
Ese amasijo de líneas azules que hay más arriba es un resumen visual, corto y al pie, de los últimos 45 años de temperaturas del Pacífico ecuatorial. Ese es el contexto, pero la historia es otra cosa: la línea roja. Es decir, las cifras de lo que va de 2026.
Eso y que, por primera vez, tenemos que ampliar el eje hasta los cuatro grados de anomalía para que no se salga por arriba.
¿Qué es exactamente El Niño? No está de más recordar que nos referimos a un fenómeno climático cíclico (aunque muy irregular) que tiene grandes efectos sobre el clima mundial. Enormes, de hecho. Si excluimos a las estaciones, se trata de la fuente más importante de variabilidad climática anual de todo el planeta.
Durante la fase cálida (es decir, durante El Niño), la ausencia de unos vientos alíseos fuertes que refresquen la superficie del Pacífico ecuatorial hace que la temperatura de esa zona del océano se dispare. Es esto, a través de diferentes teleconexiones atmosféricas, lo que trastoca todos los sistemas meteorológicos del mundo.
Los efectos son variados y cambian según la región («condiciones más secas de lo normal en determinadas partes del mundo; mientras que en otras provoca más precipitaciones. Unos países tienen que lidiar con sequías importantes y otros, con lluvias torrenciales», dice AEMET); pero cuando hablamos de temperaturas no hay duda: El Niño es sinónimo de calor.
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