𝗘𝗹 𝗱ó𝗹𝗮𝗿 𝗼𝗳𝗶𝗰𝗶𝗮𝗹 𝗿𝗲𝘁𝗿𝗼𝗰𝗲𝗱𝗶ó 𝗵𝗮𝘀𝘁𝗮 𝗹𝗼𝘀 𝗕𝘀 𝟭𝟭,𝟳𝟭 𝗲𝗻 𝗕𝗼𝗹𝗶𝘃𝗶𝗮, 𝗮𝗰𝘂𝗺𝘂𝗹𝗮𝗻𝗱𝗼 𝘀𝗲𝗶𝘀 𝗯𝗮𝗷𝗮𝘀 𝗱𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝗹𝗰𝗮𝗻𝘇ó 𝘀𝘂 𝗺á𝘅𝗶𝗺𝗼 𝗱𝗲 𝗕𝘀 𝟭𝟮,𝟭𝟱 𝗮 𝗳𝗶𝗻𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗷𝘂𝗹𝗶𝗼. 𝗟𝗮 𝗰𝗼𝗿𝗿𝗲𝗰𝗰𝗶ó𝗻 𝗿𝗲𝗽𝗿𝗲𝘀𝗲𝗻𝘁𝗮 𝘂𝗻𝗮 𝗯𝗮𝗷𝗮 𝗱𝗲 𝗮𝗽𝗿𝗼𝘅𝗶𝗺𝗮𝗱𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝟯,𝟭% 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗲𝗰𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗮𝗾𝘂𝗲𝗹 𝗽𝗶𝗰𝗼, 𝗮𝘂𝗻𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗮 𝗱𝗶𝘃𝗶𝘀𝗮 𝘁𝗼𝗱𝗮𝘃í𝗮 𝗲𝘀𝘁á 𝗮𝗹𝗿𝗲𝗱𝗲𝗱𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝟮𝟭% 𝗽𝗼𝗿 𝗲𝗻𝗰𝗶𝗺𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗕𝘀 𝟵,𝟳𝟯 𝗰𝗼𝗻 𝗹𝗼𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗲𝗻𝘇ó 𝗲𝗹 𝗻𝘂𝗲𝘃𝗼 𝗿é𝗴𝗶𝗺𝗲𝗻 𝗰𝗮𝗺𝗯𝗶𝗮𝗿𝗶𝗼 𝗲𝗹 𝟮𝟵 𝗱𝗲 𝗷𝘂𝗻𝗶𝗼. 𝗘𝗹 𝗴𝗶𝗿𝗼 𝗲𝘀 𝗿𝗲𝗹𝗲𝘃𝗮𝗻𝘁𝗲 𝗽𝗼𝗿𝗾𝘂𝗲 𝗕𝗼𝗹𝗶𝘃𝗶𝗮 𝗮𝗯𝗮𝗻𝗱𝗼𝗻ó 𝗲𝗻 𝗷𝘂𝗻𝗶𝗼 𝘂𝗻 𝘁𝗶𝗽𝗼 𝗱𝗲 𝗰𝗮𝗺𝗯𝗶𝗼 𝗳𝗶𝗷𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗺𝗮𝗻𝘁𝘂𝘃𝗼 𝗲𝗹 𝗱ó𝗹𝗮𝗿 𝗲𝗻 𝗕𝘀 𝟲,𝟵𝟲 𝗱𝘂𝗿𝗮𝗻𝘁𝗲 𝗰𝗮𝘀𝗶 𝟭𝟱 𝗮ñ𝗼𝘀, 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗽𝗮𝘀𝗮𝗿 𝗮 𝘂𝗻 𝗲𝘀𝗾𝘂𝗲𝗺𝗮 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝘁𝗶𝘇𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝘀𝗲 𝗮𝗰𝘁𝘂𝗮𝗹𝗶𝘇𝗮 𝗱𝗲 𝗮𝗰𝘂𝗲𝗿𝗱𝗼 𝗰𝗼𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝗼𝗽𝗲𝗿𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗺𝗲𝗿𝗰𝗮𝗱𝗼 𝗳𝗶𝗻𝗮𝗻𝗰𝗶𝗲𝗿𝗼.
