El presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el vicepresidente Geraldo Alckmin mantendrán durante la campaña electoral de 2026 una estrategia con parte de sus agendas separadas, una decisión que busca ampliar la presencia de la fórmula oficialista en distintos territorios y, especialmente, reforzar la disputa por el electorado de São Paulo. Según la información publicada por R7 Planalto, aliados de la campaña prevén que Lula y Alckmin realicen viajes y actividades independientes en determinados momentos, con el vicepresidente concentrando una parte importante de su esfuerzo político en São Paulo, mientras Lula mantiene una agenda nacional. La estrategia adquiere relevancia porque la campaña electoral oficial comenzará el 16 de agosto y la elección presidencial tendrá lugar el 4 de octubre, en un escenario en el que la alianza entre PT y PSB pretende aprovechar la experiencia territorial de ambos dirigentes sin obligarlos a aparecer permanentemente juntos.
La decisión no representa una ruptura dentro de la fórmula. Por el contrario, Lula y Alckmin fueron nuevamente confirmados como candidatos a presidente y vicepresidente durante la convención nacional del Partido de los Trabajadores celebrada el 2 de agosto en São Paulo. La composición reproduce la alianza que llevó a ambos al Palacio del Planalto en 2022 y reúne una coalición amplia de partidos de centroizquierda e izquierda alrededor de la candidatura presidencial de Lula.
Lo que cambia en 2026 es la utilización política de los dos principales nombres de la fórmula. En lugar de considerar que la campaña presidencial debe funcionar exclusivamente mediante actos conjuntos, el comando electoral comienza a utilizar a cada dirigente de acuerdo con sus fortalezas, relaciones políticas y capacidad de interlocución con determinados sectores sociales.
Lula conserva una ventaja evidente en términos de reconocimiento nacional. Después de décadas en la política brasileña y de haber ocupado la Presidencia durante tres mandatos anteriores, su figura tiene una dimensión nacional que le permite concentrarse en grandes actos, regiones estratégicas, asuntos económicos y temas de política exterior.
Alckmin, en cambio, posee una trayectoria particularmente vinculada a São Paulo, donde fue gobernador durante varios períodos y construyó una extensa red política y empresarial. Esa característica adquiere especial importancia en una elección en la que São Paulo representa uno de los mayores colegios electorales del país y constituye un territorio decisivo tanto para la elección presidencial como para la disputa por el Congreso.
São Paulo se convierte en una pieza central
La decisión de conceder mayor autonomía a Alckmin para desarrollar actividades políticas en São Paulo tiene una explicación electoral evidente. El estado concentra una parte enorme del electorado brasileño y, al mismo tiempo, constituye uno de los territorios donde la oposición tiene una presencia política particularmente fuerte.
El vicepresidente conoce profundamente la estructura política paulista. Su trayectoria comenzó en el estado y pasó por la Cámara de Diputados, el gobierno estatal y posteriormente la vicepresidencia de la República. Su perfil moderado puede permitirle dialogar con sectores empresariales, industriales y del electorado que no necesariamente se identifican históricamente con el PT.
Esta característica puede resultar especialmente útil para Lula, porque una campaña presidencial no se decide únicamente mediante la consolidación de los votos tradicionales. La búsqueda de electores independientes, moderados y de sectores que históricamente votaron por otras fuerzas puede determinar el resultado en regiones competitivas.
El propio R7 señala que aliados de los estados esperan que Alckmin tenga una presencia importante en São Paulo, mientras Lula mantendría una agenda más amplia por el país.
La estrategia también tiene un componente simbólico. Alckmin fue durante años uno de los principales representantes del campo político tradicionalmente enfrentado al PT. Su incorporación a la fórmula de Lula en 2022 representó una de las alianzas más significativas de aquella elección y permitió al presidente ampliar su capacidad de diálogo con sectores empresariales y moderados.
De adversarios a compañeros de fórmula
La historia política entre ambos dirigentes ayuda a comprender la dimensión de la alianza.
En las elecciones presidenciales de 2006, Lula y Alckmin fueron adversarios en la segunda vuelta. Alckmin representaba entonces al PSDB y competía contra el presidente que buscaba la reelección. Lula terminó venciendo y consiguió su segundo mandato consecutivo.
