
La primera vez que Marlon Brando vio el atolón de Tetiaroa, a comienzos de los años sesenta, solo distinguió en el horizonte un «delgado lápiz de tierra». Estaba en la Polinesia Francesa rodando «Rebelión a bordo» y en un descanso pagó a un pescador para que lo llevara hasta allí, donde encontró un lugar «más bonito que cualquier cosa que hubiera esperado», según recoge la revista Smithsonian.
Más de seis décadas después, en el islote de Onetahi funciona The Brando, un hotel de 35 villas y una residencia privada que se refrigera con agua del océano bombeada desde 960 metros de profundidad y que saca alrededor del 60 % de su energía de más de 4700 paneles solares colocados junto a la pista de aterrizaje.
Lo que el hotel cuenta en su web ahora se puede contrastar con datos. Dos investigadores de la Universidad de la Polinesia Francesa midieron cómo rinde de verdad su sistema de frío y cuánto dinero ahorra frente al aire acondicionado de toda la vida.
El atolón que Brando quiso convertir en laboratorio
Brando compró Tetiaroa unos años después de aquel primer viaje. Está a unos 48 kilómetros al norte de Tahití y lo forman una docena de islotes de coral, que allí llaman motus, alrededor de una laguna.
Según su biógrafo Peter Manso, el actor quería un sitio donde «gente intelectual de todo el mundo pueda venir, conversar e intercambiar ideas». Su amiga Patt Morrison, columnista de Los Angeles Times, escribió que el plan era que Tetiaroa fuera «un hotel tropical ecológicamente responsable, pero sobre todo una reserva natural, un laboratorio científico experimental al aire libre, una “universidad del mar”».
El hotelero Richard Bailey, presidente y consejero delegado de Pacific Beachcomber, trabajó durante años con el actor en la idea y la sacó adelante tras su muerte. El Brando Family Trust aprobó en 2009 el proyecto de 35 villas y el hotel abrió en 2014, el mismo día en que se cumplían diez años de la muerte de Brando.
El frío llega desde casi un kilómetro de profundidad
El sistema se llama SWAC, las siglas en inglés de climatización con agua de mar. Una tubería tendida en el fondo sube agua que llega a tierra a unos 5,8 °C de media, y esa agua enfría en un intercambiador de titanio el circuito de agua dulce que recorre los edificios. Después el agua de mar vuelve al océano.
En Tetiaroa la toma está a 960 metros de profundidad y la tubería mide 2618 metros. El circuito que reparte el frío tiene unos 3,8 kilómetros y llega a las villas, a las viviendas del personal y a los edificios técnicos, con una potencia frigorífica nominal de 2,4 megavatios.
«Brando era un hombre adelantado a su tiempo», contaba Bailey a la revista Interior Design en 2013. «Había oído hablar del principio SWAC […] ya en los años setenta y soñaba con hacerlo realidad en Tetiaroa para la acuicultura». Bailey ya lo había probado en 2006 en su hotel InterContinental de Bora Bora.
Enfriar edificios en el trópico sin disparar la factura es un problema que comparten muchas ciudades, que prueban soluciones mucho más baratas, como pintar de blanco los tejados en Filadelfia.
Lo que dicen las mediciones del hotel
El trabajo lo firman Franck Lucas y Kanhan Sanjivy, del laboratorio GEPASUD de la Universidad de la Polinesia Francesa. Sanjivy también trabaja para la Agencia francesa de la Transición Ecológica (ADEME), que financió el estudio junto con la universidad.
Los ingenieros miden el rendimiento con el EER, que indica cuántas unidades de frío salen por cada unidad de electricidad. La instalación de The Brando da un EER global de 25,5, mientras que las enfriadoras convencionales del hospital de Taone, en Tahití, medidas en el mismo trabajo, se quedaban en 3.
En consumo, el SWAC del hotel gasta de media 26,7 kilovatios de electricidad. Los autores calculan que con enfriadoras haría falta 113,9 kilovatios y con aparatos individuales en cada villa, 189,9, así que el recorte ronda el 77 % y el 86 %, cerca del «hasta un 90 %» que anuncia la web de sostenibilidad del hotel.
