
“Qué alegría verte, amigo”. Con esas palabras, Pablo Barrientos acompañó en sus redes sociales una foto junto a Ezequiel Lavezzi y despertó rápidamente la reacción de quienes recuerdan a dos futbolistas de enorme jerarquía, pero también a dos amigos que supieron compartir mucho más que una cancha.
La imagen muestra al Pitu y al Pocho relajados, sonrientes y disfrutando de un encuentro que va mucho más allá del fútbol. Es la postal de una amistad que se sostuvo con el paso de los años, después de haber compartido plantel, vestuario, experiencias y una etapa muy fuerte en sus carreras. AMIGOS DENTRO Y FUERA DE LA CANCHA
Barrientos y Lavezzi construyeron una relación que nació en el fútbol y que siguió firme aun cuando cada uno tomó su propio camino. El Pitu, con una trayectoria destacada en Argentina y Europa, siempre fue uno de los grandes orgullos futbolísticos de Comodoro Rivadavia. El Pocho, por su parte, brilló en la elite internacional y dejó su huella en clubes importantes y en la Selección Argentina. Sin embargo, por encima de los logros, los títulos y los recuerdos de sus años como profesionales, hay algo que se mantiene igual: la amistad. Por eso la frase de Barrientos no pasó desapercibida. No fue una publicación más. Fue una forma simple, directa y genuina de reflejar el afecto entre dos exjugadores que siguen compartiendo la vida desde otro lugar. UN VÍNCULO QUE TAMBIÉN PASÓ POR LOS PREMIOS PDC
La relación entre ambos también tuvo un momento muy especial en Comodoro Rivadavia. Ezequiel Lavezzi estuvo presente en los Premios Pasta de Campeón 2025, donde acompañó el homenaje a Pablo Barrientos en una noche cargada de emoción. Aquella presencia del Pocho le dio un valor extra a un reconocimiento muy sentido para el Pitu, uno de los futbolistas más representativos que dio la ciudad. Su participación no hizo más que reafirmar ese lazo de amistad y respeto mutuo que los une desde hace años.
Hoy, lejos del ritmo frenético de la competencia, ambos disfrutan de sus familias, de los afectos y de todo lo bueno que les dejó la pelota. Y cada vez que vuelven a encontrarse, queda claro que algunas sociedades no se terminan cuando se apagan las luces del estadio. Porque el fútbol los unió. Pero la amistad hizo el resto.
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