Dieciséis años después, el escenario era completamente diferente. Alckmin se convirtió en compañero de fórmula de Lula por el PSB y ambos vencieron a Jair Bolsonaro en las elecciones de 2022.
La alianza fue interpretada como una demostración de pragmatismo político. Lula necesitaba ampliar su coalición hacia sectores de centro y centro-derecha, mientras Alckmin podía aportar una imagen institucional y una conexión histórica con el empresariado y el electorado paulista.
En 2026, esa misma característica vuelve a ser aprovechada, pero ahora dentro de una campaña que necesita administrar simultáneamente identidad partidaria y ampliación electoral.
Lula necesita mantener el Nordeste y disputar el Sudeste
La geografía electoral brasileña es otro elemento fundamental.
Lula mantiene una relación política particularmente fuerte con el Nordeste, región donde su trayectoria personal y sus políticas sociales tienen una fuerte identificación. Pero para una candidatura presidencial competitiva no basta con obtener una gran ventaja en una región si la oposición consigue compensarla en el Sudeste, especialmente en São Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro.
Por eso, la campaña debe funcionar simultáneamente en diferentes frentes.
Lula puede concentrar su presencia en grandes proyectos de infraestructura, políticas sociales, empleo, industria, energía, salud y programas federales. Alckmin puede ocupar espacios donde su perfil de exgobernador y dirigente del PSB resulte más atractivo.
La división de agendas permite, en términos prácticos, que la fórmula esté presente en más lugares durante un mismo período.
Si Lula participa en un acto en el Nordeste mientras Alckmin desarrolla actividades políticas en São Paulo, la campaña consigue multiplicar su presencia territorial sin necesidad de trasladar constantemente a los dos principales candidatos juntos.
La economía industrial también explica el papel de Alckmin
Existe además una razón económica para reforzar el protagonismo de Alckmin.
Antes de concentrarse nuevamente en la campaña, Alckmin ocupó el Ministerio de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios. Desde esa posición participó directamente en políticas de reindustrialización, comercio exterior, innovación y competitividad.
Su perfil resulta especialmente compatible con el diálogo con empresarios industriales de São Paulo, donde se concentra una parte fundamental de la producción manufacturera brasileña.
El Gobierno de Lula ha colocado la reindustrialización y la transición hacia una economía de mayor valor agregado entre sus prioridades. En ese contexto, Alckmin puede desempeñar durante la campaña un papel que vaya más allá del tradicional discurso electoral: presentar la candidatura como una alianza entre políticas sociales, desarrollo industrial y apertura de mercados.
Esto adquiere relevancia en un momento en que Brasil enfrenta tensiones comerciales internacionales y necesita ampliar sus mercados de exportación.
La campaña entra en una nueva etapa
La división de agendas ocurre precisamente cuando el calendario electoral brasileño entra en una fase decisiva.
Las convenciones partidarias concluyeron el 5 de agosto, mientras que el registro de candidaturas tiene como fecha límite el 15 de agosto. A partir del 16 de agosto comienza oficialmente la propaganda electoral en diferentes medios, incluida internet, bajo las reglas establecidas por el Tribunal Superior Electoral.
Eso significa que la estrategia de Lula y Alckmin dejará progresivamente de ser una preparación interna y comenzará a convertirse en una campaña visible para millones de electores.
La primera etapa puede estar marcada por la construcción de imagen y la consolidación de alianzas regionales. Posteriormente, la campaña tendrá que enfrentar el debate sobre economía, seguridad, empleo, salud, educación, infraestructura, política exterior y el costo de vida.
La fórmula también necesita administrar diferentes públicos
Uno de los desafíos de una coalición amplia es evitar que el discurso destinado a un sector del electorado genere rechazo en otro.
Lula mantiene una fuerte identificación con la izquierda brasileña y con movimientos sociales, sindicatos y sectores populares. Alckmin, por su trayectoria, puede dialogar con sectores más moderados y empresariales.
