
En la escena final de Michael, vemos al Rey del Pop (interpretado en su etapa adulta por Jaafar Jackson, sobrino de Michael Jackson) interpretando la canción «Bad» (Malo) en un concierto celebrado en un estadio de Londres en 1988. Tras dedicar 130 minutos a presentar a la controvertida estrella del pop como una víctima, la película, que resulta notablemente evasiva, termina con Michael cantando «Who’s bad?» (¿Quién es malo?), seguido de un texto que simplemente dice: «Su historia continúa…».
¿Qué pretende el director Antoine Fuqua (Día de entrenamiento) al terminar la película con una reflexión moral («¿Quién es malo?») a modo de posdata, junto con el enigmático comentario de que la historia del cantante, fallecido hace tiempo, «continúa»? ¿Se refiere a que la «historia» de la personalidad de Jackson se vuelve mucho más oscura y perturbadora después de 1988 (cuando termina la película), pero que otra película tendrá que retratar ese capítulo (quizás la secuela que acaba de anunciarse)? ¿O se refiere a que la «historia» (en el sentido de narrativa cultural) de si Jackson —o cualquiera de nosotros— era una víctima o un villano está en constante evolución y se reevalúa con el tiempo?
Sea cual sea el significado que se le quiera dar a esta coda tan ambigua, no compensa en absoluto que la película eluda su responsabilidad moral. La película evita cualquier mención o insinuación de que Jackson utilizara su poderosa posición para captar y abusar de niños (una parte de su historia ampliamente atestiguada por muchos acusadores a lo largo de muchos años). En cambio, la película presenta a Michael como un talento generacional y una víctima inocente de un padre y representante dominante (Joe Jackson, interpretado con un tono monótono por Colman Domingo) que utilizó y abusó de Michael para obtener beneficios económicos.
Manteniendo oculta la oscuridad
El primer acto de la película sigue al joven Michael (Juliano Valdi) mientras él y sus hermanos alcanzan el estrellato como The Jackson 5. Desde el principio, Michael (clasificada PG-13) deja claro quién es el villano: el patriarca Joe, el Capitán Garfio del Peter Pan de Michael (una alusión torpe que se hace explícita en una escena). Joe azota al joven Michael con un cinturón y lo obliga a formar parte de la banda familiar, le guste o no.
Una película mejor habría retratado al artista de una forma más realista, aunque más triste
Es una vida solitaria. Michael —una superestrella infantil desde los once años— no tiene amigos «porque no [lo] tratan como a una persona real». En su lugar, confía en mascotas exóticas como ratas, llamas y su icónico chimpancé, «Bubbles». Si no fuera tan triste, lo extraño de las numerosas escenas en las que «Michael habla con los animales» serían graciosas. Pero la película lo utiliza para despertar la compasión, al igual que hace con la escena en la que Michael se somete a su primera operación de nariz (porque, como él dice, «tengo que ser perfecto»).
A medida que Michael crece, Joe sigue intentando explotar y controlar la floreciente carrera en solitario de su hijo. Pero Michael quiere ser él mismo, tomar sus propias decisiones empresariales y artísticas. La película lo presenta como un visionario cuyo genio creativo (especialmente en un montaje del proceso de composición de «Thriller») es trascendental y revolucionario.
Cuando su madre, Katherine (Nia Long), que crió a Michael en su fe como testigo de Jehová, le dice: «Jehová dice que dejes que tu luz brille», Michael parece tomárselo muy en serio. Dice que quiere «hacer brillar [su] luz, para difundir amor y alegría». Desea sanar el mundo y convertirlo en un lugar mejor. La película lo muestra a menudo en hospitales infantiles llevando juguetes a niños enfermos.
Sin embargo, como sabemos, Michael también convirtió el mundo en un lugar peor para los niños a los que captó y abusó. Aunque ya no se puede ver en ningún sitio (el patrimonio de Jackson luchó para retirarla de las plataformas de streaming), el documental de HBO ganador de un premio Emmy en 2019, Leaving Neverland, es una crónica brutal del abuso infantil sufrido por James Safechuck y Wade Robson durante muchos años. Son dos de los muchos que han dado un paso al frente. El mes pasado, el New York Times publicó un nuevo relato de abusos sexuales a menores por parte de cuatro hermanos que en su día fueron considerados la «segunda familia» de Jackson.
La luz de «Heal the World» (Sanar el mundo) de Michael traía consigo mucha oscuridad que permaneció oculta durante mucho tiempo. Michael opta por mantener esa oscuridad oculta, como si nunca hubiera salido a la luz. En cambio, la película se aferra a la temática del trauma y a los tópicos del «villano incomprendido», que están muy de moda.
Michael parece sugerir que, aun si el cantante se convirtió en un villano depredador a finales de los 80 y en los 90, fue solo porque su infancia traumática lo convirtió en eso. En lugar de un pecador culpable que elige el mal, Michael simplemente está destrozado, deformado, lleno de cicatrices (literalmente por un incidente con fuego) y bajo una maldición por las circunstancias. Como Cruella de Vil. O el Joker. O Elphaba.
