Corea del Sur confirmó que los ejercicios militares conjuntos con Estados Unidos comenzaron según lo previsto, pese a que el presidente Donald Trump ordenó reducir de manera significativa la escala de las maniobras horas antes de su inicio. El ejercicio Ulchi Freedom Shield comenzó este lunes 17 de agosto y se extenderá durante 11 días, en un escenario marcado por las tensiones con Corea del Norte y por el intento de Trump de mantener abierta una vía de diálogo con Kim Jong-un.
Las maniobras reúnen a fuerzas surcoreanas y estadounidenses y tienen como objetivo principal mejorar la capacidad de respuesta conjunta frente a posibles amenazas provenientes de Corea del Norte. Unos 18.000 militares surcoreanos participan del ejercicio, que incluye entrenamiento para enfrentar escenarios vinculados con drones, ataques cibernéticos, interrupciones de sistemas GPS y otras formas de guerra moderna.
La decisión de Trump generó incertidumbre porque el anuncio se produjo prácticamente en el momento en que los ejercicios estaban a punto de comenzar. El presidente estadounidense ordenó al secretario de Defensa, Pete Hegseth, “reducir sustancialmente” las maniobras, argumentando que son costosas y que transmiten un mensaje que considera innecesariamente hostil hacia Corea del Norte.
Trump vinculó además su decisión con la relación que mantiene con Kim Jong-un. El mandatario estadounidense afirmó que tiene una “muy buena relación” con el líder norcoreano y sostuvo que Pyongyang se ha comportado de manera respetuosa durante su actual presidencia. Su postura supone un cambio importante respecto de la visión tradicional de los ejercicios como una herramienta fundamental de disuasión frente a Corea del Norte.
El presidente estadounidense también introdujo un elemento ajeno directamente a la península coreana. Según Trump, había pedido al Gobierno de Corea del Sur colaborar con Estados Unidos en sus acciones relacionadas con la desnuclearización de Irán, pero Seúl rechazó la propuesta. El mandatario presentó esa negativa como uno de los factores que influyeron en su decisión de reducir las maniobras.
Pese a la orden estadounidense, el Gobierno surcoreano decidió mantener el comienzo del ejercicio. La decisión refleja la importancia que Seúl continúa otorgando a la preparación militar conjunta y a la capacidad de sus fuerzas para responder ante una eventual crisis en la península.
Los ejercicios tienen además un fuerte componente tecnológico. Las fuerzas participantes entrenan mediante escenarios simulados y operaciones conjuntas que buscan reproducir las condiciones de un conflicto moderno. La experiencia de la guerra en Ucrania, especialmente el uso masivo de drones y la guerra electrónica, también está influyendo en la preparación militar de los aliados.
Para Corea del Sur, la cuestión no se limita a realizar maniobras militares. El país considera que la cooperación con Washington constituye uno de los pilares de su sistema de defensa frente al programa nuclear y misilístico norcoreano.
La reducción de los ejercicios genera por ello preocupación entre algunos sectores surcoreanos y estadounidenses, que consideran que una disminución excesiva podría afectar la preparación de las fuerzas aliadas. La capacidad de entrenar conjuntamente es considerada fundamental para garantizar que ambos ejércitos puedan operar coordinadamente en caso de una emergencia.
La situación también adquiere importancia por la evolución militar de Corea del Norte. Pyongyang ha fortalecido sus capacidades nucleares y misilísticas y mantiene una estrecha relación con Rusia. Además, el conflicto en Ucrania permitió a Corea del Norte adquirir experiencia y profundizar su cooperación militar con Moscú.
Corea del Norte considera tradicionalmente estos ejercicios una preparación para una eventual invasión y suele responder con fuertes amenazas o demostraciones militares cuando se realizan. En esta ocasión, Pyongyang también criticó las maniobras y advirtió sobre las consecuencias que podría tener el fortalecimiento de la alianza entre Estados Unidos, Corea del Sur y Japón.
La posición de Trump introduce una variable adicional. Durante su primer mandato, el presidente estadounidense también redujo o suspendió algunos ejercicios militares con Corea del Sur después de sus encuentros con Kim Jong-un, como parte de sus esfuerzos para impulsar negociaciones sobre el programa nuclear norcoreano.
Ahora intenta recuperar ese canal diplomático en condiciones diferentes. Corea del Norte posee actualmente mayores capacidades militares y mantiene una relación mucho más estrecha con Rusia y China, mientras que las negociaciones entre Washington y Pyongyang continúan estancadas.
Para el Gobierno surcoreano, el desafío consiste en mantener la preparación militar sin cerrar completamente la posibilidad de una negociación con Pyongyang. El presidente Lee Jae Myung ha mostrado interés en reducir las tensiones con Corea del Norte y considera que cualquier oportunidad de diálogo debe ser aprovechada.
La decisión de mantener el inicio de los ejercicios demuestra que Seúl no pretende abandonar su estructura de defensa conjunta con Washington. Al mismo tiempo, la orden de Trump deja abierta la posibilidad de que el componente estadounidense de las maniobras sea reducido respecto del diseño original, aunque los detalles concretos de la reducción todavía no estaban completamente definidos al comenzar el ejercicio.
El episodio refleja así una tensión dentro de la propia alianza. Corea del Sur necesita mantener una capacidad militar conjunta creíble frente a Corea del Norte, mientras Trump busca reducir los costos de las operaciones estadounidenses y utilizar la cooperación militar como parte de una estrategia diplomática más amplia hacia Kim Jong-un.
El comienzo de Ulchi Freedom Shield, pese a la orden de Trump de reducir su magnitud, muestra que la alianza militar entre Seúl y Washington continúa vigente, pero atraviesa una etapa de incertidumbre. Corea del Sur mantiene su compromiso con los ejercicios y con la preparación de sus fuerzas, mientras Estados Unidos intenta modificar su escala y utilizarlos dentro de una estrategia que combina disuasión, reducción de costos y una posible reapertura del diálogo con Corea del Norte. El resultado de esta nueva política podría tener consecuencias no solo para la seguridad de la península, sino también para el equilibrio militar de todo el noreste asiático.
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