El canciller brasileño Mauro Vieira confirmó que se convocará al Consejo del Mercado Común para examinar si el pacto de Buenos Aires con Washington viola las normas del bloque.
La firma del acuerdo bilateral de comercio e inversión entre Argentina y Estados Unidos, rubricada por el gobierno de Javier Milei en febrero de 2026, continúa generando tensiones dentro del Mercosur que se niegan a disiparse. El canciller brasileño Mauro Vieira confirmó que el bloque analizará el alcance del convenio en una reunión extraordinaria del Consejo del Mercado Común —el órgano integrado por los cancilleres y ministros de economía de los países miembros—, convocada por Paraguay para los próximos días. «Si contiene normas que contradicen la legislación y los entendimientos del Mercosur, tendrán que ser discutidas en el ámbito del bloque», declaró Vieira con firmeza ante los medios.
El meollo del problema es estructural: el Mercosur, desde su fundación en 1991, funciona como una unión aduanera con una política comercial conjunta que, en principio, prohíbe que sus miembros negocien de manera unilateral tratados de libre comercio con terceros países. El acuerdo con Washington incluye la reducción de aranceles para más de 1.675 productos argentinos, compromisos en materia de servicios, propiedad intelectual, economía digital, trabajo y medio ambiente, así como la ampliación de la cuota de carne bovina argentina en el mercado estadounidense hasta las 100.000 toneladas. Para la Cancillería argentina, no es un TLC sino un «acuerdo de concesiones recíprocas», y sus asesores jurídicos afirman que fue revisado legalmente antes de la firma.
Los diplomáticos brasileños consultados por medios porteños no comparten esa lectura apaciguadora. «Hubo una violación que debería motivar una convocatoria al Consejo del Mercosur», afirmaron fuentes de la Cancillería de Brasilia al diario La Política Online, aunque aclararon que no creen que la situación llegue a mayores. El precedente es claro: cuando Uruguay buscó un TLC con China durante el gobierno de Lacalle Pou, la presión del bloque lo frenó. Cuando Bolsonaro bajó unilateralmente el Arancel Externo Común, nadie dijo nada. La selectividad en la aplicación de las normas es un rasgo histórico del Mercosur que vuelve a quedar expuesto.
«Si el acuerdo con EEUU contiene normas que contradicen los entendimientos del Mercosur, tendrán que ser discutidas en el ámbito del bloque.»
— Mauro Vieira, Canciller de Brasil, Radio Perfil
El contexto geopolítico agrega capas de complejidad al análisis. El acuerdo con Estados Unidos fue negociado durante la guerra arancelaria de Trump, que redibujó las reglas del comercio global y obligó a decenas de países a buscar nuevos socios. Argentina presionó al Mercosur para obtener excepciones al Arancel Externo Común —cientos de productos fueron liberados— como condición para apoyar el acuerdo del bloque con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA). En ese contexto de debilitamiento del arancel común, el convenio con Washington aparece como el paso siguiente de una estrategia deliberada de apertura unilateral que Milei ha trazado desde el inicio de su mandato.
El senador nacional Gerardo Zamora presentó en Argentina un proyecto para crear una Comisión Especial de Seguimiento del Acuerdo Mercosur–UE en el Senado, iniciativa que revela las preocupaciones de la oposición sobre el impacto del tratado en las economías provinciales y las pequeñas y medianas empresas. La paradoja argentina resulta llamativa: el mismo gobierno que celebra el acuerdo con la UE como un triunfo histórico negocia en paralelo con Washington en términos que sus socios regionales cuestionan. El canciller Quirno insiste en que ambas agendas son compatibles; Brasil y Uruguay no están tan seguros. La reunión extraordinaria del Consejo del Mercado Común será el escenario donde se ventile esta tensión.
Para el Mercosur como bloque, el episodio plantea una pregunta existencial sobre su futuro: ¿puede sobrevivir como unión aduanera en un mundo donde los intereses nacionales de sus miembros divergen de manera creciente? La respuesta que emerja de las próximas reuniones definirá si el bloque avanza hacia una verdadera integración o si se consolida como un foro de coordinación laxa donde cada quien hace lo que puede. El debate interno, discreto pero intenso, no es menor al que ocurre en la escena global.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Periodista prensa mercosur
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