
La I Semana de la Hispanidad se celebra en Gijón hasta el domingo y es una oportunidad para pensar en la relación de Asturias con Iberoamérica como futuro y no desde la nostalgia.
Del puerto de Gijón, del que partieron generaciones de asturianos hacia América, puede nacer una nueva relación entre Asturias y el mundo iberoamericano, pensada desde el futuro y no tanto desde la nostalgia.
En Gijón se lleva más de medio siglo mirando a América. En ocasiones, con una mujer de bronce un tanto desesperada. Es La Madre del Emigrante, aunque, con esa entrañable irreverencia y sorna gijonesa para rebautizar monumentos —como hicimos con «el váter de King Kong» para referirnos al Elogio del Horizonte—, muchos terminamos renombrándola como «La Lloca del Rinconín». Allí sigue, brazo extendido hacia el Cantábrico, despidiendo a quienes marcharon en busca de un porvenir al otro lado del océano.
Tal vez haya llegado el momento de encargarle una más actualizada estatua de compañía.
Porque junto a aquella escultura dedicada a la amargura de los que se fueron quizá empiece a merecer otra del presente de los que vienen. Hermanos culturales de las Américas hispana y lusófona que llegan hoy a Asturias para trabajar, emprender, estudiar, cuidar, formar familias y contribuir a una tierra astur —dizque envejecida— necesitada también de nuevos habitantes y relevo generacional.
La I Semana de la Hispanidad de Gijón puede ser una simiente de ese cambio de mirada. No se trata únicamente de recordar a los indianos, sus casonas con «haigas» y nuestra emigración. Se trata de reencontrarnos con el inmenso mestizaje nacido y surgido de aquella historia entrelazada.
Porque este Principado se ha conjugado históricamente en dos direcciones que no deberían enfrentarse. Está la Asturias que mira hacia dentro: la de la Quintana —y «¡qué verde era mi valle!»—, la aldea, el paisaje, los potes y el asturiano —incluido el Eo-naviego—, empeñada justamente en conservar aquello que nos hace reconocibles. Pero existe también una Asturias atlántica, abierta al mar, que durante siglos miró más allá de sus montañas.
Desde Pedro Menéndez de Avilés hasta Campomanes y Jovellanos: desde las miles de emigrantes que hicieron de La Habana, México, Buenos Aires o Montevideo una prolongación sentimental de su tierra hasta los viajeros de allá que recorrieron Asturias —entre ellos Rubén Darío—, nuestra historia no estuvo encerrada entre Cantábrico y cordilleras.
Quizá ahí esté precisamente la verdadera idiosincrasia asturiana: tener raíces profundas sin dejar de tener ramas y frutos lejanos en el horizonte. La Asturias del bable y la Asturias del Atlántico no se contradicen. Una conserva la casa; la otra abre, como gran anfitriona, la puerta. En la Ilustración, Campomanes defendió que el comercio con las Indias dejase de estar concentrado en Cádiz y pudiera abrirse desde otros puertos españoles. Décadas después, Jovellanos prolongaría aquella mirada marítima y comercial, imaginando para Gijón una gran vocación atlántica.
Durante generaciones, aquel océano fue camino de ida y vuelta: de emigrantes, mercancías, ideas, cartas ensoñadoras y parientes asturianos que terminaban echando raíces en la otra orilla.
Y eso debería ser también la Hispanidad del siglo XXI: menos nostalgia y más circulación de personas, cultura, empresas, universidades, innovación y talento. Aunque quizá convenga ampliar todavía más el horizonte.
Personalmente, me siento muy próximo a las tesis del gran profesor Frigdiano Álvaro Durántez Prados en torno a la Iberofonía: contemplar conjuntamente el gran espacio mundial de lenguas española y portuguesa —lenguas multinacionales y con una profunda intercomprensión y que conforman el primer bloque geolingüístico del mundo—. Porque América del Sur difícilmente puede entenderse sin Brasil, como tampoco España y la Península Ibérica pueden explicarse cabalmente ignorando a Portugal.
Hispanidad, sí; pero con la ventana abierta, «de par en par» a una comunidad iberófona mayor. No para sustituir identidades, sino para sumarlas: pasar de la nostalgia de una vieja comunidad histórica a un espacio contemporáneo de cooperación iberoamericana e iberófona.
En próximas ediciones sería deseable escuchar todavía más voces del otro lado del charco, aunque fuese digitalmente. No sólo hablar sobre América, sino hablar mucho más con América. Y, por qué no, también con Brasil y Portugal.
Asturias puede reconstruir esos puentes sin convertirlos en bandera electoral ni en ceremonia del pasado, sino en una verdadera política de economía productiva, cooperación cultural y relaciones humanas.
Quisiera cerrar estas líneas con un reconocimiento a quienes hicieron posible esta primera Semana de la Hispanidad: sus organizadores, las concejalías implicadas y cuantos desde el ámbito asociativo promovieron la iniciativa. Quienes creemos en estos puentes debemos agradecer que se haya sembrado una propuesta que puede crecer mucho más allá de estas primeras jornadas.
Quizá La Lloca pueda entonces alegrarse un poco. Después de tantos años despidiendo asturianos, no estaría mal que Gijón levantase algún día una escultura a quienes ahora llegan desde América.
Sería una hermosa manera de decir que el Atlántico ya no es solamente despedida.
También puede ser de una próspera bienvenida.
Fuente Diario Decano de la Prensa Asturiana
ACERCA DEL CORRESPONSAL
JAVIER PERTIERRA
Javier Pertierra Antón, destacado jurista y comunicador español con una trayectoria diversificada:
Periodismo y Comunicación: Es el Director para la Unión Europea de "Prensa Mercosur" y presentador del pódcast "Enlace Iberoamericano", donde analiza temas de, empresa, innovación, tecnología, cultura y política.
Perfil Jurídico: Es abogado especialista en Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs), urbanismo y asesor jco.
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