
Brasil se consolida como uno de los países más codiciados en la creciente disputa internacional por los minerales críticos. En una entrevista concedida a CNN Brasil, el embajador de Japón en Brasil, Yasushi Noguchi, calificó al país sudamericano como una verdadera «potencia mundial en tierras raras» y destacó el interés del gobierno japonés en ampliar la cooperación bilateral para desarrollar una cadena de suministro capaz de reducir la dependencia global de China. Las declaraciones reflejan un cambio profundo en la geopolítica de los recursos naturales, donde minerales utilizados para fabricar vehículos eléctricos, baterías, semiconductores, sistemas de defensa y equipos de alta tecnología han adquirido un valor estratégico comparable al que tuvo el petróleo durante el siglo XX.
Según explicó el diplomático japonés, Brasil posee cerca del 25 % de las reservas mundiales de tierras raras, ubicándose entre los países con mayor potencial geológico del planeta. Sin embargo, esa enorme riqueza todavía contrasta con una realidad productiva limitada: el país representa menos del 1 % de la producción mundial, mientras que China domina ampliamente la extracción, el procesamiento y el refinado de estos minerales estratégicos. Para Japón, esta diferencia demuestra que existe un enorme espacio para desarrollar inversiones conjuntas, transferencia tecnológica y proyectos industriales que permitan agregar valor dentro del propio territorio brasileño.
Las tierras raras comprenden un grupo de 17 elementos químicos indispensables para la economía moderna. Aunque su nombre sugiere escasez, muchos de estos minerales son relativamente abundantes; el verdadero desafío reside en su compleja separación y procesamiento. Son componentes esenciales para fabricar imanes permanentes de alta potencia, motores de vehículos eléctricos, turbinas eólicas, teléfonos inteligentes, computadoras, fibra óptica, satélites, radares, misiles, equipos médicos y una amplia variedad de tecnologías vinculadas con la transición energética y la industria digital. Por esa razón, el control de estos recursos se ha convertido en uno de los principales ejes de la competencia económica mundial.
El interés japonés tiene una explicación estratégica. Durante las últimas décadas, China logró controlar cerca del 90 % del procesamiento mundial de tierras raras, convirtiéndose en el principal proveedor internacional. Esa posición le otorga una influencia considerable sobre industrias clave de numerosos países. En respuesta, Japón, Estados Unidos, la Unión Europea y otras economías industrializadas buscan diversificar sus fuentes de abastecimiento para reducir riesgos geopolíticos y fortalecer su seguridad económica. En ese escenario, Brasil aparece como uno de los socios más atractivos por la magnitud de sus reservas y su estabilidad institucional.
La cooperación ya comenzó a tomar forma mediante diversos proyectos. En los últimos meses, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con recursos del Gobierno japonés, anunció un programa destinado a financiar el mapeo geológico de minerales críticos en Brasil, especialmente en Bahía y el Valle del Jequitinhonha, regiones consideradas altamente prometedoras para tierras raras, litio y grafito. El objetivo consiste en ampliar el conocimiento geológico disponible, reducir el riesgo para los inversionistas y facilitar la llegada de nuevas empresas dedicadas a la exploración y procesamiento de estos minerales.
Otro aspecto destacado por el embajador Yasushi Noguchi es que Japón no busca únicamente comprar materia prima, sino desarrollar una cooperación tecnológica más amplia. Empresas japonesas ya participan en proyectos de investigación y desarrollo junto con compañías brasileñas para mejorar las técnicas de extracción, refinado y procesamiento industrial. Para Brasil, esta estrategia representa una oportunidad histórica de evitar el tradicional modelo de exportación de materias primas y avanzar hacia una cadena productiva de mayor valor agregado, generando empleos altamente calificados, innovación y transferencia tecnológica.
Especialistas en geopolítica consideran que Brasil se encuentra en una posición privilegiada dentro de la nueva competencia mundial por los minerales críticos. Además de las tierras raras, el país posee importantes reservas de litio, grafito, níquel, cobalto, cobre y es el mayor productor mundial de niobio, otro mineral estratégico para la industria aeroespacial, energética y de defensa. Esta combinación convierte al país en un actor central para el desarrollo de la transición energética global y la fabricación de tecnologías de próxima generación. Sin embargo, diversos economistas advierten que el verdadero desafío será construir una política industrial capaz de transformar esa riqueza mineral en desarrollo económico sostenible.
La creciente importancia de estos recursos también está modificando la política exterior brasileña. Tanto Estados Unidos, como Japón, Corea del Sur y varios países europeos intensificaron sus contactos con Brasil para explorar oportunidades de cooperación en minerales críticos. Paralelamente, el Gobierno brasileño ha manifestado que cualquier acuerdo internacional deberá contemplar procesamiento local, transferencia de tecnología, investigación científica y desarrollo industrial, evitando que el país se limite nuevamente a exportar recursos naturales sin generar valor agregado interno.
Para numerosos analistas internacionales, las tierras raras representan uno de los recursos más estratégicos del siglo XXI. La acelerada expansión de los vehículos eléctricos, la inteligencia artificial, las energías renovables, la industria aeroespacial y la defensa incrementará significativamente la demanda mundial durante las próximas décadas. En este contexto, Brasil dispone de una oportunidad histórica para convertirse en uno de los principales protagonistas de la nueva economía tecnológica, siempre que logre combinar inversión, innovación, sostenibilidad ambiental y desarrollo industrial. Las declaraciones del embajador japonés reflejan que esa oportunidad ya es reconocida por algunas de las economías más avanzadas del mundo y que la cooperación entre Brasil y Japón puede convertirse en uno de los pilares estratégicos de esa transformación.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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