
El título del álbum remite a una imagen asociada a la pérdida o al derrumbe, pero para Cielo Ámbar la metáfora del naufragio responde más bien a la intensidad emocional y creativa que atraviesa el proceso de hacer música. La idea surgió a partir del sencillo homónimo, que acompaña el lanzamiento del disco y que, con una estética más oscura y melancólica, terminó dando nombre a todo el proyecto.
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“Utilizamos la metáfora para darle un título más teatral a la situación de contar historias que salen de ciertas catarsis, que al final pueden ser buenas o malas”, explica el bajista Hugo González, quien integra el grupo junto a junto a Racco Bazán en guitarra, Josemi Peralta en batería y Aslin Prieto en voz. En ese sentido, el naufragio aparece como una imagen que terminó condensando el espíritu del álbum.
Aunque “Crónicas de un naufragio” representa el primer larga duración de Cielo Ámbar, González reconoce que nunca existió un plan concreto para hacer un disco. El proyecto fue tomando forma a medida que avanzaban las grabaciones y se acumulaban nuevas canciones.
“No lo planeamos mucho, dejamos que se cocine a fuego lento”, señala el músico. Tras publicar varios sencillos durante el último año y recuperar incluso una nueva versión de “Viva”, una canción editada originalmente con la voz de Sol Pérez, el grupo terminó reuniendo ocho composiciones que conformaron naturalmente el álbum.
El proceso, sin embargo, también estuvo atravesado por la autoexigencia y el perfeccionismo. “Siempre terminé con dudas de si salió la mejor versión”, reconoce González. Aun así, asegura sentirse conforme con el resultado final de un trabajo que, más que responder a una planificación previa, fue encontrando su sentido a lo largo del camino.
Un disco sin etiquetas
Si bien Cielo Ámbar suele ser asociada al indie pop, “Crónicas de un naufragio” expande deliberadamente ese universo sonoro. A lo largo de sus ocho canciones aparecen elementos del rock, la electrónica e incluso sonidos más cercanos al house, en una búsqueda que, según la banda, no respondió a la intención consciente de desafiar géneros o expectativas.
“Realmente no pensamos en nada, directamente dejamos que las canciones fluyan como eran”, explica González. Reconoce que en etapas anteriores existía cierta tendencia a conducir las composiciones hacia un sonido que identificaran inmediatamente con Cielo Ámbar, pero que en esta ocasión decidieron abandonar esa lógica y permitir que cada tema encontrara su propia identidad.
El resultado es un álbum que transita por distintos registros y atmósferas. “Tenemos canciones súper rock, otras son indie y hay un tema que es directamente house”, comenta. Lejos de considerar esa diversidad como una contradicción, la banda la entiende como parte natural del proceso creativo. “No le pusimos ninguna etiqueta a nada”, afirma.
Esa apertura también modificó la manera en que conciben su propia identidad artística. Si antes la preocupación pasaba por construir un sonido reconocible, hoy consideran que la sorpresa puede convertirse en un valor. “Estábamos muy pendientes de que suene a Cielo Ámbar, pero si la gente escucha el disco y dice ‘esto es diferente, no me lo esperaba’, creo que está bueno también”, sostiene.
Para el grupo, ampliar el abanico sonoro no implica abandonar una esencia, sino asumir que las canciones pueden convertirse en puntos de encuentro con públicos diversos. En ese sentido, el disco funciona como una declaración de principios: un álbum que prescinde de las etiquetas rígidas y apuesta a que cada composición encuentre, por sí misma, el lugar al que quiere llegar.
La construcción de una identidad: la llegada de Aslin
El proceso de seis años que desembocó en el disco también estuvo marcado por transformaciones internas. Una de las más importantes fue la incorporación definitiva de Aslin Prieto como voz principal de Cielo Ámbar, un cambio que terminó de consolidar la identidad artística del proyecto.
En sus primeros años, el grupo trabajó con distintas voces femeninas invitadas. Sin embargo, a medida que surgía la necesidad de llevar las canciones al escenario y construir una propuesta más estable, apareció la búsqueda de una figura que representara plenamente a la banda.
“No es lo mismo tener un músico sesionista que colabore en distintos proyectos que contar con una cantante que te represente”, explica González. La incorporación de Prieto se consolidó en 2023, durante la producción del primer EP del grupo, y desde entonces pasó a formar parte integral del proyecto. “Para mí, ella es la voz que siempre quise que tenga Cielo Ámbar”, reconoce.
El músico considera que la presencia de Aslin permitió que la propuesta adquiriera una identidad más definida y una forma de trabajo más orgánica. “Después de que entró ella, todo empezó a tener más identidad, más forma”, señala González.
El vínculo entre la composición y la interpretación también se volvió más natural, generando una nueva dinámica en la construcción de las canciones. Incluso el proceso de escritura comenzó a transformarse, incorporando la sonoridad, el registro vocal y la sensibilidad interpretativa de Prieto como elementos centrales.
Para Cielo Ámbar, ese cambio representó un punto de inflexión. De esta manera, la llegada de la cantante terminó por redefinir el sonido y la personalidad artística de una banda que, mientras construía su primer álbum, también estaba descubriendo quién quería ser.

