
El Mundial de 2026 ingresó este viernes 10 de julio en una de sus etapas más decisivas con el inicio de los cuartos de final y una realidad deportiva que modifica completamente el panorama para Sudamérica: Argentina se convirtió en el último representante del Mercosur que permanece con posibilidades de luchar por el título mundial. Después de las eliminaciones de Brasil y Paraguay, la selección argentina continúa su camino en el torneo y deberá enfrentar el domingo a Suiza por un lugar entre los cuatro mejores equipos del planeta. La situación transforma el próximo compromiso de la Albiceleste en un acontecimiento que supera ampliamente las fronteras argentinas. Brasil llegó al Mundial con la responsabilidad histórica de representar a la única selección que conquistó cinco títulos mundiales, pero terminó eliminado por Noruega después de caer 2-1 en octavos de final. Paraguay, que había regresado a una Copa del Mundo después de una prolongada ausencia de dieciséis años, también quedó fuera de competencia tras perder por la mínima diferencia ante Francia. El resultado de esta sucesión de eliminaciones deja al Mercosur con una única bandera dentro de la competición y coloca sobre Argentina una presión adicional: defender la presencia de una región históricamente fundamental para el fútbol mundial. El escenario adquiere todavía mayor importancia porque la selección dirigida por Lionel Scaloni llegó al torneo como campeona vigente y con la responsabilidad de demostrar que el ciclo deportivo iniciado con la conquista de Catar 2022 todavía posee capacidad para competir en el máximo nivel internacional.
El camino argentino hasta los cuartos de final no estuvo libre de dificultades. La selección consiguió avanzar después de protagonizar un exigente partido ante Egipto, donde debió remontar el marcador para terminar imponiéndose por 3-2 y asegurar su clasificación. La victoria confirmó nuevamente una de las principales características del equipo argentino durante los últimos años: su capacidad para reaccionar en momentos adversos y mantener la competitividad incluso cuando los partidos no se desarrollan de acuerdo con sus planes iniciales. Ahora el desafío será diferente. Suiza alcanzó los cuartos de final después de superar a Colombia en una dramática definición por penales y llega al encuentro con la posibilidad de producir una de las grandes sorpresas del campeonato. Argentina deberá administrar la condición de favorita, la presión de defender el título y el desgaste acumulado durante una competición que ha mostrado un elevado nivel de exigencia. En los torneos de eliminación directa, los antecedentes históricos y el prestigio internacional pierden parte de su importancia cuando comienza el partido. Noventa minutos, una prórroga o una definición por penales pueden terminar en pocas horas con años de preparación y con las expectativas de millones de aficionados. La selección argentina conoce perfectamente esta realidad después de haber atravesado situaciones extremas durante la conquista del Mundial de Catar y deberá volver a demostrar capacidad emocional para continuar avanzando.
La eliminación de Brasil representa uno de los mayores golpes deportivos para el Mercosur durante esta Copa del Mundo. La selección brasileña llegó al torneo con expectativas renovadas, pero volvió a abandonar la competición antes de alcanzar las instancias finales que históricamente marcaron su trayectoria mundialista. La derrota ante Noruega generó decepción entre los aficionados brasileños y volvió a abrir el debate sobre el presente y el futuro de la principal potencia futbolística de la historia. Las imágenes de seguidores afectados por la eliminación contrastaron con las celebraciones noruegas después de alcanzar por primera vez los cuartos de final de una Copa del Mundo. Para Brasil, el resultado representa mucho más que una derrota deportiva. El fútbol forma parte de la identidad cultural del país y cada fracaso mundialista produce discusiones sobre formación de jugadores, organización deportiva, dirección técnica y capacidad para recuperar el protagonismo internacional. El Mercosur pierde con la eliminación brasileña a su representante históricamente más exitoso, pero el resultado también demuestra que las diferencias tradicionales entre las grandes potencias y las selecciones emergentes continúan reduciéndose. Noruega consiguió desafiar los pronósticos y eliminar al pentacampeón, confirmando que el Mundial de 2026 está produciendo transformaciones importantes dentro del equilibrio competitivo del fútbol internacional.
