula mediante WhatsApp. Después de la primera vuelta contaba con aproximadamente 60,000 seguidores. En apenas tres semanas alcanzó cerca de 11 millones.
A través de esa estructura se distribuían videos, mensajes, materiales gráficos e instrucciones para actividades digitales. Millones de personas podían recibir información y participar desde sus propios teléfonos, sin depender exclusivamente de actos públicos, televisión y organizaciones partidarias tradicionales.
Paralelamente, el Partido de los Trabajadores había presentado en agosto la plataforma Lula Pelo Brasil, diseñada para organizar actividades territoriales, registrar participantes mediante códigos QR, comprobar asistencia y producir información en tiempo real, incluso con posibilidades de trabajar temporalmente sin conexión a internet.
Aunque no se ha establecido que todas esas herramientas estuvieran integradas en una única base de datos, representan dos dimensiones de la campaña moderna: comunicación digital masiva y administración tecnológica del trabajo territorial.
También la inteligencia artificial ha entrado en el escenario electoral. Permite procesar información, preparar contenidos, facilitar consultas y automatizar tareas administrativas, aunque plantea controversias sobre algoritmos y autenticidad de contenidos. En Brasil, la campaña presidencial presentó reclamaciones ante la justicia electoral relacionadas con el tratamiento de contenidos políticos por parte de Meta, propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp.
Las experiencias estadounidense y brasileña demuestran que las campañas ya no pueden entenderse únicamente mediante concentraciones, caravanas, discursos y publicidad. Las organizaciones territoriales continúan siendo importantes, pero ahora pueden operar conectadas a plataformas que distribuyen instrucciones, registran actividades y permiten supervisar operaciones desde diferentes lugares.
La campaña política ya no termina donde termina el territorio. Sus colaboradores pueden encontrarse dispersos geográficamente y participar simultáneamente en una misma operación.
El desafío para los partidos no consiste simplemente en abrir cuentas en redes sociales o incorporar aplicaciones, sino en comprender que la tecnología está modificando la estructura misma de la organización electoral.
Quienes todavía conciben una campaña exclusivamente como una sucesión de reuniones, recorridos y concentraciones están observando solamente una parte de lo que ocurre. Mientras tanto, detrás de las pantallas, miles de personas pueden estar comunicándose, organizando actividades y procesando información en tiempo real.
La política sigue dependiendo de las personas. Lo que ha cambiado profundamente es la manera de conectarlas.
https://elnuevodiario.com.do/adios-a-las-campanas-tradicionales-brasil-y-las-midterms-de-ee-uu/
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