En una escena, Michael le describe al productor Quincy Jones (Kendrick Sampson) que quiere que «Thriller» sea «puro escapismo». Así es como se siente Michael, como un escapismo de la realidad. Es una versión de la historia de Michael Jackson que desearíamos que fuera cierta.
¿Podemos separar el arte del artista?
Una biografía más matizada podría haber honrado el arte innovador del cantante, al tiempo que se alejaba del revisionismo hagiográfico. Una película mejor habría retratado al artista de una forma más realista, aunque más triste: sí, era un filántropo generoso que apoyaba numerosas organizaciones benéficas y defendía a los niños; sí, su música trajo (y trae) alegría a montones de oyentes. Pero también era —según sus acusadores— un violador en serie de niños.
Por supuesto, una película tan conflictiva no habría sido el enorme éxito de taquilla que es Michael. Lamentablemente, una película así nunca habría sido estrenada por un estudio de Hollywood importante. Todavía se puede ganar mucho dinero con una marca desinfectada de Michael Jackson.
Como declaró a Variety el director de Leaving Neverland, Dan Reed:
Jackson es un mito estadounidense, además de una persona real, por lo que se ha transformado en algo mucho más grande de lo que realmente fue. Cuando eso ocurre, ya no importa quién fuera esa persona, porque se ha transfigurado en algo que pertenece a la cultura. Él se ha convertido en parte de la imaginación colectiva, y la imaginación colectiva nunca puede incluir el hecho de que es un pedófilo. Simplemente no es posible… Esa no es una narrativa que la gente pueda retener en su mente.
La actual «cultura de las vibraciones, no de los argumentos» lucha por mantener en tensión verdades aparentemente contradictorias; por ejemplo, que los artistas a menudo crean obras impresionantes, incluso gloriosas, aunque sean personas monstruosas. La tensión se ha acentuado en la era del #MeToo, ya que las realidades del abuso entre creativos y famosos han llevado a cancelaciones. Pero es complicado.
¿Podemos seguir disfrutando de películas producidas por Harvey Weinstein o protagonizadas por Kevin Spacey? ¿Deberíamos dejar de cantar «Beat It» para siempre o dejar de aprender el baile de «Thriller»? ¿Está mal asistir al espectáculo del Cirque du Soleil Michael Jackson ONE, que tanto gusta al público, cuando se visita Las Vegas (una fuente de ingresos igualmente hagiográfica para el patrimonio de Jackson)?
¿Cómo interactuamos con la obra de artistas cuyo legado se ha visto, con razón, mancillado por su mal comportamiento? ¿Debería importar la moralidad de un artista a la hora de decidir si disfrutamos de su arte o cómo lo hacemos?
La verdad inquebrantable es lo que los cristianos deberían buscar, tanto como espectadores como creadores de cine
Estas antiguas preguntas se complican ahora aún más con la IA y la nueva duda de si realmente importa que las obras de arte (las canciones, por ejemplo) sean creadas por humanos. Algunos podrían verse tentados a considerar el arte creado por IA como una vía de escape del enredo que suponen estas cuestiones. ¿No sería más fácil si pudiéramos disfrutar de éxitos del nivel de «Thriller» sin preocuparnos de que nuestro deleite signifique un respaldo al ser humano moralmente imperfecto que hay detrás de ellos? Los robots pueden crear canciones pegadizas sin el bagaje de un escándalo sórdido.
Todas estas son preguntas complejas y preocupantes. Nuestros cerebros, agotados cognitivamente y sobreestimulados por las pantallas, tienden a evitar lidiar con ellas. Es más fácil ignorar la realidad de que existen documentales como Leaving Neverland. Es más fácil ver una película que es simplemente una experiencia de karaoke divertida y bien coreografiada.
La necesidad de una verdad inquebrantable
La verdad inquebrantable rara vez es tan lucrativa como un artículo sensacionalista, llamativo y optimista, que es lo que es Michael. Aun así, la verdad inquebrantable es lo que los cristianos deberían buscar, tanto como espectadores como creadores de cine.
Es inquietante escuchar a la hija del cantante, Paris, distanciarse públicamente de Michael. Ella dice que la película está llena de inexactitudes y mentiras, que «la narrativa está siendo controlada» y que «complace a un sector muy específico de los seguidores de [su] padre que aún vive en la fantasía». Paris continúa aclarando que no odia a su padre ni le guarda rencor; simplemente «prefiere la honestidad a las ventas y las ganancias económicas».
La honestidad por encima de las ganancias económicas. Este es un valor difícil, pero fundamental, al que todos deberíamos aspirar en mayor medida. Si no sacamos nada más de Michael, quizá sea este recordatorio. La verdad por encima del dinero. La verdad por encima del poder. La verdad por encima de las narrativas que desearíamos que fueran diferentes.
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.
Brett McCracken
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/evasion-moral-michael/
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