Carolina Tejada la directora del periódico concedió una entrevista al diario francés L´Humanité, donde abordó el cómo dar la batalla de las ideas en los medios contrahegemónicos.

Luis Reygada. Semanario Voz. L´Humanité. Bogotá. 23/09/2026. Para la colombiana Carolina Tejada, directora del Semanario VOZ, la izquierda ya no puede conformarse con “gobernar bien”. Frente a los adversarios que actúan sobre las percepciones y las emociones, también debe librar la batalla “de las ideas, de la cultura”.
Ante acontecimientos como el Foro de Madrid o el “caso Cerimedo”, ¿cree que este las fuerzas progresistas del continente deberían replantearse su forma de percibir al adversario político?
La derecha nunca ha jugado limpio. En América Latina existe una larga historia de golpes de Estado, operaciones de inteligencia, guerra psicológica, campañas de desinformación, persecución política y utilización de todos los instrumentos disponibles para impedir que los pueblos avancen hacia proyectos de transformación social. Lo novedoso hoy no es la existencia de esas prácticas, sino las herramientas tecnológicas con las que se desarrollan.
El caso Cerimedo permite observar, precisamente, una dimensión de esa nueva arquitectura del poder. Las investigaciones han puesto bajo escrutinio el uso de granjas de bots, campañas negativas y mecanismos de manipulación de las conversaciones digitales por parte de un operador que ha tenido vínculos con sectores de la derecha latinoamericana.
Desde una perspectiva marxista, esto no debería analizarse solamente como un problema de comunicación electoral. Estamos frente a una disputa por la hegemonía.
El poder no se sostiene únicamente mediante las instituciones del Estado o mediante la propiedad de los medios de producción; también se disputa en el terreno de las ideas, de la cultura, de los imaginarios y, cada vez más, de los algoritmos.
Las plataformas digitales se han convertido en espacios donde se produce subjetividad política. Allí se puede fabricar artificialmente una tendencia, instalar un enemigo, convertir una mentira en sentido común y presentar como espontáneo aquello que ha sido cuidadosamente organizado.
El circuito es poderoso: cuentas coordinadas amplifican un mensaje, los algoritmos lo posicionan y posteriormente determinados medios lo legitiman ante la sociedad.
La izquierda latinoamericana subestimó durante mucho tiempo esta dimensión, que es parte de la lucha de clases. No comprendimos que, a la par de la disputa por gobiernos democráticos, también había que disputar la conciencia para la acción de millones de personas. La izquierda no puede renunciar a la disputar del sentido común, eso es dejar un terreno estratégico en manos de la ultraderecha fascista.
¿Qué errores, en la forma de gobernar y comunicarse, deben corregirse ante esta ofensiva?
El principal desafío de la izquierda es pasar de la contemplación de los fenómenos a una acción política consciente y organizada en el campo de la comunicación y de la cultura.
La experiencia histórica demuestra que las clases dominantes han entendido que el poder también se construye moldeando percepciones, emociones y comportamientos. Goebbels comprendió tempranamente el valor político de la propaganda, hoy esa lógica ha adquirido una sofisticación tecnológica extraordinaria.
Ya no hablamos únicamente de propaganda tradicional, sino de microsegmentación, automatización, inteligencia artificial, manipulación algorítmica y producción industrial de contenidos.
Y aquí hay que hacer una distinción, el papel de la izquierda debe ser responder, pero no copiando mecánicamente los métodos de la extrema derecha. Nuestra disputa debe ser ética, política y cultural. No se trata de fabricar mentiras para combatir otras mentiras, sino de construir una capacidad popular de comunicación, organización y pensamiento crítico capaz de disputar la hegemonía.
En Colombia hemos vivido las consecuencias de subestimar este fenómeno. La izquierda no puede volver a asumir que tener un buen gobierno, hacer transformaciones sociales o contar con una base popular organizada es suficiente para ganar la batalla política. Hay que comunicar las transformaciones, disputar los relatos y comprender cómo funcionan las nuevas tecnologías del poder, y que incluso los y las candidatas comprendan eso.
El error sería pensar que la comunicación es un asunto secundario. Hoy la política también se vive en las pantallas del celular de millones de personas. Allí se forman opiniones, se construyen enemigos y se aplauden guerras, se alimentan miedos y se toman decisiones electorales.
¿En qué medida el intervencionismo de Estados Unidos ha afectado los equilibrios políticos del continente?
La izquierda latinoamericana conoce perfectamente la historia del imperialismo estadounidense. Desde Guatemala en 1954 hasta Chile en 1973, pasando por las dictaduras del Cono Sur, la guerra contra la Revolución Cubana y las distintas formas de intervención política, económica y militar, Washington ha considerado históricamente a América Latina como una zona estratégica para sus intereses. Su patio trasero.
Por eso sería ingenuo pensar que el intervencionismo desapareció. Lo que ha cambiado son sus instrumentos. Hoy la intervención puede combinar sanciones económicas, presión diplomática, inteligencia, financiamiento político, plataformas digitales, operaciones de desinformación y construcción de narrativas internacionales, redes que ayuden al control de determinados circuitos de información.
La reciente convocatoria realizada por Marco Rubio en Washington contra lo que la administración Trump denomina “terrorismo político de extrema izquierda” es una señal que debe ser analizada con mucha atención. Este encuentro anticomunista, nos puso en el centro de la agenda internacional estadounidense. Y para ello trabajan con candidatos y gobiernos latinoamericanos.
Como en la guerra fría, están construyendo un enemigo interno y externo, asociar las luchas populares con el terrorismo y utilizar esa narrativa para justificar mecanismos de persecución y aislamiento y eliminación política.
Por eso, hablar de un nuevo Plan Cóndor no debe hacerse como una simple comparación histórica, sino como una advertencia política. Las formas pueden ser distintas, pero permanece su lógica.
De allí la autocrítica. No podemos atribuir todas nuestras derrotas al imperialismo. Los gobiernos progresistas también deben reconocer sus errores: burocratización, pérdida de conexión con las bases populares, incapacidad para transformar las estructuras económicas y, particularmente, debilidades en la comunicación política.
Ante estos embates, ¿qué formas de resistencia y solidaridad puede o debe organizar la izquierda latinoamericana a nivel regional?
La ofensiva es continental y la respuesta debe ser la unidad continental.
Por ejemplo, existen espacios de coordinación, como el Foro de São Paulo, el Grupo de Puebla y los espacios de articulación de los movimientos sociales. Son escenarios diversos, con contradicciones y diferencias, pero también con importantes puntos de coincidencia.
Existe acuerdo en la defensa de Cuba y Palestina, el rechazo a la injerencia extranjera, la defensa de la soberanía y la necesidad de fortalecer la integración latinoamericana y caribeña. También hay consenso en que nuestra región debe ser una zona de paz, en el marco del Tratado de Tlatelolco.
El desafío es avanzar de estos espacios de encuentro hacia una mayor coordinación política y social. Frente a una derecha cada vez más articulada internacionalmente, los pueblos latinoamericanos también tenemos el deber de fortalecer nuestra unidad por la solidaridad, la soberanía y la paz regional.
https://elsiglo.cl/semanario-voz-de-colombia-la-lucha-de-clases-tambien-se-lleva-a-cabo-en-las-plataformas-digitales/
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