
YouTube dio pérdidas durante 18 añitos y se mantuvo a flote gracias a una fenomenal inyección de capital, insignificante en comparación con lo que hoy necesitan Anthropic y Open AI para subsistir. La historia se repite: en la primera mitad de 2026 Anthropic se fumó el PBI anual de Costa Rica para que tu primo haga memes y tu hijo los deberes con el telefonito.
YouTube fue fundada en febrero de 2005 por tres exempleados de PayPal.
Curiosidad: la idea original era posicionar el asunto como una “dating app” que ofrecía la particularidad de incluir perfiles en vídeo.
En pocos meses se volvió un éxito, posiblemente porque facilitaba subir y compartir imágenes en movimiento sin costo alguno.
Los fundadores rápidamente descartaron el ángulo celestino y pivotearon a otra propuesta de valor más abarcadora: una red social de amplio espectro centrada en user-generated content streaming.
La tasa de adopción era aceleradísima.
Furor global.
Todo chévere.
El mundo de la tecnología, los medios y el marketing celebraba un nuevo y revolucionario paradigma.
En noviembre de 2006 Google, que tenía su propia iniciativa de vídeo con poco éxito, decide capitular, frenar la amenaza y comprarse al disruptivo competidor por US$ 1,65 millardos.
Recuerdo que mi reacción por aquel entonces fue la típica de un opinador al paso.
Me resultaba incompresnible que se deprendieran tan rápido por migajas de un éxito arrollador.
Vaya cobardía de exit strategy.
Take the money and run.
Qué gente tan pusilánime, codiciosa y cortoplacista.
Obviamente, mi acusación era la consabida estupidez facilona del experto de sofá.
Lo cierto es que YouTube tuvo que vender para sobrevivir.
Era eso o bajar la persiana.
Detrás del éxito había un modelo de negocio insostenible.
Un espejismo sin ningún revenue model viable.
Si bien había conseguido una buena ronda de financiación inicial, la empresa no tenía ingresos mientras consumía un ancho de banda colosal y costosísimo.
Básicamente REGALABA a mansalva hosting y almacenamiento en la nube.
Cada vez que alguien subía GRATUITAMENTE un vídeo del cumpleaños de su hija, YouTube tenía que PAGAR storage.
Se calcula que cada minuto que cedía sin cargo a sus usuarios le costaba a la empresa US$ 0,015
1,5 centavos de dólar.
Los fundadores tenían claro que eventualmente el negocio debería sustentarse con alguna combinación de publicidad y suscripciones, pero estaban a años, posiblemente lustros, de incorporar esas funcionalidades a su arquitectura, que aceptaba sin chistar cientos de miles de horas de contenido cada día.
El modelo de negocio era lo que en Silicon Valley peyorativamente llaman «sell one-dollar bills for fifty cents a pop».
Vender billetes de un dólar a cincuenta centavos.
Estrictamente hablando, no había revolucionarios avances tecnológicos detrás de la plataforma (si bien es cierto que desarrollaron algunos protocolos de compresión de vídeo muy eficientes).
Era un negocio de «brute force» con un «burn rate» fenomenal necesitado de muchísimo «runway».
Fake it till you make it.
Construir el avión en vuelo.
Disculpas por el espanglish y los clichés de Silicon Valley.
En otras palabras: huir hacia delante.
La apuesta habitual del inframundo cuasi Ponzi de los startups que, en algunos casos como los de Elizabeth Holmes con Theranos o Sam Bankman–Fried con FTX, terminaron en escándalos.
Desde luego, Google absorbió la incipiente compañía a sabiendas de que sería una subsidiaria deficitaria que funcionaría bajo enormes pérdidas durante años, paulatinamente amortiguadas por la preexistente estructura comercial de venta de publicidad del gigante de las búsquedas.
Y así fue nomás: YouTube recién logró rentabilidad en ¡2023!
Es difícil determinar qué cantidad de dinero Google erogó para subvencionar la supervivencia de YouTube porque la contabilidad del leviatán de Mountain View es un tanto opaca, pero estamos hablando de miles de millones dólares.
Vale aclarar que, si miramos el «big picture», fue una movida acertada para la rebautizada Alphabet: le permitió agregar una filial estratégica a su aceitado y omnipresente ecosistema de captura de atención.
Hoy YouTube es una pieza central del consumo global de internet que les da muchos dolores de cabeza a todos sus competidores directos e indirectos: desde Netflix hasta TikTok.
Aplausos para la visión a largo plazo de Sergey Brin y Larry Page.
La apuesta les salió muy bien.
Pero les podría haber salido muy mal.
El primero te lo regalan
Brin y Page hoy tienen otras cefaleas en el entorno de lo que el presidente Trump quiere rebautizar “superinteligencia”.
Gemini no está traccionando.
Corren el serio riesgo de que les den a ellos una probadita del jarabe disruptivo que en su momento ellos supieron darles a Yahoo, Lycos et al.
