
Hay 829 manos estampadas en las paredes de un cañón patagónico que llevan más de once mil años esperando una explicación que la ciencia todavía no pudo dar de manera definitiva. El que llega no sale igual. Tampoco los arqueólogos que la estudian desde hace décadas.
En el noroeste de la provincia de Santa Cruz, al pie de un farallón que supera los 200 metros de altura sobre el cañadón del río Pinturas, existe uno de los lugares más enigmáticos de América del Sur y, en rigor, del mundo entero. La Cueva de las Manos —declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999 y Monumento Histórico Nacional desde 1993— contiene un conjunto de pinturas rupestres ejecutadas durante un período que va desde el año 9.300 antes del presente hasta el 1.300 AP: más de ocho mil años de producción artística ininterrumpida en un mismo sitio. Lo que hace de este lugar algo verdaderamente bizarro y todavía irresuelto para la comunidad científica no es solo su antigüedad, sino la magnitud de la pregunta que deja abierta: ¿qué significa exactamente esa lluvia de manos en negativo, algunas en positivo, muchas superpuestas, en colores que van del ocre al violáceo? Los arqueólogos han propuesto hipótesis —rituales de iniciación, registros de grupos de caza, marcas de identidad—, pero ninguna tiene el consenso pleno del campo científico. La cueva se niega a ser interpretada con facilidad, y eso, paradójicamente, es lo que más la hace brillar como destino turístico y como misterio cultural de primer orden.
Quienes la visitan relatan, con una regularidad que ya no sorprende a los guías, una sensación que no esperaban encontrar: la de ser observados. No de manera amenazante ni sobrenatural en el sentido clásico, sino como si las 829 manos registradas —un número mínimo, según los especialistas, pues muchas se encuentran superpuestas y son difíciles de contabilizar individualmente— siguieran al visitante con una presencia activa. El arqueólogo Carlos J. Aschero, quien lleva décadas estudiando el sitio para el CONICET y publicó análisis científicos clave en 2021 y 2023, ha señalado que la cueva no puede entenderse desde un único período cultural: las pinturas más antiguas, datadas por termoluminiscencia y radiocarbono, corresponden a los primeros grupos cazadores-recolectores que llegaron a la Patagonia, mientras que las más recientes fueron realizadas por pueblos tehuelches históricos, mucho más cercanos en el tiempo. El sitio es, en realidad, un palimpsesto de civilizaciones: una pared escrita y reescrita por culturas que no se conocieron entre sí pero eligieron el mismo lugar para dejar su huella.
La técnica utilizada para crear las manos en negativo es en sí misma uno de los primeros acertijos del sitio. Los artistas prehistóricos aplicaban el pigmento como aerosol, soplándolo a través de pequeños huesos huecos de animales, creando la silueta de la mano apoyada sobre la roca. Esa tecnología, casi idéntica a la aerografía moderna, fue desarrollada de manera independiente por pueblos que nunca tuvieron contacto con ninguna civilización del Viejo Mundo. Los colores utilizados —ocre amarillo (natrojarosita), verde (terra verde), varios tonos de rojo desde intenso hasta violáceo o anaranjado (hematina y maghemita)— son pigmentos naturales extraídos de la propia formación geológica circundante. Lo que asombra a los químicos es que algunos de estos pigmentos han resistido once mil años de viento patagónico, variaciones extremas de temperatura y la presencia creciente de turistas. Diversas campañas de preservación advierten que el sitio está en peligro: la mayoría de las cuevas rupestres de Argentina, incluyendo esta, enfrentan amenazas por erosión natural acelerada, impacto del turismo irresponsable y, hasta hace poco, actividad minera en las inmediaciones. Una ONG diseñó una reserva protegida para el área, y la Ley 25.743 de Protección Arqueológica y Paleontológica fue ampliada en su alcance. Pero el desafío persiste.
