
Cada nueva generación de teléfonos móviles llega acompañada de mejoras y promesas que invitan a que los consumidores renueven sus dispositivos para tener la última versión. Sin embargo, en muchos de los casos no es necesario hacer ese cambio porque las mejoras no son tan grandes como cabría esperar: una cámara con algo más de resolución, una pantalla un poco más brillante o una inteligencia artificial que apenas se nota en el día a día no justifican, para la mayoría, gastar más de 1.000 euros.
Sobre este asunto se pronunció tras el pasado Mobile World Congress de Barcelona Brais Moure, ingeniero de software y divulgador técnico que se ha consolidado como uno de los creadores de contenido sobre programación en español más populares de la comunidad hispanohablante, en una publicación en LinkedIn que abre con una pregunta directa: “¿De verdad pagarías hoy 1.000€ por un móvil que hace prácticamente lo mismo que el que ya tienes en el bolsillo?”. Su respuesta, y la de otros expertos que han participado en el debate, es que lo que debe cambiar no es el hardware, sino lo que el teléfono es capaz de hacer por su dueño y durante cuánto tiempo.
El gallego tiene claro que actualmente “los móviles son tan buenos que ya no necesitamos cambiarlos cada año”, una reflexión que abre una conversación sobre qué debería aportar un teléfono para justificar el interés de quienes ya tienen uno a cambiarlo. Brais Moure asegura que hay que centrarse en la utilidad que puede ofrecer el dispositivo a lo largo de su vida, y en su caso, defiende fabricar un teléfono “más útil, más inteligente, duradero y seguro”. Estas son características que permiten valorar la innovación desde varias perspectivas, desde cómo acompaña al usuario y qué facilita hasta cuánto tiempo conserva su utilidad.
Su postura está basada en el consumidor promedio que utiliza su teléfono móvil para conversar, consultar documentos, organizar citas y hacer fotografías, planteando que, si en estos casos el teléfono sigue respondiendo a sus necesidades, la presentación de un nuevo modelo no significa por sí sola que se debe reemplazar por la última versión. El divulgador tiene claro que la decisión, más allá del atractivo de estrenar un dispositivo, puede depender de problemas concretos o funciones que realmente se necesiten.
Moure describe un teléfono que sea capaz de actuar como un “cerebro” de nuestra vida e integrarse sin problemas con el portátil, el coche o los dispositivos del hogar, poniendo el foco en la relación entre dispositivos. Por ejemplo, continuar una tarea entre pantallas sin repetir pasos puede ser más interesante para un usuario que una mejora en su móvil que apenas utiliza.
Software, reparación y servicios para alargar la utilidad del móvil
El consultor Josue Pacheco participó en esta conversación a través de una publicación de LinkedIn en la que se centra en la propuesta comercial de las marcas, considerando que hoy en día existe demasiada atención a las cámaras y poca diferenciación entre dispositivos. Por ello, explica que, para seguir innovando, se debería mejorar el software, facilitar la reparación de los dispositivos y ofrecer servicios integrados que aporten valor.
La primera de sus propuestas consiste en que las actualizaciones ayuden a mejorar la utilidad del teléfono después de comprarlo. Pacheco imagina mejoras de inteligencia artificial que permitan volver al dispositivo más inteligente varios años después de salir de su caja, y sugiere que es una dirección que podrían seguir los fabricantes. Mantener una evolución del producto durante su uso sería un valor añadido que podría convencer a los usuarios.
La segunda idea pasa por diseñar dispositivos modulares y sostenibles que se puedan reparar o actualizar por piezas, de manera que, si se estropea un componente concreto, se puede sustituir y conservar el resto del aparato. Esto abriría una nueva era y una forma distinta de pensar en la renovación del teléfono, lo que obligaría a las marcas a cambiar su postura actual, en la que incluso sustituir la batería, en muchos casos, es imposible sin acudir a un profesional.
En tercer lugar, Josue Pacheco sugiere incorporar servicios adicionales como seguros cibernéticos, almacenamiento en la nube o herramientas exclusivas de productividad, refiriéndose especialmente a teléfonos que superan los 1.000 euros y a que así se puede justificar el desembolso con una utilidad prolongada.
En definitiva, su propuesta es que los dispositivos puedan acompañar al usuario durante más tiempo y le ayuden realmente a resolver mejor sus tareas.
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