Los googlers fueron pioneros de la AI con DeepMind y demás, pero por errores de cálculo y timing, hoy están perdiendo relevancia y dos parvenús los están madrugando inesperadamente: OpenAI y Anthropic.
Lejos estoy de negar que estos bucaneros están desarrollando nuevos y más eficientes mecanismos de procesamiento de datos, pero al día de hoy y hasta próximo aviso, el modelo es el mismo que el de YouTube en 2005: regalar enormes cantidades de poder computacional instalado que cuesta fortunas, con la esperanza de que el mundo se vuelva adicto y dependiente.
Cruzar los dedos y apretar los dientes hasta que, eventualmente, gracias a la ley de Moore, la mimesis y la pereza humana, miles de millones de usuarios se decidan a pagar por suscripciones y/o aceptar publicidad.
Confieso que admiro y envidio a los megalómanos de Silicon Valley que se lanzan a construir estas cosas con enorme margen de error y plazos muy inciertos.
Aplaudo el coraje, la determinación y el caradurismo de salir a pedir decenas de miles de millones de dólares a inversionistas para tratar de hacer realidad un sueño de ciencia ficción.
Anthropic facturó 16,3 millardos de dólares durante los primeros dos trimestres de 2026.
Durante ese lapso perdió ¡80mil millardos!
En otras palabras: Dario Amodei se fumó en seis meses el PBI anual de Costa Rica para que tu primo haga memes y tu hijo los deberes con el telefonito.
A su vez, las estimaciones de facturación total para 2026 son de unos 120 millardos.
La compañía planea salir a bolsa ahorita nomás en noviembre de 2026 y espera alcanzar una valuación de dos billones de dólares (dos millones de milardos, “two trillion” en inglés).
Esta abultadísima valuación responde a que enfervorizados analistas proyectan un crecimiento sostenido de al menos 800% anual.
Su competidor OpenAI, con Sam Altman al mando, tiene al día de hoy una valuación de unos 800 millardos, que también contiene un alto componente de expectativas harto optimistas y enrevesada ingeniería financiera.
Nótese que ninguna de estas dos empresas ha sido debidamente auditada aún y sus libros podrían estar llenos de ficción.
El stress que deben estar atravesando es acojonante.
EMHO: burbujísima.
El producto bruto eres tú
Al final la AI está construida sobre el viejo cliché del mundo tech: cuando el producto es gratis es porque el producto eres tú.
Te están usando para entrenar sus modelos.
Silicon Valley tiene una enorme responsabilidad en fomentar en las nuevas y no tan nuevas generaciones la creencia de que todo es gratis.
¿Cuánto falta para que los políticos empiecen a predicar que el acceso a la IA es un derecho?
Cada prompt y cada inferencia cuestan enormes cantidades de dinero, energía, agua, refrigeración, etc etc
El hecho de que no te lo estén cobrando aún es una prestidigitación de marketing para engancharte.
Insisto: estos modelos de negocio no funcionan sin venta de espacios publicitarios y/o partnerships con marcas comerciales interesadas en vender sus productos/servicios.
Verbigracia: la hoy rentable YouTube es un bombardeo de interrupciones publicitarias que sólo puede evitarse con suscripción anual.
Además, si te preocupa tu privacidad, la IA es un peligro cien veces peor que FAANG (Facebook, Amazon, Apple, Netflix, Alphabet).
Si te inquieta que empresas de Silicon Valley almacenen y «vendan» tu data, no deberías tocar la IA ni con un palo.
Naturalmente, todos hiperventilamos y exigimos airadamente confidencialidad de la boca para fuera, pero en la práctica nos importa un pepino y estamos plenamente dispuestos a vender nuestra info por un sánguche y una Coca–Cola.
Voy cerrando.
Estas airadas reflexiones surgen de que hablo con gente muy formada, directivos de empresas, inversionistas, intelectuales, etc., que no parecen entender las circunstancias en las que nos encontramos.
No saben, no pueden o no quieren aceptarlo.
This time is NOT different.
Estamos en una burbuja que más temprano que tarde reventará, pero el FOMO no nos deja verla.
No me cuento entre los que creen que la AI dejará gente de a pie sin trabajo: la tecnología jamás en la historia ha tenido este resultado.
Los que se van a quedar sin trabajo son muchos de los evangelistas del cargo cult de la IA.
Y en el sacudón podrían arrastrar a las bolsas y los mercados bursátiles y financieros de todo el planeta.
Sólo un puñado de empresas del sector sobrevivirá.
Los que queden en pie (Apple, Amazon, X y Nvidia, EMHO) consolidarán y se embolsarán las esquirlas de todos los fracasos a precios de oferta.
Winners take all.
Como debe ser, para que el mercado premie a los que hicieron las cosas bien.
En fin.
Disculpas por señalar lo obvio.
https://www.periodismo.com/2026/10/30/deja-you/
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