Hacer música independiente en Paraguay
La construcción del disco también estuvo atravesada por las condiciones propias de hacer música independiente en Paraguay. Para Cielo Ámbar, el tiempo que tomó concretar el álbum no solo respondió a una búsqueda artística, sino también a una transformación en las formas de producir y sostener un proyecto musical.
El bajista destaca que el acceso a nuevas tecnologías permitió modificar procesos que, años atrás, implicaban mayores costos y tiempos de producción. “Antes te tenías que meter a un estudio, gastar un montón de plata y hacer un proceso mucho más largo. Hoy hacemos todo en casa, con los equipos que tenemos”, explica González. Esa posibilidad, asegura, no solo redujo gastos, sino que también permitió trabajar con menos ansiedad y respetando sus propios tiempos creativos.
Aunque reconocen las diferencias presupuestarias con producciones internacionales de gran escala, consideran que el desarrollo tecnológico ha acortado significativamente las distancias en términos de calidad sonora. “Si comparás con muchas cosas que están sonando hoy en plataformas internacionales, estamos ahí”, sostiene.
La transformación de la industria musical también ha traído consigo nuevas exigencias. Si bien Cielo Ámbar asegura no haber construido su carrera bajo la presión de publicar constantemente, reconoce que la dinámica actual obliga a mantener una presencia permanente. “Si estás trabajando y no sacás material, la gente se olvida. Hay que estar constantemente generando contenido y movimiento”, afirma. Sin embargo, lejos de percibirlo únicamente como una obligación, considera que esa continuidad también resulta saludable para el crecimiento de los proyectos y abre oportunidades para participar en festivales y circuitos de difusión.

En ese sentido, la banda recuerda especialmente su participación en Rock al Puerto, donde compartió escenario con artistas nacionales e internacionales. Más allá de la magnitud del evento, sostienen que la filosofía con la que enfrentan cada presentación. “Nosotros siempre nos subimos a tocar como si fuera Lollapalooza”, asegura González. Para ellos, cada escenario representa la misma responsabilidad y el mismo compromiso artístico, independientemente de su escala.
La trayectoria de los integrantes, varios de ellos activos en la escena desde hace varias décadas, también les ha permitido observar las transformaciones generacionales que atraviesan actualmente a la música paraguaya. “Somos medio veteranos”, reconoce entre risas, aunque destaca con entusiasmo la aparición de nuevas comunidades y escenas alrededor de proyectos más jóvenes.
Para Cielo Ámbar, esta diversidad constituye uno de los principales rasgos de la música paraguaya contemporánea. Si décadas atrás la escena alternativa estaba concentrada en pocos géneros y referentes, hoy observan un panorama mucho más amplio y heterogéneo. “Antes la escena se limitaba a algunas estructuras. Ahora tenés bandas de indie, pop, música urbana, trap, hip hop y un montón de propuestas diferentes”, señala. Más que hablar de una escena “mejor” o “peor” que la de otras épocas, el músico prefiere destacar la amplitud de posibilidades existentes en la actualidad. “Creo que hoy tenemos muchos más estilos y opciones”, concluye.
El orgullo de publicar un álbum y lo que viene
En un contexto marcado por la lógica de los sencillos y la inmediatez de las plataformas digitales, la decisión de publicar un álbum completo adquiere para Cielo Ámbar un significado que trasciende lo estrictamente musical. Más que una meta comercial o una búsqueda de validación externa, “Crónicas de un naufragio” representa la concreción de un proceso colectivo y personal que llevó varios años de trabajo.
“Orgullo”, responde González cuando se le pregunta qué siente al ver finalmente publicado el primer disco de larga duración de la banda. “No es el orgullo de decir ‘hice un discazo’, es un orgullo de meta personal”, explica. En un momento en que gran parte de la industria musical privilegia el lanzamiento constante de sencillos, la publicación de un álbum adquiere, para ellos, un valor especial.
Aunque el lanzamiento del álbum marca el cierre de una etapa, para Cielo Ámbar también representa el inicio de una nueva. La banda aún tiene previsto continuar promoviendo el álbum con nuevos videoclips y la difusión de las canciones nuevas. Después de eso, el objetivo será volver a componer y seguir explorando nuevos caminos sonoros.
“Hay que pasar la página rápidamente y empezar a hacer más temas, mejorar nuestro sonido y aprender de los errores de este álbum para mejorar”, afirma González. La posibilidad de un segundo disco ya aparece en el horizonte, aunque reconoce que los tiempos dependerán, como siempre, de las condiciones de producción y de las posibilidades de sostener un proyecto independiente.

Para la banda, el principal desafío no es necesariamente grabar nuevas canciones, sino mantener todo lo que ocurre alrededor de ellas: la realización de videoclips, la promoción, la difusión y la búsqueda de apoyos económicos. “Lo que cuesta es sostener la parte de la promoción”, admite. Sin embargo, lejos de adoptar una mirada pesimista, prefiere observar el recorrido de la escena paraguaya con perspectiva histórica.
“La verdad es que si vemos cómo estábamos hace diez o veinte años, hoy estamos súper bien”, sostiene. Aunque, considera que todavía falta un mayor involucramiento del sector privado y más oportunidades de financiamiento para los proyectos independientes: “Las marcas hasta que no tengas 6.000.000 de vistas en un videoclip no te hacen caso”. No obstante, valora el crecimiento sostenido de la escena y la presencia cada vez más frecuente de artistas paraguayos en festivales y espacios de circulación.
Con “Crónicas de un naufragio”, Cielo Ámbar presenta más que un disco, sino también el resultado de un proceso de búsqueda, transformación y persistencia. Un trabajo que, como el propio naufragio que le da nombre, parece demostrar que incluso después de atravesar la incertidumbre siempre existe la posibilidad de encontrar una nueva dirección.
Publicado por: Mavi Martínez, ABC Color
Fuente de esta noticia: https://www.abc.com.py/espectaculos/musica/2026/07/02/cielo-ambar-y-el-camino-de-la-musica-independiente-las-marcas-no-te-hacen-caso-hasta-que-tengas-seis-millones-de-vistas-en-un-videoclip/
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