
Imagen JEP
En una sala en Medellín marcada por años de silencio, dolor y espera, ocurrió una escena difícil de imaginar en un país que aún lidia con las heridas de uno de los capítulos más controvertidos de su historia reciente. Un exteniente del Ejército colombiano, hoy retirado, rompió en llanto y cayó de rodillas frente a dos mujeres que cargan con la ausencia de un ser querido asesinado en medio de las ejecuciones extrajudiciales que sacudieron al país durante la seguridad democrática del expresidente Álvaro Uribe Vélez.
La audiencia de la Jurisdicción Especial para la Paz avanzaba como tantas otras, centrada en esclarecer los llamados falsos positivos en el Oriente antioqueño, un fenómeno que durante años permaneció envuelto en versiones oficiales y que hoy es objeto de investigación judicial. Pero el ambiente cambió cuando Yésica Giraldo, acompañada por su abuela Rosalba Quintero, decidió dirigirse directamente a Andrés Mauricio Rosero Bravo, el oficial que reconoció haber ordenado la muerte de su familiar, John Darío Giraldo Quintero, en septiembre de 2003, en una zona rural de Cocorná.
No hubo confrontación. Tampoco reproches. En su lugar, llegó una declaración que dejó sin palabras a los presentes. Yésica habló con serenidad, reconociendo la dificultad del momento para ambas partes y afirmando que el perdón no borra el dolor, pero sí puede abrir un camino distinto. Dijo que, en nombre suyo y de su abuela, querían ofrecer un perdón real y sincero, acompañado de un abrazo, si él estaba dispuesto a recibirlo.
La respuesta fue inmediata. Rosero Bravo se quebró. Entre lágrimas, cayó de rodillas frente a ellas, en un gesto que condensó años de culpa, silencio y responsabilidad. Las dos mujeres lo abrazaron. No como un acto simbólico aislado, sino como parte de un proceso personal que, según explicaron, ha estado marcado por su búsqueda espiritual y por la necesidad de encontrar algún tipo de paz.
Durante la diligencia, la familia insistió en que el perdón está ligado a la verdad. Agradecieron al exmilitar por haber hablado de frente, por reconocer lo ocurrido y por contribuir a que otras familias puedan conocer lo que pasó con sus seres queridos. Para ellas, ese paso es fundamental en un país donde miles de casos aún esperan respuestas y donde la memoria sigue siendo un terreno en disputa.
El exteniente, visiblemente afectado, aseguró que su compromiso es seguir colaborando con la justicia y con las víctimas. Dijo que el hombre que cometió esos hechos no es el mismo que ahora busca reparar el daño, y prometió dedicar su vida a contribuir, en la medida de lo posible, a sanar el sufrimiento causado.
La escena no resolvió décadas de violencia ni cerró las heridas abiertas. Pero dejó una imagen poderosa: la de un país que, lejos de olvidar, intenta enfrentar uno de los capítulos más dolorosos de su historia para evitar que se repita.
“De parte de mi abuela y de parte mía, como muestra de nuestro perdón sincero, queremos brindarle un abrazo”, dijo Yésica Giraldo. Y, junto con su abuela Rosalba Angélica, abrazaron al compareciente Andrés Rosero, quien fue seleccionado como máximo responsables y ha reconocido… pic.twitter.com/MLRrqM7clM
— Jurisdicción Especial para la Paz (@JEP_Colombia) March 26, 2026
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN COLOMBIA
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