
Más de una vez me he cruzado con orientales ilustrados que interpretan el Artículo 3 de las Instrucciones del Año XIII –“Promoverá la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable”– como una invitación de Artigas a hacer del Uruguay un supermercado religioso. ¿Es eso lo que nuestro Prócer quiso decir?
A responder esta y otras preguntas contribuye el nuevo libro del P. Gabriel González Merlano, titulado La independencia de la Iglesia en el proceso revolucionario (1811-1830), que analiza en profundidad el papel de la religión católica en el proceso de formación de la identidad oriental.
El autor –miembro de número del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay– sostiene que no es posible comprender los sucesos de 1825 y la posterior creación de la república sin analizar el marco temporal que comienza en 1811 con la revolución artiguista. A lo largo de su obra, Gonález Merlano describe dos procesos paralelos y relacionados: el modo de entender la libertad religiosa y el camino hacia la autonomía de la Iglesia frente al poder extranjero.
Desde la época colonial, la Banda Oriental dependió de las sedes episcopales de Lima, Asunción y Buenos Aires. Al estallar la revolución en 1811, destacados curas orientales abrazaron la causa emancipadora. Figuras como Dámaso Antonio Larrañaga, Juan Francisco Larrobla, José Benito Lamas, entre otros, brindaron un cariz cristiano católico al nacimiento formal del Estado.
Ahora, bien… ¿qué quiso decir Artigas cuando ordenó “promover la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable”? Según González Merlano, su objetivo era defender la autonomía de la Iglesia oriental frente al centralismo porteño, y a sus intentos de instrumentalizar a la Iglesia y ponerla al servicio del poder civil. Artigas no pretendía desplazar al catolicismo, que era la fe del pueblo y la suya propia, sino evitar que la confesionalidad del Estado se interpretara como una restricción a las libertades individuales.
De hecho, el proceso independentista iniciado en 1825 por los Treinta y Tres Orientales tuvo un fuerte componente religioso. El 25 de agosto de 1825, el P. Larrobla estableció entre las leyes del nuevo Estado, la obligación de “sostener la Religión del País”, pues la fe católica era la que sus habitantes deseaban conservar libremente. Y el juramento del libertador Juan Antonio Lavalleja ante la imagen de la Virgen de los Treinta y Tres, consolidó a esta advocación como símbolo de la redención del pueblo oriental.
La Constitución de 1830, declaró en su artículo 5º que “la religión del Estado es la Católica Apostólica Romana”. Sin embargo, instauró un sistema jurisdiccionalista derivado del regalismo1, donde el Estado intervenía indebidamente en asuntos eclesiásticos mediante tres prerrogativas:
1. Derecho de patronato: el Estado se reservaba el derecho de proponer candidatos para cargos eclesiásticos.
2. Pase o exequatur: la necesidad de aprobación civil para los documentos pontificios.
3. Recursos de fuerza: la posibilidad de apelar ante tribunales civiles las sentencias eclesiásticas.
Este sistema, generó tensiones que marcaron las relaciones Iglesia-Estado durante el siglo XIX.
Paralelamente a la independencia política, la Iglesia en Uruguay buscó su autonomía espiritual de la diócesis de Buenos Aires. Este problema se zanjó en 1832, cuando el papa Gregorio XVI firmó un breve mediante el cual separó formalmente a Uruguay de la jurisdicción de Buenos Aires y nombró a Larrañaga como el primer vicario apostólico del Uruguay, dependiendo directamente de Roma.
El libro concluye destacando la labor del heroico clero patriota, compuesto mayoritariamente por sacerdotes seculares y criollos que sirvieron a la causa de la libertad con generosidad.
La obra de González Merlano documenta cómo la Iglesia católica, a pesar de sus debilidades estructurales y la escasez de recursos, fue una protagonista ineludible en el proceso de construcción del Estado uruguayo, logrando su propia independencia a la par de la nación. La figura de la Virgen de los Treinta y Tres permanece como el icono que hermana la fe con la historia de la independencia nacional y eclesial.
1 El regalismo fue una doctrina y práctica política desarrollada por monarquías católicas, principalmente entre los siglos XV y XVIII, que defendía la supremacía del rey sobre la Iglesia en asuntos administrativos y jurisdiccionales.
Alvaro Fernandez Texeira Nunes
Fuente de esta noticia: https://www.xn--lamaana-7za.uy/opinion/sobre-la-independencia-de-la-iglesia-en-uruguay/
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