Paraguay también abandonó el torneo, pero su participación posee una dimensión diferente. Después de dieciséis años sin disputar una Copa del Mundo, el regreso de la Albirroja representó uno de los acontecimientos deportivos más importantes de los últimos años para la sociedad paraguaya. La selección consiguió avanzar hasta la fase eliminatoria y terminó perdiendo 1-0 frente a Francia en un encuentro disputado y marcado por una enorme intensidad. La eliminación produjo frustración, pero no elimina el significado histórico del regreso paraguayo al escenario mundialista. Durante años, Paraguay observó las principales competiciones internacionales desde fuera y atravesó diferentes procesos deportivos intentando recuperar la competitividad que caracterizó a generaciones anteriores. La participación en 2026 puede convertirse ahora en un punto de partida para construir un proyecto de mayor continuidad. El verdadero desafío para Paraguay será evitar que el regreso al Mundial represente un acontecimiento aislado y transformar la experiencia adquirida en una estructura capaz de mantener al país entre las selecciones competitivas de Sudamérica. La formación de nuevos jugadores, el fortalecimiento de los clubes, las divisiones juveniles y la continuidad de los proyectos técnicos serán fundamentales para determinar si el país consigue consolidar esta recuperación deportiva durante los próximos años.
La permanencia de Argentina como único representante del Mercosur también abre una discusión sobre el momento futbolístico de la región. Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia forman parte de un espacio sudamericano donde el fútbol posee una enorme importancia cultural, económica y social, pero los resultados internacionales muestran realidades profundamente diferentes entre sus selecciones. Argentina consiguió construir durante los últimos años un proyecto estable que combinó continuidad técnica, renovación de jugadores y una fuerte identidad colectiva. Brasil continúa buscando recuperar el equilibrio necesario para transformar su enorme talento individual en resultados deportivos consistentes. Paraguay intenta reconstruir su protagonismo internacional, mientras Uruguay y Bolivia enfrentan sus propios desafíos competitivos. El fútbol regional necesita analizar no solamente los resultados de las selecciones mayores, sino también la calidad de sus estructuras formativas, campeonatos nacionales, infraestructuras y modelos de administración. El éxito de una selección en una Copa del Mundo comienza muchos años antes del torneo, cuando los países deciden cuánto invertirán en la formación de jugadores, capacitación de entrenadores y desarrollo de competiciones juveniles. Argentina parece haber encontrado durante los últimos años una mayor continuidad en este proceso y los resultados obtenidos explican parte de su actual posición internacional.
El partido del domingo contra Suiza determinará finalmente si el Mercosur consigue mantener un representante entre las cuatro mejores selecciones del Mundial de 2026. Argentina jugará por su propio objetivo deportivo, pero inevitablemente llevará también el peso simbólico de representar a una región que comenzó el campeonato con grandes expectativas y ahora observa cómo sus posibilidades quedaron concentradas en una única selección. Para los aficionados argentinos, el objetivo continúa siendo defender el título conquistado cuatro años atrás. Para el resto de Sudamérica, el avance de la Albiceleste puede significar la continuidad de una tradición futbolística regional frente al crecimiento de selecciones europeas y de nuevos protagonistas internacionales. Sin embargo, el favoritismo deberá confirmarse dentro del campo. Suiza ya demostró capacidad para sobrevivir a partidos extremadamente difíciles y llegará al encuentro sin la misma presión histórica que acompaña a la campeona mundial. El domingo no estará en juego solamente una clasificación para las semifinales: Argentina tendrá la posibilidad de mantener viva la presencia del Mercosur en el torneo más importante del planeta. Después de las eliminaciones de Brasil y Paraguay, todas las miradas regionales se concentran ahora sobre la Albiceleste y sobre una pregunta que comenzará a responderse cuando el balón vuelva a rodar: ¿podrá la campeona vigente continuar defendiendo en soledad el protagonismo futbolístico del Mercosur?
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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