
La naturaleza suele encontrar caminos donde nadie los espera. A veces lo hace en bosques remotos, en arrecifes inexplorados o en rincones olvidados por el ser humano. Otras veces ocurre en lugares mucho más improbables: una playa artificial diseñada para atraer turistas. En las Islas Canarias, lo que comenzó como un proyecto de desarrollo costero terminó convirtiéndose en uno de los últimos refugios del tiburón ángel, una especie tan amenazada que hoy lucha por sobrevivir en un océano cada vez más transformado por la actividad humana.
Tiburón ángel: el habitante invisible de la arena
A diferencia de la imagen que suele asociarse con los tiburones, el tiburón ángel parece desafiar todas las expectativas. Su cuerpo aplanado recuerda más a una raya que a un depredador marino. Durante el día permanece inmóvil, oculto bajo la arena, esperando pacientemente el momento adecuado para alimentarse.
Este antiguo habitante del Atlántico oriental y el Mediterráneo ha desaparecido de gran parte de su distribución histórica. Décadas de pesca intensiva, alteración de los fondos marinos y pérdida de hábitat lo han llevado a ser catalogado como especie en peligro crítico de extinción. En muchos lugares donde alguna vez fue común, hoy apenas queda memoria de su existencia.
La historia detrás de la playa de Las Teresitas
Antes de convertirse en uno de los destinos más conocidos de Tenerife, Las Teresitas era una costa de arena volcánica negra y terreno rocoso expuesta al fuerte oleaje del Atlántico. Durante las décadas de 1950 y 1960, las autoridades locales impulsaron un proyecto para convertir la zona en un atractivo turístico de gran escala.

Las obras principales se desarrollaron entre finales de los años sesenta y principios de los setenta. Se construyó una escollera de casi un kilómetro de longitud para proteger la bahía y se trasladaron alrededor de 240 mil toneladas de arena procedente del Sahara Occidental. Gracias a esta intervención, nació una playa artificial de aproximadamente 1.3 kilómetros de largo que transformó por completo la imagen de la costa.
Cómo una intervención humana creó un santuario natural
Paradójicamente, las modificaciones realizadas para favorecer el turismo generaron condiciones ideales para el desarrollo de una especie amenazada. La construcción del rompeolas redujo la fuerza de las corrientes y creó aguas tranquilas y protegidas. Además, la presencia de arena fina ofreció un entorno perfecto para que los tiburones ángel pudieran enterrarse y desarrollar su comportamiento natural.

En 2016, investigaciones científicas confirmaron que Las Teresitas funcionaba como la primera área de cría conocida del tiburón ángel en Canarias. Las crías y ejemplares juveniles utilizan las zonas más someras de la playa, en ocasiones a menos de un metro de profundidad, donde encuentran alimento abundante y una menor presencia de depredadores. Este descubrimiento convirtió a la bahía en uno de los enclaves más importantes para la conservación de la especie.
La frágil convivencia entre humanos y vida silvestre
La presencia del tiburón ángel en una playa tan concurrida también revela la delicada relación entre los seres humanos y los ecosistemas que compartimos. Los ejemplares juveniles suelen permanecer enterrados a pocos centímetros bajo la arena, invisibles para los bañistas. Aunque no son animales agresivos, pueden resultar heridos cuando son pisados accidentalmente.

Algunos estudios han documentado deformaciones físicas asociadas a este tipo de encuentros. Paradójicamente, la misma playa que les ofrece refugio también puede convertirse en una fuente constante de perturbación. Esta situación ha impulsado campañas de sensibilización que buscan fomentar una convivencia respetuosa. Acciones tan simples como arrastrar suavemente los pies al entrar al agua ayudan a alertar a los animales y reducen el riesgo para ambas partes.
Una lección inesperada de la naturaleza
La historia de Las Teresitas desafía la idea de que las intervenciones humanas y la conservación siempre se encuentran en conflicto. Aunque innumerables ecosistemas han sido degradados por el desarrollo costero, este caso demuestra que la naturaleza conserva una extraordinaria capacidad de adaptación cuando encuentra las condiciones adecuadas.

Hoy, científicos y conservacionistas observan este rincón de Tenerife como un laboratorio natural y como un recordatorio de que incluso en escenarios profundamente modificados pueden surgir oportunidades para la vida. Bajo la arena dorada de una playa creada para el turismo, una especie al borde de la desaparición encontró un refugio inesperado. Quizá la verdadera lección sea que la naturaleza nunca deja de sorprendernos, incluso en los lugares donde creemos haberlo transformado todo.
Carolina Gutiérrez Argüelles
Fuente de esta noticia: https://ecoosfera.com/medio-ambiente/natura/tiburon-angel-playa-teresitas/
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