El contraste con el Gobierno de Kast es evidente. Mientras Bachelet hablaba de defender la Carta de Naciones Unidas frente a todos los Estados sin importar su tamaño o poder, el Gobierno que anticipadamente le retiró el respaldo termina adhiriendo a una arquitectura diseñada por la misma administración que buscó bloquearla.

Javier Albornoz Rebolledo. Integrante de la Comisión Política del Partido Comunista de Chile. 23/09/2026. La decisión de Michelle Bachelet de retirar su candidatura a la Secretaría General de Naciones Unidas merece ser leída más allá del resultado. No reunió los votos necesarios y entendió que había llegado el momento de dar un paso al costado. Pero sería un error reducir todo a una candidatura que perdió. Bachelet representó la posibilidad de que una mujer latinoamericana, dos veces Presidenta de Chile y ex Alta Comisionada para los Derechos Humanos, condujera Naciones Unidas defendiendo los derechos humanos, el derecho internacional y la independencia de la ONU frente a las grandes potencias.
La oposición estadounidense no fue una especulación. Parlamentarios republicanos pidieron formalmente a Marco Rubio que Estados Unidos utilizara su veto para impedir su elección. El Gobierno de Kast, entretanto, había retirado el patrocinio chileno alegando “diferencias con algunos de los actores relevantes que definen este proceso”. Brasil y México conocían la misma correlación y decidieron continuar. Bachelet también continuó y sólo se retiró cuando el Consejo de Seguridad mostró que ya no existían condiciones para seguir.
La diferencia se vuelve más clara con la adhesión chilena al Escudo de las Américas. Se nos dice que permitirá mayor cooperación contra el narcotráfico y el crimen organizado. Pero Chile ya coopera hace años con Estados Unidos en materia policial, fronteriza, de inteligencia y defensa. La pregunta no es si debemos cooperar, sino qué agrega políticamente el Escudo y a qué doctrina regional nos incorporamos.
El problema es que Trump fue bastante más explícito al presentar la iniciativa: habló de una “nueva coalición militar” contra los carteles y de profundizar la actuación conjunta de las fuerzas armadas. No estamos sólo ante policías intercambiando antecedentes; estamos ante una doctrina que comienza a transformar el narcotráfico en un problema de guerra y presenta la fuerza militar estadounidense como una herramienta para enfrentar amenazas en América Latina y el Caribe. La adhesión chilena no significa que mañana puedan ingresar libremente tropas estadounidenses a nuestro territorio, pero sí nos incorpora a una arquitectura impulsada desde Washington cuya orientación militar está expresamente declarada.
Esto ocurre cuando un experto independiente de Naciones Unidas ha advertido que los ataques militares estadounidenses contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico pueden constituir crímenes de lesa humanidad. No es una sentencia judicial y debemos decirlo con precisión, pero sí una advertencia jurídica gravísima. América Latina conoce demasiado bien la pretensión de que Washington defina cuáles son las amenazas del hemisferio y cómo deben enfrentarse. Cambian los nombres y los instrumentos, pero reaparece la vieja concepción del patio trasero.
Por eso Bachelet merece ser reivindicada. En esta coyuntura representó una tradición que Chile no debería abandonar: multilateralismo, derecho internacional y una voz propia frente a los poderosos. Sabía que sectores decisivos del trumpismo no la querían al frente de Naciones Unidas y no modificó sus posiciones para obtener el beneplácito de Washington. Llegó hasta donde pudo y, cuando la correlación hizo imposible continuar, se retiró con dignidad.
El contraste con el Gobierno de Kast es evidente. Mientras Bachelet hablaba de defender la Carta de Naciones Unidas frente a todos los Estados sin importar su tamaño o poder, el Gobierno que anticipadamente le retiró el respaldo termina adhiriendo a una arquitectura diseñada por la misma administración que buscó bloquearla. Ahí adquiere sentido hablar de patriotismo de baja intensidad: mucha patria y soberanía hacia dentro; bastante menos autonomía cuando enfrente está una potencia extranjera.
https://elsiglo.cl/patriotismo-de-baja-intensidad/
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