La cifra publicada el 12 de agosto marca un cambio de dirección después de una primera etapa caracterizada por una fuerte depreciación del boliviano frente al dólar. Entre el 29 de junio y el 31 de julio, la cotización oficial pasó de Bs 9,73 a Bs 12,15, un incremento de aproximadamente 24,9%. En términos absolutos fueron Bs 2,42 adicionales por cada dólar, una variación extraordinariamente rápida para una economía que durante años había mantenido prácticamente congelada su cotización oficial.
El movimiento de agosto comenzó con una corrección gradual. Después del máximo de Bs 12,15, el dólar pasó a Bs 12,13, luego a Bs 12,08, Bs 12,02 y Bs 11,86, hasta llegar posteriormente a Bs 11,77 y finalmente a Bs 11,71. El descenso acumulado desde el máximo es de Bs 0,44 por dólar. Esto significa que el mercado está devolviendo una parte del salto registrado durante julio, aunque todavía no existe evidencia suficiente para afirmar que se haya iniciado una tendencia permanente de apreciación del boliviano.
La diferencia entre ambas etapas es importante. En julio, el dólar avanzaba prácticamente todos los días; en agosto, el comportamiento se invirtió. Esa dinámica es precisamente una de las características que el Gobierno esperaba introducir al abandonar el sistema fijo: que el precio de la moneda estadounidense pueda subir o bajar en función de la disponibilidad de divisas y de las operaciones realizadas en el sistema financiero.
El fin de un dólar congelado durante casi 15 años
Para comprender la magnitud del cambio hay que retroceder hasta 2011. Desde noviembre de ese año, Bolivia mantuvo una cotización oficial de Bs 6,96 para la venta y Bs 6,86 para la compra. Durante más de una década, esa referencia permaneció prácticamente inalterada. El Banco Central de Bolivia comenzó recién en 2026 a abandonar definitivamente ese esquema y a permitir que la cotización oficial reflejara con mayor rapidez las condiciones del mercado.
El problema fue que la estabilidad del número oficial no significaba necesariamente que el dólar estuviera disponible a ese precio para todos los agentes económicos.
A partir de 2023, Bolivia comenzó a enfrentar una escasez de divisas cada vez más visible. La reducción de los ingresos provenientes del gas, el descenso de las reservas internacionales, las necesidades de importación de combustibles y el servicio de la deuda externa aumentaron la presión sobre la disponibilidad de dólares. Paralelamente, apareció un mercado paralelo en el que la divisa se negociaba a precios muy superiores al oficial.
Así se produjo una de las principales distorsiones de la economía boliviana: existía un dólar oficial de Bs 6,96, pero empresas, importadores, comerciantes y ciudadanos que necesitaban obtener divisas podían encontrarse con precios muy diferentes en el mercado paralelo.
El resultado fue una brecha cambiaria que terminó afectando los costos de importación, los precios internos, las decisiones empresariales y la confianza de los agentes económicos.
El Gobierno decidió sincerar el mercado
El 26 de junio de 2026, el Ministerio de Economía aprobó la Resolución Ministerial N.º 245, mediante la cual se estableció el tránsito hacia un régimen de tipo de cambio flexible. Tres días después, el nuevo esquema comenzó a operar con un dólar oficial de Bs 9,73.
El Banco Central explicó que el cambio no fue improvisado. Según una presentación institucional, desde finales de 2025 se fueron creando condiciones para abandonar el ancla nominal del tipo de cambio fijo. El BCB comenzó a publicar un Valor Referencial del Dólar Estadounidense, unificó información del mercado cambiario y eliminó determinadas restricciones para la compra y venta de dólares por parte de las entidades financieras.
El nuevo mecanismo utiliza información de las operaciones de compra y venta de divisas registradas por las entidades financieras. El objetivo es que el precio oficial se aproxime más a la realidad de las transacciones que ocurren en el mercado formal.
La Aduana también tuvo que adaptar sus procedimientos. Desde el 4 de julio, para determinadas declaraciones de mercancías, comenzó a utilizarse como referencia el tipo de cambio oficial vigente al último día hábil de la semana anterior. Esto demuestra que el cambio cambiario no afecta solamente a bancos y casas de cambio: también modifica la forma en que se calculan obligaciones vinculadas al comercio exterior.
El primer resultado fue exactamente el contrario al esperado
El nuevo régimen comenzó con Bs 9,73, pero el mercado no respondió inmediatamente con una estabilización. En apenas poco más de dos semanas, el dólar ya estaba en Bs 10,75. Para el 31 de julio había alcanzado Bs 12,15.
