
El principal socio comercial de la Argentina es Brasil. Esto es así porque desde la creación del Mercosur en 1991, ese país se ha mantenido como el principal destino de exportaciones argentinas y uno de los más importantes orígenes de sus importaciones, por delante de China y Estados Unidos, en el intercambio bilateral total. Durante el primer trimestre de este año, nuestro país exportó a Brasil 2.720 millones de dólares, e importó 3.534 millones, lo que arroja un intercambio bilateral de 6.254 millones en apenas tres meses.
Por eso es que desde hace décadas se resalta que la rivalidad entre ambos países se limita estrictamente a lo deportivo, sobre todo al fútbol. Está claro que más allá de la admiración que con toda lógica el argentino puede tener por el juego de nuestros vecinos, la eliminación de la “Verdeamarela” a manos de Noruega despertó alegría entre los hinchas argentinos. Una estricta cuestión de competencia.
Pero de un tiempo a esta parte –sorprendentemente- la enemistad ha embargado a ambos gobiernos. Sobre todo instigada por el argentino, que no deja pasar ninguna oportunidad para marcar diferencias con la gestión de Lula. De hecho, pocos minutos después de la eliminación brasileña a manos de la selección escandinaba, Javier Milei publicó un mensaje en su cuenta de X elogiando a Haaland, el autor de los dos goles del triunfo noruego, lo que fue tomado como un gesto de celebración del mandatario argentino.
Miren la firma del lado derecho que se acompaña con el número 9… Vikingo sos un gigante…
CC: @ErlingHaaland pic.twitter.com/VPnB9KXjpf
— Javier Milei (@JMilei) July 5, 2026
Aunque hay expresiones más graves que las referencias futbolísticas. Como el viaje que hará Milei el próximo 25 de julio a Brasil para participar del lanzamiento de la candidatura presidencial de Flavio Bolsonaro. Y por si eso no fuera poco, probablemente también se reúna en Brasilia con el expresidente Jair Bolsonaro, quien cumple una condena de 27 años por intento de golpe de Estado y conspiración para aferrarse al poder tras las elecciones de 2022.
Javier Milei, que como presidente nunca tuvo ni tendrá una bilateral con su par brasileño, replica con nuestros principales socios la mala relación que también mantiene con el jefe del gobierno español, Pedro Sánchez, cuyo país ha visitado desde que es presidente en seis oportunidades, reuniéndose siempre con figuras de la oposición derechista en aquel país. Aun cuando España es el segundo socio comercial europeo de la Argentina y el segundo mayor inversor externo en el país. La balanza comercial favorece consistentemente a la Argentina, con un intercambio anual promedio que supera los 1.500 millones de dólares.
Convengamos que el ideologismo en ese sentido no es exclusivo del líder libertario: Alberto Fernández viajó especialmente a Curitiba en julio de 2019 para visitar a Lula da Silva en su lugar de detención, aunque al menos entonces el argentino no era presidente, sino candidato presidencial. Como presidente, sí, brindó asilo al boliviano Evo Morales y lo acompañó personalmente en el regreso a su país en noviembre de 2020.
El presidente argentino le presta especial interés a su proyección internacional, y si bien sus seguidores sostienen enfáticamente que la misma redunda en beneficios directos para el país -usando el ejemplo de la ayuda norteamericana, consecuencia indiscutible de la relación personal con Donald Trump-, es por lo menos discutible que los premios en general ignotos que llevan a Milei a recorrer el mundo sirvan de mucho más que para alimentar su ego.
No es el caso de los viajes previstos para después de su incursión partidaria en Brasil. El mandatario argentino tiene programado ir a Perú y Colombia, para asistir a las asunciones de los presidentes de derecha electos en ambos países, como así también una visita a Ecuador para reunirse con el presidente Daniel Noboa. En este caso, la gira sudamericana tiene como objetivo potenciar su figura personal como líder de la derecha internacional.
Los casi 40 viajes internacionales realizados por Milei equiparan prácticamente la cantidad de visitas al interior que ha hecho durante su presidencia, aunque obviamente el plano internacional parece atraerle mucho más: acumula más de 120 días fuera del territorio argentino.
