
A ciento treinta y dos días de las elecciones presidenciales de Brasil del 4 de octubre de 2026, el mundo del comercio internacional, la diplomacia regional y la integración latinoamericana está mirando hacia São Paulo y Brasilia con una atención que pocas veces se ha concentrado con tanta intensidad en una votación latinoamericana. Lo que está en juego no es solo la presidencia del país más grande de América del Sur: es el futuro de la política comercial del Mercosur, el compromiso ambiental que hizo posible el acuerdo con la UE, la posición de Brasil en BRICS, y la orientación geopolítica de una nación que controla el 93% de la producción mundial de niobio, las segundas mayores reservas de tierras raras del planeta y el 11% de las reservas mundiales de níquel. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva —que persigue un cuarto mandato no consecutivo en la elección del 4 de octubre— ha reposicionado a Brasil como un nodo central en el emergente orden mundial multipolar. El 9 de enero de 2026, los estados miembros de la Unión Europea aprobaron el Acuerdo de Asociación UE–Mercosur, un proceso de negociación de 25 años que culminó bajo el compromiso diplomático directo de Lula. El acuerdo crea una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo, cubriendo 718 millones de personas y un PIB combinado de aproximadamente 22,4 billones de dólares. La conexión entre el éxito diplomático del acuerdo Mercosur-UE y el capital político de Lula es directa e indesmentible: sin su regreso al poder en 2023 y su abandono de las políticas antiambientales del gobierno Bolsonaro, el acuerdo habría seguido durmiendo en los archivos de la Comisión Europea durante años adicionales. Prensa Mercosur
Como señala el Peterson Institute de Washington en un análisis publicado esta semana, el acuerdo Mercosur-UE, que llevaba décadas en negociación y estaba cercano a su conclusión, se volvió políticamente imposible de ratificar en los parlamentos europeos por las políticas antiambientales del gobierno Bolsonaro en la Amazonía. Las decisiones de inversión en infraestructura verde y minerales críticos que podrían haber anclado relaciones de suministro a largo plazo fueron diferidas o redirigidas. La voz de Brasil en la configuración de las reglas de la economía verde emergente fue silenciada en el momento exacto en que esas reglas estaban siendo escritas. El retorno del gobierno Lula al multilateralismo después de 2023 reparó parcialmente el daño, pero el problema más profundo persiste: el propio vaivén de política es la vulnerabilidad. Los socios e inversores no planifican en ciclos de cuatro años. Esta observación del PIIE es de una profundidad política que va más allá del debate electoral brasileño: identifica el mayor riesgo estructural del Mercosur como actor global, que no es ningún competidor externo ni ninguna crisis económica, sino la volatilidad política interna de sus propios miembros. Ibeconomia
El presidente Lula, de 80 años, encabeza las encuestas de primera vuelta con aproximadamente el 36–39% de los votos. Sin embargo, las simulaciones de segunda vuelta contra Tarcísio de Freitas muestran una carrera mucho más ajustada, dentro del margen de error, con 44% versus 39%. Su plataforma para 2026 se centra en: programas sociales como la expansión del Bolsa Família e iniciativas de vivienda; transición verde como el posicionamiento de Brasil como líder global en política climática; soberanía económica negociando contra las presiones comerciales de Estados Unidos; y liderazgo regional mediante el fortalecimiento de los lazos con el Mercosur y BRICS. Este cuádruple posicionamiento —social, verde, soberanista y regional— es exactamente el que más ha resonado en la diplomacia europea, donde la presidenta Von der Leyen y los cancilleres de los principales países de la UE lo identifican como la garantía política de que el Mercosur seguirá siendo un socio confiable en materia ambiental y de Estado de derecho. Prensa Mercosur
Desde la perspectiva del Eurasia Group, la decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos de declarar inelegible a Bolsonaro hasta 2030 ha eliminado la amenaza más directa para la continuidad del proyecto Lula en el Mercosur. Sin embargo, el surgimiento de Flávio Bolsonaro y especialmente de Tarcísio de Freitas como candidatos de la derecha que mantienen la mayoría de las posiciones ideológicas del ex presidente pero con un estilo más institucional plantea al Mercosur el escenario de un cambio de política sin la confrontación abierta de los años 2019–2022. Un presidente de Brasil como Tarcísio de Freitas —pragmático en economía, escéptico en política ambiental, prioritariamente alineado con Washington— no necesariamente sacaría a Brasil del Mercosur ni cancelaría el acuerdo con la UE, pero sí podría ralentizar su implementación, reducir el compromiso ambiental que los europeos exigen como condición política y reorientar la política comercial del bloque hacia una relación bilateral más estrecha con Estados Unidos. Para los socios del Mercosur y para la Comisión Europea, esa posibilidad es tan preocupante como la alternativa más radical, y es la que explica por qué el mundo está mirando las elecciones brasileñas de octubre con tanta atención. Prensa Mercosur
La decisión de Estados Unidos de imponer aranceles punitivos del 40% a las importaciones de Brasil en 2025 proporcionó una lección reveladora: la presión comercial estadounidense fortaleció en lugar de debilitar la posición política doméstica de Lula. Este resultado fue notado dentro de la administración Trump y contribuyó a una retirada parcial de los aranceles. La retirada de Estados Unidos también fue motivada por los abundantes depósitos de Brasil en minerales críticos y tierras raras. El deseo de la Casa Blanca de normalizar los lazos con Brasil está impulsado por el imperativo de reducir su dependencia de los minerales críticos chinos. Esta dinámica —en que la presión de Trump fortaleció electoralmente a Lula— es uno de los factores más paradójicos del año político brasileño, y explica por qué el Mercosur ha podido firmar simultáneamente acuerdos con Europa y mantener canales abiertos con Washington sin quedar atrapado en ninguno de los dos vértices de la polaridad global. Brasil es, en este momento, el único país de América del Sur capaz de hablar simultáneamente y con igual fluidez con Bruselas, Pekín y Washington. Si las elecciones de octubre cambian esa postura, el Mercosur perderá su actor más polivalente justo cuando más lo necesita. Ismercosur
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, originario de Goiás, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur y Director General de Radio Mercosur. Es miembro de la Asociación Brasileña de Prensa (ABI) y desarrolla su trayectoria en el periodismo internacional, el Mercosur, la integración regional, la geopolítica y los derechos humanos. Cuenta con un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y un Doctorado Honoris Causa.
También fue Director General del Comité Paraguay de la Cámara de Industria y Comercio del Mercosur y las Américas. Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México, recibido en 2021, y el reconocimiento como Amigo de la Niñez y la Adolescencia otorgado por Plan International Paraguay.
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