Esto muestra una de las dificultades de cualquier transición desde un tipo de cambio administrado hacia uno flexible: cuando existe una demanda acumulada de dólares y durante años hubo una diferencia importante entre el precio oficial y el precio que realmente estaban dispuestos a pagar los agentes económicos, el mercado puede realizar una corrección muy rápida.
En otras palabras, el nuevo régimen no creó por sí mismo la escasez de dólares. La hizo más visible en la cotización oficial.
El salto de Bs 9,73 a Bs 12,15 puede interpretarse como parte del proceso de búsqueda de un nuevo precio de equilibrio. Pero todavía es demasiado pronto para determinar cuál será ese equilibrio.
¿Por qué ahora el dólar comienza a bajar?
El Gobierno atribuye parte de la corrección a la recuperación de la confianza y a la expectativa de ingreso de recursos externos. El Ministerio de Economía sostiene que Bolivia podría recibir financiamiento internacional suficiente para mejorar la disponibilidad de divisas y permitir una gradual reducción de la presión cambiaria.
Uno de los elementos mencionados es un paquete financiero de 1.900 millones de dólares acordado con el Fondo Monetario Internacional, complementado por gestiones con otros organismos internacionales que podrían elevar el financiamiento externo disponible hasta aproximadamente 5.000 millones de dólares, según la información citada por El Deber.
Además, el Gobierno ha buscado recuperar el acceso de Bolivia a los mercados internacionales. En mayo anunció una emisión internacional de 1.000 millones de dólares, operación que, según el Ministerio de Economía, recibió una demanda cinco veces superior al monto ofrecido y participación de 166 inversionistas internacionales.
La lógica económica es sencilla: si ingresan más dólares al sistema financiero, disminuye la escasez relativa de la divisa. Si al mismo tiempo se reduce la presión de la demanda, el precio del dólar puede comenzar a descender.
Pero existe una advertencia fundamental: los créditos externos no sustituyen permanentemente la generación interna de divisas.
El problema estructural continúa
El economista Oscar Mario Tomianovic, de la Fundación Populi, advirtió que todavía es demasiado pronto para identificar un piso para el dólar y señaló que el déficit fiscal continúa siendo un factor de riesgo. Según su análisis citado por El Deber, un déficit persistente podría presionar al Banco Central y aumentar la emisión de bolivianos para financiar desequilibrios fiscales.
Esto plantea uno de los principales desafíos del nuevo régimen.
Si el Gobierno consigue aumentar las exportaciones, atraer inversiones, recuperar la producción de hidrocarburos, incrementar las reservas y reducir el déficit, la flexibilización cambiaria podría funcionar como una herramienta para absorber desequilibrios sin provocar saltos desordenados.
Pero si continúan los desequilibrios fiscales y la economía necesita constantemente más dólares de los que genera, el tipo de cambio podría volver a recibir presión alcista.
Por eso, la caída desde Bs 12,15 hasta Bs 11,71 debe interpretarse como una corrección, no todavía como el final de la crisis cambiaria.
La meta oficial está mucho más abajo
El Gobierno boliviano tiene una expectativa mucho más ambiciosa. El ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, afirmó que la economía podría sentirse cómoda con un dólar cercano a Bs 10 y planteó como referencia un rango de Bs 9,70 a Bs 10,20.
La distancia con la cotización actual todavía es considerable.
Para que el dólar pase de Bs 11,71 a Bs 10 tendría que reducirse aproximadamente 14,6%. Para llegar a Bs 9,70, la caída tendría que aproximarse al 17,2%.
Eso significa que todavía queda un largo camino entre el escenario actual y la meta gubernamental.
La pregunta central será si esa reducción puede producirse mediante una mayor oferta de dólares y una recuperación de la confianza o si, por el contrario, el mercado volverá a presionar al alza cuando desaparezca el efecto inicial de los nuevos recursos externos.
¿Qué significa para los bolivianos?
Para los consumidores, un dólar más bajo puede contribuir a reducir la presión sobre productos importados, especialmente aquellos que dependen directamente de insumos adquiridos en el exterior.
También puede beneficiar a empresas que necesitan dólares para importar maquinaria, materias primas, medicamentos, tecnología, vehículos y combustibles.
