
Por Wolfgang Streich
Una humareda densa con aroma a almidón tostado, grasa de cerdo y queso Paraguay madurado ha comenzado a elevarse sobre los patios de colegios, comisiones vecinales, clubes sociales y plazas públicas de todo el territorio paraguayo. Aunque el calendario litúrgico tradicional fija rigurosamente la noche del 23 al 24 de junio como la fecha oficial para venerar a San Juan Bautista, el país experimenta este año una vibrante efervescencia anticipada. Una intrincada red de organizaciones civiles y vecinales ha decidido adelantar los fogones y los candiles para hacerlos coincidir con un estratégico puente vacacional que promete inyectar un fuerte dinamismo a la economía comunitaria y al turismo interno de la región.
La coincidencia en el calendario civil del país ha configurado el escenario perfecto para este estallido cultural. En conmemoración de la Jura de la Constitución Nacional de 1992, cuyo aniversario es el 20 de junio, el Poder Ejecutivo dispuso el traslado del feriado oficial al lunes 22 de junio. Esta decisión administrativa ha regalado a la ciudadanía un fin de semana largo de cuatro días consecutivos (del viernes 19 de noche al lunes 22). Lejos de desaprovechar la ocasión, la comunidad organizada ha decidido capitalizar estas jornadas tiñendo el invierno paraguayo con los colores encendidos, los ritos ancestrales y la inigualable gastronomía de su fiesta popular más masiva.
El banquete de la resistencia cultural
El San Juan ára (Día de San Juan, en guaraní) representa, por encima de todo, una manifestación culinaria de resistencia identitaria donde el maíz y la mandioca son los soberanos indiscutibles. En lugar de ceder espacio a la comida rápida contemporánea, las cantinas populares que se erigen este fin de semana largo redoblan su apuesta por las recetas tradicionales que han pasado de generación en generación, ofreciendo un menú robusto diseñado para contrarrestar el frío austral.
Entre las delicias más codiciadas se encuentra el mbeju, un disco crocante y tierno a la vez, elaborado a base de almidón de mandioca, abundante queso artesanal y grasa de cerdo, cocinado a fuego rápido sobre una sartén de hierro. A su lado, el infaltable chipa asador (o chipa kabure) envuelve cañas de tacuara que se giran pacientemente sobre las brasas abiertas hasta dorarse. El menú de la identidad se completa con el pajagua maskada (tortas fritas que combinan carne vacuna molida y puré espeso de mandioca con verdeo), el pastel mandi’o (empanadas con masa a base de mandioca), el chicharõ trenzado y los infaltables pasteles horneados como el chipa guazu y la sopa paraguaya.
Para las comisiones vecinales, adelantar estas ferias populares al inicio del feriado largo representa la oportunidad de recaudar fondos esenciales que sostendrán proyectos de infraestructura barrial y asistencia social durante el resto del año.
Desafiar al peligro: los juegos lúdicos del fuego y el azar
El alma del San Juan paraguayo reside en su profundo sincretismo cultural, donde las antiguas creencias paganas traídas por los colonizadores y misioneros se amalgamaron con la cosmovisión y la picardía de los nativos guaraníes. El fuego, elemento purificador por excelencia, es el gran protagonista a través de atracciones icónicas que despiertan risas, gritos y corridas colectivas:
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Judas Kai: Consiste en colgar y quemar un muñeco de trapo relleno de petardos que personifica, mediante la sátira popular, a figuras públicas cuestionadas o políticos corruptos, cuya explosión colectiva purga las frustraciones del barrio.
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Toro Candil: Una armazón de madera y lona con forma de toro, cuyos cuernos de trapo van empapados en combustible y encendidos. Un voluntario se coloca bajo la estructura y embiste a la multitud en la oscuridad.
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Pelota Tata: Una pelota de trapo compacta, embebida en querosén y encendida, que los jóvenes patean libremente entre la concurrencia, requiriendo gran velocidad para evitar quemaduras.
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Yvyra Syî (Palo enjabonado): Un alto tronco vertical untado por completo con grasa de cerdo. Los participantes compiten trepando individualmente o en pirámides humanas para alcanzar los premios que cuelgan de la cima.
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Juego de la paila: Una sartén tiznada de negro se cuelga a mediana altura con una moneda pegada en el centro mediante grasa; los participantes, con las manos atadas, deben despegarla usando solo la lengua, terminando con el rostro cubierto de hollín.
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Tata ari jehasa (Paso sobre las brasas): El místico acto de fe donde los promeseros caminan descalzos sobre un manto de carbones al rojo vivo a la medianoche.
Un imán cultural para el Mercosur
La riqueza de esta festividad ha trascendido las fronteras estrictas de las comunidades locales. Durante este puente festivo, los pasos fronterizos que conectan a Paraguay con las provincias argentinas de Formosa, Misiones y Corrientes, así como con los estados brasileños de Paraná y Mato Grosso do Sul, registran un incremento notable de visitantes que llegan atraídos por la autenticidad de una de las mayores celebraciones de la cultura popular sudamericana.
La Fiesta de San Juan en Paraguay demuestra que las tradiciones más antiguas no son piezas estáticas de exhibición. Al contrario, son manifestaciones vivas que demuestran una enorme plasticidad para adaptarse a la modernidad, aliándose con los feriados civiles para congregar a las familias y recordar que el calor del encuentro fraterno sigue vigente en el corazón del continente.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
WOLFGANG A. STREICH
Lic. en Periodismo - Lambaré, Paraguay
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