

El viaje del ministro de Agricultura, Indalecio Dangond, a Israel deja una pregunta que no se resuelve con la lista de acuerdos anunciados: ¿cómo se concilia la búsqueda de cooperación agrícola con un Estado cuyo primer ministro tiene una orden de arresto de la Corte Penal Internacional y cuya actuación en Gaza ha sido objeto de medidas provisionales de la Corte Internacional de Justicia en un proceso por genocidio? La Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU concluyó en 2025 que Israel cometió genocidio en Gaza. Aunque la Corte Internacional de Justicia mantiene medidas provisionales en el caso iniciado por Sudáfrica, sin sentencia definitiva, la CPI emitió una orden de arresto por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad contra el primer ministro de ese país, con quien el actual canciller se reunió la semana pasada en Jerusalén.
Según el Ministerio de Agricultura, Dangond estuvo tres días en Israel y regresó con tres compromisos: capacitar a 25 agrónomos colombianos en riego, impulsar agricultura bajo techo y apoyar la reutilización de aguas para riego en La Guajira y otros municipios. La cooperación técnica puede ser útil. Pero un viaje oficial también expresa prioridades y legitimidades. El cuestionamiento político es: ¿por qué ese acercamiento ocurre ahora, mientras los productores colombianos reclaman respuestas a problemas que llevan años repitiendose?. La relación con Israel exige, como mínimo, una explicación pública sobre los beneficiarios directos de estos nexos y sus costos diplomáticos y éticos.
Mientras el ministro recorria Israel en Colombia las crisis siguen cocinandose
El contraste del viaje de Dangond con el campo no es abstracto. Según datos de Fedearroz incorporados al concepto del Ministerio de Agricultura, el arroz volvió a movilizar a sus productores en 2025, cuando el precio del paddy cayó por debajo de los costos: el precio nacional promedio por tonelada pasó de $1.842.143 en junio a $1.489.494 en diciembre. La crisis se vuelve más concreta cuando se comparan costos e ingresos: en el Espinal, los cálculos del Ministerio de Agricultura para 2025 estimaron un costo de producción de $11,36 millones por hectárea de arroz frente a ingresos de $9,91 millones, una pérdida bruta de $1,45 millones por hectárea. El ministro generó polémica antes de su viaje, al recomendar a los productores de La Guajira no sembrar arroz y sostuvo que no se pueden seguir subsidiando actividades ineficientes.
Puede haber razones agronómicas y de composición del suelo para revisar qué debe cultivarse en una zona concreta, pero la frase cala distinto cuando el país no ha resuelto la comercialización, el crédito, las importaciones y la productividad del grano. Además el ministro sabe perfectamente que el arroz en el mundo entero, en especial en los paises de donde nos llega, Estados Unidos y Ecuador, es un producto altamente subsidiado.
Tampoco el café y la leche están al margen de la presión. El precio al productor cafetero cayó cerca de 25% entre enero y septiembre de 2026, según el seguimiento del mercado. El costo medio nacional se estima en $ 2 millones por carga de 125 kilos, reduciendo el margen para pagar mano de obra e insumos, lo cual pone en riesgo las fertilizaciones e impacta de forma negativa la productividad.
En leche, Fedegán calculó que las importaciones de lácteos alcanzaron cerca del 16% de la oferta aparente en 2025, mientras la abundancia de producto importado y los inventarios presionaban el pago al productor; Según el último desglose detallado de Fedegán encontró que entre diciembre de 2021 y junio de 2024 el costo laboral subió 43% y el de los concentrados llegó a aumentar 51% en su punto máximo, mientras el precio formal pagado al productor creció 22%. Son brechas que ayudan a explicar por qué cosechar más o vender a un precio nominalmente mayor no garantiza rentabilidad cuando producir también cuesta cada vez más.
La floricultura colombiana enfrenta también una gran presión entre el dólar revaluado y el alza de costos laborales y logísticos, justo cuando Estados Unidos —destino del 80 % de sus exportaciones— endurece las condiciones de acceso al mercado. No basta enumerar reuniones en el exterior en Israel e Italia, si la política nacional no ofrece certidumbre a quienes producen alimentos y productos de alto valor para la exportación.
Si a todo lo anterior sumamos el alza continuada de los fertilizantes, de más del 25%, analizada en esta columna desde los comienzos de los Guerra en Ucrania y más recientemente con el estallido de la Guerra de Trump contra Irán, se configura una tormenta perfecta que amanaza la sostenibilidad de la agricultira colombiana en su conjunto.
Del consultor al ministro
La incoherencia también se ve al comparar al ministro de hoy con el consultor que fue. En enero de 2024, Dangond defendía que los cultivos a cielo abierto necesitaban acompañamiento permanente del Estado para garantizar alimentos, empleo rural e ingresos; sobre el arroz, proponía reservar aguas para elevar la productividad de 100.000 hectáreas y ordenar las importaciones para que no coincidieran con las cosechas, según escribió en El Heraldo en 2024. En julio de 2025 explicó al medio alemán DW, que la caída de los precios obedecía a la sobreoferta estacional y a las importaciones, y pidió organizar la producción y distribuir los contingentes. Ahora, frente a la crisis, su mensaje público insiste en que no se debe subsidiar la ineficiencia y en que algunas regiones abandonen el arroz. No es ilegítimo cambiar de diagnóstico al llegar al gobierno; sí es necesario explicar qué evidencia cambió y cómo se evita que el ajuste recaiga sobre los productores.
Cooperación técnica inconveniente e innecesaria
El viaje ministerial exige escrutinio. Importar tecnología no equivale automáticamente a no resolver las solicitudes de los gremios mencionados, pero tampoco la cooperación es neutral cuando el gobierno no explica sus condiciones, sus beneficios verificables ni la coherencia con una política exterior que esté alineada con el interés nacional de los colombianos más allá de la ideología sectaria de quienes presiden la burocracia estatal.
Una agenda de riego, innovación y transferencia tecnológica tendría sentido si fortaleciera la investigación nacional, llegara a pequeños y medianos productores y no reemplazara las capacidades de instituciones, ni la respuesta a las crisis combinadas del arroz, café, leche y floricultura. De lo contrario, el Gobierno corre el riesgo de invocar la cooperación con Israel para defenderse de sus críticos mientras trata como inevitables las dependencias que sí puede corregir con política pública. La soberanía y la seguridad alimentaria se construyen con capacidad de producir, investigar y decidir en Colombia.
Oponerse al genocidio en Gaza es un imperativo moral de nuestros tiempos. Hacer tratos de cualquier tipo con el Gobierno Sionista que encabeza estos crimenes contra la humanidad es indefendible. Visitarlos para lavarles la cara, es deplorable Ministro.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN CENTRAL
Prensa Mercosur es un diario online de iniciativa privada que fue fundado en 2001, donde nuestro principal objetivos es trabajar y apoyar a órganos públicos y privados.
- ★Francia hace balance tras el mayor estallido de violencia en décadas: 2.000 detenidos y un millar de comercios saqueados
- ★Charly García celebra su cumpleaños con una reedición de los conciertos de ’60×60′
- ★El Concejo Deliberante declaró de Interés Deportivo la trayectoria del boxeador Diego Larraula
- ★Tras el Posta de Sabores – Marcelo Teileche: “Era una apuesta para los productores locales y regionales, en este contexto económico complejo que se vive”
- ★Confirmaron la realización del III Congreso de Salud Mental Comunitaria en Chascomús

