Sin embargo, el efecto no es inmediato. Los productos que ingresaron al país cuando el dólar estaba mucho más caro pueden continuar vendiéndose con costos elevados porque los comerciantes ya pagaron esos inventarios a un tipo de cambio superior.
Para los exportadores, el panorama es más complejo. Un dólar más alto puede mejorar el valor en bolivianos de los ingresos obtenidos en el exterior, pero también puede encarecer determinados insumos importados. Un dólar más bajo reduce esos costos, aunque puede disminuir el incentivo cambiario para algunos exportadores.
Por eso, la estabilidad resulta más importante que simplemente tener un dólar barato o caro.
Reservas: el indicador que habrá que observar
Otro dato relevante es la situación de las Reservas Internacionales Netas. El Gobierno sostiene que las RIN se encuentran estabilizadas alrededor de 3.600 millones de dólares, un elemento que considera fundamental para recuperar la confianza en el sistema financiero.
El nivel de reservas es particularmente importante para Bolivia porque durante años la reducción de las divisas disponibles estuvo en el centro de la crisis cambiaria.
El Banco Central necesita contar con suficientes activos externos para afrontar pagos internacionales, respaldar determinadas operaciones y enfrentar episodios de presión sobre el mercado cambiario.
Una recuperación sostenida de las reservas sería, por tanto, una de las señales más importantes de que la corrección actual puede transformarse en una estabilización duradera.
Antes, ahora y después
Antes, Bolivia tenía una cotización oficial prácticamente congelada en Bs 6,96, mientras la escasez de dólares iba creando una brecha cada vez mayor con el mercado paralelo. El sistema parecía estable en el papel, pero acumulaba desequilibrios que terminaron haciéndose visibles en la economía cotidiana.
Ahora, el país está atravesando una transición mucho más brusca. El dólar oficial primero saltó desde Bs 9,73 hasta Bs 12,15 y posteriormente comenzó a retroceder hasta Bs 11,71. Esa volatilidad demuestra que el nuevo mercado todavía está buscando un punto de equilibrio.
Después, el verdadero éxito del régimen flexible no se medirá por una sola cotización diaria, sino por la capacidad de Bolivia para mantener un mercado cambiario funcional, reducir la brecha entre el mercado formal y el informal, recuperar reservas, generar divisas mediante exportaciones y atraer inversión.
El Gobierno deberá demostrar además que los recursos provenientes de organismos internacionales no serán utilizados únicamente para contener temporalmente la presión cambiaria, sino para reconstruir la capacidad productiva del país.
La economía boliviana se encuentra, por tanto, ante una etapa decisiva. La caída del dólar desde Bs 12,15 hasta Bs 11,71 es una señal favorable para quienes esperaban una corrección, pero todavía no constituye una victoria sobre la crisis cambiaria.
El dato más importante no será saber si mañana el dólar baja algunos centavos más. Será observar qué ocurre durante los próximos meses con las reservas internacionales, las exportaciones, la producción de gas, el déficit fiscal, la inversión privada, la disponibilidad efectiva de dólares y la inflación.
Si esos indicadores mejoran simultáneamente, el retroceso actual podría convertirse en el comienzo de una estabilización. Si no lo hacen, el mercado podría volver a presionar sobre el tipo de cambio.
La gran transformación, en definitiva, ya ocurrió: Bolivia abandonó el dólar fijo de Bs 6,96 y entró en un sistema en el que el precio de la divisa refleja diariamente las condiciones del mercado. Lo que todavía está por definirse es si ese cambio permitirá reconstruir la estabilidad económica o simplemente trasladará al tipo de cambio las tensiones que durante años permanecieron ocultas detrás de una cotización oficial prácticamente inmóvil.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, originario de Goiás, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur y Director General de Radio Mercosur. Su trayectoria está vinculada al periodismo internacional, la integración regional, la geopolítica y los derechos humanos.
Cuenta con un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y un Doctorado Honoris Causa por la Universidad Internacional México Blanco. También se desempeñó como Director General del Comité Paraguay de la Cámara de Industria y Comercio del Mercosur y las Américas.
Entre sus reconocimientos se encuentran el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México, recibido en 2021, el Doctorado Honoris Causa y el reconocimiento como Amigo de la Niñez y la Adolescencia por Plan Internacional Paraguay. Su labor mantiene especial atención en el Mercosur, las relaciones internacionales y la cooperación regional.
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