También hicieron cuentas de dinero. La electricidad en Tetiaroa cuesta 0,78 dólares por kilovatio hora, según el proveedor Énergie de Tetiaroa, y con ese precio cada kilovatio hora de frío del SWAC sale a 0,15 dólares a lo largo de 50 años de vida útil. Frente a una instalación con enfriadoras, el ahorro estimado en toda su vida útil es de 18,48 millones de dólares.
«Las únicas instalaciones industriales de SWAC directo que funcionan en climas cálidos están en la Polinesia», escriben los autores.
Paneles junto a la pista y baterías para la noche
La otra mitad de la historia es la solar. Según el hotel, los más de 4700 paneles fotovoltaicos de la pista cubren el 60 % de sus necesidades de energía y lo que sobra se guarda en baterías de litio para tener luz por la noche, algo parecido a lo que hizo otra isla con los paneles casi invisibles de Alcatraz.
Antes de la apertura, el plan incluía también biocombustible de aceite de coco. Interior Design describía en 2013 un hotel que obtendría toda su energía de «fuentes renovables como la solar, el biocombustible de aceite de coco y la climatización con agua de mar». La página actual de sostenibilidad del hotel no menciona el aceite de coco ni explica de dónde sale el 40 % restante.
Anne–Laure Amabile, que era coordinadora de responsabilidad social del hotel, lo resumía así en 2022 en la web de viajes The Points Guy: «A la escala de Tetiaroa, el personal de The Brando y todos sus socios, incluida Tetiaroa Society, forman una verdadera comunidad que vive en un pueblo autosuficiente en energía y agua».
Agua de lluvia, compost y guerra a las ratas
El agua potable sale de desalar agua de mar por ósmosis inversa. La lluvia que se recoge en el acuífero y en los tejados va a las piscinas, el saneamiento y la lavandería, y las aguas residuales se depuran con plantas acuáticas tropicales y se reutilizan para regar.
Los restos de comida se convierten en compost en 24 horas para el huerto, el vidrio lo aprovecha una empresa tahitiana mezclado con hormigón, las latas de aluminio se venden para fundirlas otra vez y el aceite de cocina usado acaba en biocombustible.
Fuera del hotel trabaja Tetiaroa Society, la entidad sin ánimo de lucro que se ocupa de la conservación del atolón y que recibe del hotel alrededor del 70 % de su financiación operativa, según Smithsonian. Su programa más conocido intenta acabar con las ratas, que se comen huevos, pollos de aves y crías de tortuga, y el atolón ya ha registrado 15.614 crías de tortuga verde en una sola temporada.
«Marlon era un visionario», dijo a Smithsonian Hinano Murphy, directora cultural de Tetiaroa Society. «Quería crear una escuela del océano». Neil Davies, su director científico, lo describe como «un lugar de encuentro».
Lo que el estudio no resuelve
Las mediciones también enseñan los puntos flojos. La instalación del hotel trabaja al 28,5 % de su capacidad, y los autores reconocen que «la caída de la ocupación hotelera tras la covid explica en parte» ese dato.
Las bombas del circuito de distribución se llevan cerca del 80 % de la electricidad del sistema y su regulación, según el estudio, parece funcionar de forma inadecuada. Con una regulación ideal, según la simulación de los autores, su potencia media bajaría de 25,44 a 8,7 kilovatios y se ahorrarían 147,2 megavatios hora al año.
Los datos los facilitaron el propio Bailey y el jefe de proyecto Bruno Chevallereau, y los autores advierten de que el coste del frío «depende mucho de los costes locales», que en la Polinesia son muy altos. Además, Pacific Beachcomber se ha fijado reducir sus emisiones un 50 % en 2030 respecto a 2019, pero ese objetivo deja fuera los vuelos internacionales, que son los que traen hasta Tahití a los visitantes extranjeros.
El estudio completo se ha publicado en IntechOpen.
Bailey lo resumió con una frase cuando el hotel aún no había abierto: «En The Brando, el lujo está desenchufado».
Imagen: Saga70 / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)
https://www.ecoticias.com/energias-renovables/atolon-tetiaroa-brando-agua-de-mar-solar
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