La utilización de agendas separadas permite que ambos dirigentes adapten parcialmente su comunicación a los territorios y públicos que visitan sin modificar necesariamente la plataforma central de la candidatura.
No se trata, por tanto, de presentar dos campañas distintas, sino de construir una misma candidatura con diferentes interlocutores.
La estrategia tiene ventajas, pero también riesgos. Si los discursos de ambos comienzan a diferir demasiado, la oposición podría intentar presentar la fórmula como internamente contradictoria. Si, por el contrario, ambos aparecen excesivamente alineados en todos los temas, Alckmin podría perder parte de la capacidad de atraer al electorado moderado que históricamente se identificó con posiciones más alejadas del PT.
El antecedente de 2022 pesa sobre la nueva campaña
La elección de 2022 demostró que la alianza Lula-Alckmin podía funcionar electoralmente. Pero el contexto de 2026 no es idéntico.
En 2022, la disputa estuvo marcada por una fuerte polarización entre Lula y Jair Bolsonaro. En 2026, la oposición presenta nuevas configuraciones y la disputa presidencial se desarrolla en un escenario político diferente.
Además, Lula busca un nuevo mandato en un momento en que su Gobierno necesita convertir los resultados económicos y sociales de su administración en argumentos electorales.
Por eso, la campaña tendrá que responder a una pregunta central: ¿el electorado considera que el país está mejor encaminado bajo Lula o que necesita un cambio de dirección?
La respuesta dependerá mucho menos de los discursos formales de la campaña y mucho más de la percepción cotidiana de los ciudadanos sobre empleo, inflación, ingresos, seguridad y servicios públicos.
El desafío paulista
Para Alckmin, la misión en São Paulo será particularmente compleja.
El estado tiene una dinámica política propia y una tradición electoral en la que el PT enfrenta fuertes dificultades en comparación con el Nordeste. Al mismo tiempo, la candidatura de Fernando Haddad al gobierno estatal busca convertir la elección paulista en una plataforma de apoyo para Lula. El presidente ya ha vinculado públicamente su proyecto nacional con la disputa política en São Paulo.
Esto significa que Alckmin no trabajará solamente para la candidatura presidencial.
Su presencia en el estado puede contribuir a fortalecer la candidatura de Lula, apoyar alianzas para el Senado y la Cámara de Diputados y ayudar a construir una estructura política capaz de enfrentar a las fuerzas de oposición.
La elección presidencial y las elecciones estatales estarán, por tanto, estrechamente conectadas.
Antes, ahora y después
Antes, Lula y Alckmin eran adversarios políticos. La historia de ambos muestra hasta qué punto las alianzas electorales brasileñas pueden cambiar cuando las circunstancias políticas se transforman.
Ahora, ambos vuelven a presentarse como una fórmula unificada, pero con una estrategia más flexible: Lula como principal figura nacional y Alckmin con una misión territorial particularmente importante en São Paulo.
Después del 16 de agosto comenzará la fase más visible de la campaña. Los actos, debates, propaganda, redes sociales y recorridos territoriales permitirán comprobar si la división de agendas consigue realmente ampliar el alcance de la candidatura o si genera contradicciones dentro de la coalición.
El resultado dependerá también de la capacidad de la fórmula para mantener un equilibrio delicado: conservar la base histórica de Lula sin perder al electorado moderado que Alckmin puede ayudar a conquistar.
En última instancia, la estrategia revela una característica fundamental de las elecciones brasileñas de 2026: la campaña presidencial no se jugará únicamente en Brasilia ni en los grandes discursos nacionales. También se definirá en los estados, en las alianzas locales y, especialmente, en la capacidad de los candidatos para disputar los grandes colegios electorales.
Para Lula, tener a Alckmin recorriendo São Paulo mientras él mantiene una agenda nacional significa, en términos electorales, una cosa muy concreta: multiplicar la presencia de la fórmula sin multiplicar necesariamente los costos políticos y logísticos de una campaña presidencial centralizada.
La eficacia de esta estrategia comenzará a medirse cuando la campaña oficial entre en funcionamiento el 16 de agosto y los electores pasen de observar la formación de las alianzas a comparar directamente los proyectos que competirán por el Palacio del Planalto.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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