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La entrada en vigor del Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y el MERCOSUR representa uno de los mayores avances comerciales alcanzados por Brasil en las últimas décadas. Sin embargo, detrás del optimismo generado por la apertura de un mercado de más de 700 millones de consumidores, economistas, empresarios y analistas advierten que el país enfrenta un complejo dilema: aprovechar las nuevas oportunidades para expandir sus exportaciones o quedar rezagado por problemas históricos de competitividad, infraestructura y productividad. Mientras el sector agroexportador celebra la eliminación gradual de barreras comerciales, parte de la industria manufacturera teme que la apertura acelere la competencia europea y exponga debilidades que durante años permanecieron protegidas por elevados aranceles.
El acuerdo establece una reducción progresiva de aranceles sobre alrededor del 90 % del comercio bilateral, creando una de las mayores áreas de libre comercio del mundo. Para Brasil, las perspectivas son especialmente favorables en sectores como carne bovina, aves, cerdo, soja, café, azúcar, celulosa, jugo de naranja, productos forestales y diversas manufacturas industriales. Estudios del Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA) estiman que las exportaciones agrícolas brasileñas hacia la Unión Europea podrían aumentar en más de 6.000 millones de dólares acumulados hasta 2040, impulsadas principalmente por la ampliación del acceso a uno de los mercados con mayor poder adquisitivo del planeta.
Sin embargo, el verdadero desafío comienza después de la firma del acuerdo. Brasil continúa enfrentando el llamado «Costo Brasil», un conjunto de factores que reducen la competitividad de sus empresas. Entre ellos se encuentran la elevada carga tributaria, la complejidad burocrática, los altos costos logísticos, la lentitud de algunos puertos, la deficiente infraestructura ferroviaria, los problemas en carreteras y la inseguridad jurídica que todavía afecta determinadas inversiones. Diversos economistas sostienen que, sin reformas estructurales, muchas empresas brasileñas podrían tener dificultades para competir con fabricantes europeos que operan en entornos regulatorios más eficientes y con menores costos financieros.
Uno de los principales beneficiarios será el agronegocio brasileño, considerado uno de los más competitivos del mundo. Brasil ya ocupa posiciones de liderazgo mundial en la exportación de soja, carne bovina, pollo, café, azúcar y celulosa, y la reducción de barreras comerciales permitirá ampliar aún más su presencia en Europa. No obstante, el acceso al mercado europeo estará condicionado al cumplimiento de estrictas normas sanitarias, ambientales y de trazabilidad, cada vez más exigentes. La Unión Europea mantiene elevados estándares relacionados con la sostenibilidad, el uso de agroquímicos, el bienestar animal y la lucha contra la deforestación, aspectos que exigirán inversiones adicionales por parte de numerosos productores brasileños.
Al mismo tiempo, la industria brasileña observa el acuerdo con mayor cautela. Fabricantes de automóviles, maquinaria, productos químicos, equipos industriales y bienes de alta tecnología advierten que la apertura gradual permitirá el ingreso de productos europeos con elevados niveles de innovación y productividad. Aunque la liberalización será progresiva durante varios años, especialistas consideran que numerosas empresas deberán invertir en automatización, digitalización, inteligencia artificial, capacitación laboral e innovación tecnológica para mantener su competitividad frente a competidores europeos. Para muchos analistas, el acuerdo actuará como un fuerte incentivo para modernizar el parque industrial brasileño, pero también aumentará la presión sobre los sectores menos eficientes.
El contexto internacional añade una dimensión geopolítica al debate. En un escenario marcado por las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, el fortalecimiento de los vínculos con la Unión Europea permite a Brasil diversificar sus mercados y reducir la dependencia de un número limitado de socios comerciales. Paralelamente, el Gobierno brasileño continúa impulsando negociaciones con Corea del Sur, Canadá, Reino Unido y otros mercados estratégicos, buscando consolidar al MERCOSUR como una plataforma internacional de comercio e inversiones. Esta estrategia responde a un entorno global donde la diversificación comercial se ha convertido en un factor clave para la estabilidad económica.
No obstante, el acuerdo sigue enfrentando resistencias dentro de Europa. Organizaciones agrícolas de Francia, Irlanda, Polonia y otros países sostienen que los productores sudamericanos podrían generar una competencia considerada desleal debido a diferencias regulatorias y ambientales. Las discusiones sobre deforestación, uso de hormonas en la producción animal, bienestar animal y estándares fitosanitarios continúan alimentando el debate político europeo y podrían influir en la aplicación práctica de algunas disposiciones del tratado. Por ello, Brasil deberá reforzar sus sistemas de certificación, control sanitario y sostenibilidad para consolidar la confianza de los consumidores europeos.
Más allá del comercio, el acuerdo también puede impulsar una nueva etapa de inversiones extranjeras directas. Empresas europeas observan oportunidades en sectores como energías renovables, hidrógeno verde, infraestructura, logística, economía digital, movilidad eléctrica, industria farmacéutica y tecnologías ambientales. Analistas financieros consideran que Brasil posee condiciones para convertirse en uno de los principales destinos de capital europeo en América Latina, siempre que logre mantener estabilidad macroeconómica, avanzar en reformas estructurales y ofrecer un entorno regulatorio previsible para los inversionistas.
Para numerosos especialistas, el acuerdo entre la Unión Europea y el MERCOSUR no garantiza automáticamente el crecimiento económico de Brasil. Su éxito dependerá de la capacidad del país para modernizar su infraestructura, aumentar la productividad, fortalecer la innovación y mejorar el ambiente de negocios. Si esas reformas acompañan la apertura comercial, Brasil podrá consolidar su posición como una de las principales potencias agroindustriales e industriales del hemisferio sur. De lo contrario, el acuerdo podría evidenciar con mayor claridad las limitaciones estructurales que desde hace décadas condicionan la competitividad de la mayor economía sudamericana.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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