
Una fe sin límites. Así se siente, se respira y se vive el reencuentro de su Chinita, la virgen de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, con su pueblo, cada último sábado de octubre, en la tradicional Bajada.
En medio de una multitudinaria asistencia, este sábado 31 de octubre la venerada Virgen morena, patrona de los zulianos, bajó nuevamente de su altar para estar junto a su grey.
Desde tempranas horas de la tarde, los feligreses se comenzaron a reunir alrededor de la Basílica Santuario, un espacio acondicionado para recibir a 30.000 personas. Fieles de la Costa Oriental del Lago, la Guajira, el Sur del Lago y otros estados del país acudieron a la tradicional cita.
Niños, adultos y jóvenes —familias enteras— daban testimonio de los favores concedidos y expresaban su infinito agradecimiento a la Virgen como intercesora ante Dios.
Caída la tarde, se dio inicio a la eucaristía, presidida por monseñor José Luis Azuaje, quien elevó oraciones para que la Virgen interceda por el pueblo venezolano y su unión.

Mientras tanto, la feligresía seguía llenando los espacios de la plazoleta de la Basílica y sus alrededores a la espera de la Patrona.
El anuncio de la bajada de la Chinita
Y así, al terminar la santa misa, llegó el momento anhelado: el anuncio de la bajada de la Chinita. Aplausos, gritos, lágrimas y mucha gaita llenaron el lugar mientras la Virgen recorría el llamado tobogán, dispuesto para su descenso y salida del Santuario.
A un costado de la Basílica, una tarima sirvió de escenario a la agrupación Los Chiquinquireños, que desde su creación en 1998 se encarga de llenar el ambiente con gaitas en honor a la Virgen durante su bajada.
Así, poco a poco, la pequeña Tablita comenzó a aparecer. En medio de luces, fuegos artificiales y aplausos la recibieron. La imagen de la Patrona ya estaba frente a su pueblo creyente, en una plazoleta repleta de devotos que con fervor honraban su presencia: una demostración de verdadero amor chiquinquireño.

Un recorrido procesional y de fe
Vestidos con su tradicional liquiliqui blanco, los Servidores de María —encargados de custodiar, proteger y llevar en hombros la reliquia— recibieron la reliquia La Chinita y la colocaron sobre el mesón base, el cual es cargado por 44 hombres en su línea principal.

El mesón lució adornado con rosas y lirios blancos para enaltecer la pureza y el amor maternal de la Virgen de Chiquinquirá.
Vestida con un manto en degradados de color verde, en representación de la esperanza y la fe viva, se dio inicio al recorrido procesional de la Santísima Virgen para bendecir a su pueblo.
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Antes de transitar en medio de la feligresía en la plazoleta, la Virgen fue llevada ante la agrupación gaitera para bendecirlos, y así siguió su trayecto por el centro de la Basílica entre la multitud de creyentes.

Sin embargo, como cada año, una lluvia cayó sobre la Basílica y el casco central de Maracaibo, que -aunque duró pocos minutos- en esta oportunidad interrumpió la procesión. De inmediato, los Servidores de María activaron el protocolo de protección de la Tablita para evitar exponerla al agua y al sol debido a su antigüedad.
Para muchos, esta lluvia que cada año aparece tras el reencuentro de la Chinita con su pueblo simboliza las bendiciones que trae la Virgen de Chiquinquirá del Rosario a la grey zuliana.
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