El Festival 2026 y el turismo del enigma
En febrero de 2026, los días 27 y 28, la localidad de Perito Moreno fue sede del Festival Nacional de la Cueva de las Manos, una celebración que combina folklore patagónico, artesanías locales y gastronomía regional con la experiencia de acercarse al sitio arqueológico. El evento, que atrae a turistas nacionales e internacionales, se consolidó como un referente en el calendario cultural de la Patagonia y como herramienta estratégica de promoción turística. Según el portal especializado Enigma360.tur.ar, que cubrió el festival, el encuentro no es solo espectáculo: es también un punto de encuentro comunitario donde productores, artesanos y emprendedores del sur argentino exhiben su trabajo. Las noches de espectáculo frente al paisaje patagónico —horizontes infinitos, cielos de estrellas sin contaminación lumínica— convierten a la Cueva de las Manos en algo más que un destino arqueológico: en una experiencia sensorial total, donde la historia, el misterio y la naturaleza se funden en un solo instante.
Para los visitantes que deseen ir más allá de la cueva principal, el portal GoPatagonic.es recomienda incluir en el recorrido el Alero Charcamata, redescubierto recientemente como destino turístico y descrito por el diario Turismo de Bolsillo en febrero de 2026 como «la otra Cueva de las Manos». Con más de 80 metros de boca y 30 metros de pared intervenida con pinturas milenarias, Charcamata ofrece una experiencia aún más primitiva y cruda: la llegada implica vadear el río Pinturas, cruzar el arroyo Charcamata en varias oportunidades, caminar entre formaciones rocosas imponentes y compartir el camino con guanacos, zorros y cóndores. No existe una única interpretación cerrada, advirtió el guía Claudio Figueroa al portal citado. Las preguntas siempre quedan abiertas. Y tal vez eso explique por qué, después de cruzar el arroyo y caminar entre gigantes de piedra, la sensación que queda al visitante es mucho mayor que la de haber visto pinturas rupestres. Es la de haber estado, por un instante, dentro del tiempo mismo.
«Al contemplar esas siluetas, podemos imaginar nuestra propia mano apoyada sobre la roca. Se trata de la huella de un ser humano real e individual que nos está tocando con su gesto realizado hace más de 11.000 años.»
— Universes.art, descripción de la Cueva de las Manos, citando la experiencia de visitantes contemporáneos
Lo que nadie sabe explicar todavía
Más allá de la grandiosidad artística, hay preguntas que siguen sin respuesta definitiva y que alimentan el misterio: ¿Por qué la inmensa mayoría de las manos son izquierdas? Según los análisis publicados, el porcentaje de manos derechas es llamativamente bajo, lo que sugeriría que los artistas sostenían el hueso-aerógrafo con la mano derecha y apoyaban la izquierda sobre la roca. Pero no explica por qué algunos registros muestran ambas manos del mismo individuo, o manos de tamaños que corresponden a niños muy pequeños. ¿Eran los niños parte de un ritual? ¿La cueva era un espacio de iniciación en el que los jóvenes debían dejar su marca? ¿Era simplemente el «libro de firmas» de una comunidad que regresaba año tras año siguiendo las manadas de guanacos? Ninguna de estas preguntas tiene una respuesta confirmada. La Cueva de las Manos es, en ese sentido, un libro abierto escrito en una lengua que aún no hemos aprendido a leer del todo. Y por eso, once mil años después, sigue siendo el destino turístico ancestral más poderoso y perturbador de toda la Argentina.
El hábitat que rodea al sitio arqueológico conserva las mismas especies zoológicas representadas en las pinturas hace aproximadamente 10.000 años. Los guanacos, zorros, choiques y cóndores que hoy acompañan al visitante en el camino hacia la cueva son los mismos animales que los tehuelches y sus antecesores inmortalizaron en las paredes del cañón. Esa continuidad ecológica es también parte del misterio: el lugar parece resistir el paso del tiempo no solo en sus pinturas, sino en su propia naturaleza. El portal UNESCO describe al sitio como «un ambiente particular, único y atípico tanto a nivel provincial como regional, que posee un gran valor para la conservación de los sistemas naturales de la Argentina». Para visitar la Cueva de las Manos, las entradas se reservan con anticipación a través del sitio oficial del Parque Provincial. Las visitas son guiadas y se realizan cada una hora. La cueva tiene 20 metros de profundidad, 10 metros de alto y 15 metros de ancho. Lo que te lleva de allí no tiene dimensiones posibles.
Foto: https://www.tiempoar.com.ar/
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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