En ese contexto debe resaltarse la atracción que le merece la provincia de Tucumán, adonde fue el miércoles pasado, para asistir nuevamente a la celebración del Día de la Independencia desde el primer minuto del 9 de Julio, igual que en 2024. Coincidencia o no, esa provincia es gobernada por el primer mandatario peronista que el Presidente sumó como aliado: Osvaldo Jaldo, quien le garantiza al Gobierno 3 diputados y 2 senadores nacionales, un número para nada despreciable en tiempos de minorías parlamentarias.
Allí, en el albor de la fecha patria, Javier Milei tuvo su foto con los gobernadores. Sumó a 13 en esta oportunidad, más la vicegobernadora cordobesa. Menos que los 19 que reunió dos años atrás, cuando la cita tenía como motivo convocante la firma del Pacto de Mayo. Fue la vez en que los mandatarios se congelaron por el frío de esa noche tucumana, incluido el expresidente Mauricio Macri, a quien le pidieron especialmente asistir y ni siquiera fue invitado a ingresar a la Casa Histórica en el momento de la firma del pacto.
Al menos esta vez la temperatura no fue tan baja en el Jardín de la República, donde el Presidente expresó por cadena nacional un discurso que no incluyó nada de lo que no haya dicho ya. Para anuncios, hizo varios los últimos días, desvelado como parece por modificar la Carta Orgánica del Banco Central, institución que ha vuelto a poner en el centro de atención, aunque ya no hable de cerrarlo.
Sí quiere cerrar la administración federal para cuando el Congreso no le apruebe el Presupuesto. Algo que ocurrió dos veces en los tres años que lleva de mandato, en ambas por motu proprio, aunque se cansara de echarle la culpa a la oposición. Admirador de la política norteamericana, Milei ya ha dicho que quiere aplicar en la Argentina el sistema de “shutdown” que rige en Estados Unidos, consistente en el cierre parcial o total de la administración federal cuando el Congreso y el Ejecutivo no logran aprobar a tiempo las leyes de presupuesto que financian el funcionamiento del Gobierno.
En el país del Norte, cuando eso sucede se suspenden muchas actividades consideradas no esenciales del gobierno federal; cientos de miles de empleados públicos pueden ser enviados temporalmente a sus casas o seguir trabajando sin cobrar hasta que se resuelva el conflicto presupuestario; pueden cerrarse parques nacionales, museos y diversas oficinas federales; y se retrasan trámites administrativos y pagos relacionados con programas gubernamentales. En rigor, no todo el Estado se paraliza, ya que se mantienen los servicios considerados esenciales.
Ha sucedido con republicanos y demócratas, pero los casos más prolongados se registraron con Donald Trump: 35 días entre 2018 y 2019, primer mandato; y 43 días en 2025.
No se podría aplicar en la Argentina, porque cuando aquí no se aprueba el nuevo Presupuesto, el Poder Ejecutivo puede seguir utilizando el del año anterior, actualizado mediante distintas herramientas administrativas. De hecho, eso ocurrió varias veces los últimos años y el Estado siguió funcionando. Ahora bien, si Milei quisiera poner en vigencia aquí una medida de ese tipo, tendría que modificar por lo menos el artículo 27 de la Ley de Administración Financiera, que establece que si al inicio del año no se aprueba el Presupuesto General, rige automáticamente el presupuesto del año anterior. Y seguramente no la tendría tan fácil el oficialismo en el Congreso.
Un Congreso donde quiere retomar la centralidad el oficialismo, pero no las tiene sencillas en las leyes que más le interesan. La reforma electoral que propuso puede llegar a avanzar, menos lo que más le interesa de lo que incluyó allí: la eliminación de las PASO. Radicales y del Pro no quieren saber nada con su eliminación, y menos si la alternativa es un sistema de colectoras. Los números para aprobar su derogación hoy no están.
Tampoco, por ahora, la eliminación del régimen de Zonas Frías, que ya tiene media sanción de Diputados, pero también está trabada en el Senado. Y ya se sabe -y el primero en notarlo es el propio Gobierno– que lo que no consiga aprobar este año, más difícil le será en el que viene, año de elecciones.
Publicado por: Parlamentario
Fuente de esta noticia: https://www.parlamentario.com/2026/07/12/milei-profundiza-la-batalla-ideologica-mientras-se-estrella-con-sus-propios-limites/
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